La agresión a una joven madre, a la que un grupo de jóvenes pintó esvásticas en el vientre al creer que era judía, desató ayer una condena unánime en Francia, donde los actos de antisemitismo y racismo han aumentado en los últimos meses.

"Horror", "espanto", "indignación" y "vergüenza" fueron algunas de las numerosas reacciones provocadas por "esta odiosa agresión", como la definió el presidente francés, Jacques Chirac, que pidió que sus autores sean "juzgados y condenados con severidad".

Un mujer de 23 años y su bebé de 13 meses fueron agredidos el pasado viernes en un tren de cercanías por un grupo de seis jóvenes, de entre 15 y 20 años, entre las estaciones de Louvres y Sarcelles, a las afueras de París, según fuentes policiales.

Tras arrancarle el bolso y registrarlo, los agresores, algunos de los cuales eran magrebíes, encontraron un carné de identidad con una dirección en el distrito 16 de la capital, donde "no hay más que judíos", explicaron las mismas fuentes.

Los jóvenes comenzaron entonces a empujarla e insultarla, le cortaron un mechón de pelo "como recuerdo" y, tras rajar su ropa con un cuchillo, le pintaron con un rotulador varias cruces gamadas en el vientre, mientras el resto de viajeros del vagón observaba la escena sin hacer nada.

Antes de huir precipitadamente, tiraron al suelo al bebé, que no resultó herido, al igual que la madre, quien denunció los hechos a la policía, que ya ha abierto una investigación.

La brutal agresión y la pasividad de los pasajeros despertaron la indignación de todo el mundo político, desde Chirac al Parlamento, pasando por los partidos, sin distinción de ideologías.

La Asamblea Nacional abrió ayer su sesión especial, destinada a continuar con el debate de la reforma de la Seguridad Social, con la repulsa de todos los diputados a "estos actos innobles", según su presidente, Jean-Louis Debré.

"Francia no puede aceptar pasivamente estas agresiones porque es el alma de nuestro país la que está en juego", dijo Debré, mientras el ministro de Sanidad, Philippe Douste-Blazy, alertó "en nombre del Gobierno" de las "consecuencias mortales del odio, el antisemitismo, el racismo y la xenofobia para nuestra democracia".

La agresión produjo una cascada de reacciones políticas, procedentes desde la gobernante UMP, que calificó la agresión de "barbarie", hasta la oposición socialista, que, como la centrista UDF, pidió al Gobierno "medios excepcionales para encontrar a los culpables".

El Partido Comunista llamó a "todos los demócratas" a reunirse a lo largo de la mañana de hoy en una una céntrica boca de metro parisino "para manifestar su rechazo a una sociedad de odio, división y violencia".