El proceso judicial al antiguo presidente iraquí Sadam Husein, que ha arrancado ayer en Bagdad, constituye una novedad en el mundo árabe: se trata de la primera vez en la historia contemporánea de Oriente Medio que un jefe de Estado árabe se sentará en el banquillo de los acusados.

"Nos hemos situado en el amanecer de una nueva era de nuestra historia. Y no sabemos si será un periodo de prosperidad o de humillación", resaltó a Al Yazira el director del conocido semanario egipcio Cairo Times, Salah Isa.

"Por lo que yo recuerdo, éste es el primer juicio a un dirigente árabe en la historia reciente e incluso diría más, en los pasados siglos", subrayó Mohamed Qadri Saeed, investigador del Centro egipcio Al-Aharam de Estudios Políticos y Estratégicos, uno de los más prestigiosos e independientes del mundo árabe.

"Hasta la fecha, los líderes árabes se mantenían en el poder hasta la muerte. Si eran derrocados, se les asesinaba o se les encarcelaba, pero nunca eran juzgados pese a las razones esgrimidas por los golpistas para acabar con sus Gobiernos", recalca Saeed, de 65 años.

Como ejemplo, el investigador recurrió a la agitada historia del Irak del siglo XX, escenario de varios golpes de Estado que derrocaron monarquías, instauraron repúblicas y tiñeron de sangre los escaños del poder.

El 14 de julio de 1958, un grupo de militares liderados por el oficial Abdelkarim Qassem, asesinaron al rey Faisal II, miembro de una rama de la familia real Hachemí que ahora rige en Jordania, y derrocaron el Gobierno pro occidental del primer ministro Nuri al-Saeed.

El propio Qassem fue víctima cinco años después de un golpe de Estado, y murió fusilado pocas horas después por una batallón de los insurrectos.

La última conspiración palaciega ocurrida en el mundo árabe se urdió en 1995, en Qatar, donde el actual emir, el jeque Hamad Bin Jalifa al-Zani, derrocó a su padre Hamad, a quien envió al exilio.

El anterior presidente sirio, Hafez el-Asad, padre del actual líder de ese país Bachar el-Asad, envió a la cárcel a su predecesor Nuredin Alattasi tras el golpe de Estado de 1969, y no lo liberó hasta 25 años después.