La borrasca Gloria permitió comprobar en el Mediterráneo el escenario anunciado para décadas tardías de este siglo. La pleamar en Benidorm, de hasta 50 cms, llevó el mar al paseo. | David Revenga

El nivel del mar sube y lo hace por el calor. Un calor que derrite glaciares y capas de hielo en Groenlandia, cuya agua se integra en océanos que también crecen por la expansión térmica. Un calor causado por la radiación solar que no abandona la atmósfera por la concentración de gases de efecto invernadero que la actividad humana ha disipado desde que tiene industria. Este es un hecho que no discute el 97% de científicos que consideran que existe un cambio climático causado por el hombre. El Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático de la ONU (IPCC en sus siglas inglesas) ha reunido y calculado las medias de los modelos de predicción más completos y ha establecido que si la temperatura global sube dos grados en 2050 el nivel del mar crecerá para entonces entre 30 y 40 centímetros. En este escenario, a finales de siglo alcanzará una altura media de entre 80 y 100 centímetros.

Escolleras, refuerzos en puertos y retranqueos de paseos marítimos son algunas medidas plausibles a corto plazo

No es esta amenaza lo que está en entredicho, sino las cuestiones sobre cuándo, cuánto y cómo. Y todas las respuestas a esas preguntas salpican a los 8.000 kilómetros de costa española, muchos de los cuales tendrán que adaptarse a un nuevo mar si no quieren desaparecer en las próximas décadas.

Subida observada y futura

Marta Marcos, profesora del departamento de Física de la Universidad de las Islas Baleares e investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea), afirma que «el mar está subiendo a escala global a un ritmo de aproximadamente 3,3 milímetros al año desde 1992», un aumento que empezó «al menos a principios del siglo XX y que se está acelerando desde 1970». La base de su afirmación está en esos modelos con que trabaja la investigación climática: cuando se simula la evolución de la climatología sin incluir el efecto de los gases no existe ese fino pero progresivo incremento del nivel del mar.

La altura del agua está muy controlada históricamente por la red de mareógrafos de tierra y desde hace años por mediciones de satélite, que establecen con gran precisión la distancia entre la superficie del mar y su posición en órbita. El subdirector de Geodesia y Cartografía del Instituto Geográfico Nacional, Marcelino Valdés, confirma el aumento milimétrico que expone Marcos. «Lo que nosotros hemos medido es que el mar ha subido algunos centímetros en 150 años», apunta antes de matizar que los datos «no son escandalosos».

El problema con esos centímetros está al pasar de la observación presente a la predicción futura. Es en ese ejercicio cuando se convierten en metros, debido a la relación comprobada entre aumento de temperatura, derretimiento del hielo, expansión térmica y subida del mar que establecen los modelos. Según Marcos, los escenarios de emisiones planteados por el IPCC y las predicciones que llevan aparejadas son «desgraciadamente» bastante realistas.

Algunos divulgadores utilizan la metáfora del congelador desenchufado que no pierde el hielo de golpe sino poco a poco para explicar la inercia térmica que afecta a las regiones polares y puede terminar fundiendo Groenlandia incluso en escenarios de emisiones muy bajas, si previamente ya se ha cruzado el punto de no retorno. En pro de la concienciación, para unos, y por alarmismo, para otros, se ha anunciado ya que la desaparición de la capa de hielo de Groenlandia puede elevar el nivel del mar 7 metros en los próximos siglos y que la desaparición de la Antártida puede traducirse en 56 metros más de subida si pensamos en milenios.

La investigadora del Imedea prefiere, no obstante, olvidarse de escenarios inescrutables que «no están claros» y hablar de futuro en años y en centímetros. Como explica Scott Kulp, científico computacional del organismo estadounidense especializado en divulgación climática Climate Central, las proyecciones están más de acuerdo más cuanto más a corto plazo se les pide respuesta. Así, la investigadora española se ciñe al siglo XXI que proyecta el Grupo: «El mar subirá unos 30 centímetros de media en todo el mundo en 2050, con variaciones del 30% según la zona. Hay 190 millones de personas expuestas que serán 650 millones a final de siglo», aclara. El Mediterráneo está en el promedio, asegura.

Iberia sumergida

Conscientes de ello o no, los habitantes de la costa valenciana, balear y catalana ya han visto cómo es el mar del futuro próximo. Inmersos en los fenómenos extremos que ha desplegado la borrasca Gloria, los habitantes del litoral este han viajado al 2050 al comprobar cómo apenas 30 centímetros de aumento del mar significa la desaparición de playas y tener la orilla en pleno paseo marítimo. Los vecinos de Gandía han estado en el año 2100 al sufrir hace una semana pleamar de 80 centímetros, olas gigantescas y una violencia marina más propia del Cantábrico que del Mediterráneo.

Aunque los científicos valoran el servicio divulgativo que prestan los populares mapas de subida del mar, algunos de ellos publicados por Google o Climate Central, piden tener en cuenta que sólo algunos países han cartografiado con precisión todo su litoral y que los resultados que ofrecen tienen un margen de error importante. Marcos cree que son ilustrativos hasta subidas de un metro, capaces de anegar playas y afectar a los puertos, pero que es irreal imaginar completamente inundados el centro de Málaga, la Ría de Bilbao, un tercio del cauce del Turia en Valencia o toda la fachada marítima de Barcelona con cinco o seis metros de agua.

"El mar sube a escala global desde principios del siglo XX, más rápido desde los 70 y a un ritmo de 3,3 mm al año desde 1992. En 2050 subirá 30 cms más de media"

Jorge Guillén, geólogo marino del Instituto de Ciencias del Mar-CSIC de Barcelona, señala el Mediterráneo como la zona más vulnerable de la Península en escenarios de hasta un metro de crecida. «La marea del Cantábrico cambia cada día varios metros sin que afecte mucho a las poblaciones, pero en el litoral levantino las playas son más planas y están menos protegidas», señala. Pone como ejemplo de esta vulnerabilidad el hecho de que la subida puntual de la borrasca «ha devorado decenas de metros de playa en Barcelona». En Benidorm, con 50 centímetros de subida recogidos por el mareógrafo de Alicante, el agua llegó al malecón urbano. Las playas recogidas y con sedimento sobrevivirán, pero Guillén cree que «es esperable el retroceso de las playas abiertas». El turismo debe tomar nota.

"Las costas del Cantábrico están más protegidas, pero parece inevitable el retroceso de las playas abiertas del Mediterráneo"

Ante esta situación, el geólogo e investigador cree que será necesario combinar medidas naturales y artificiales para defender la costa. Apuesta por badenes de posidonia que frenen la fuerza de las olas, así como por mejorar la gestión de las cuencas hidrográficas para que los ríos arrastren más sedimento al litoral y sirva de refuerzo a las playas.

Menos deseable pero inevitables en algunos puntos es la redimensión de las ciudades: «Hablamos de elevar y mejorar infraestructuras como puertos, retranquear la primera línea e incluso ceder terreno al mar», admite. El cambio climático promete que, si hay turismo en el futuro, será sin playa en muchos lugares.

Ciudades costeras españolas en el año 2100
Gijón

Un metro más de agua, ni playas ni puerto

La herramienta de Google Earth para visualizar escenarios de subida del mar según temperaturas deja a Gijón sin las playas de San Lorenzo y Poniente y sin puerto si el mar sube un metro.

Valencia

El mar se traga la Albufera

Los espacios naturales a nivel del mar como Doñana, la Manga del Mar Menor, el Delta del Ebro o la Albufera de Valencia corren enorme riesgo de desaparecer según Jorgé Guillén del ICM-CSIC a finales de siglo.

Vigo

El mar empieza en segunda línea

La simulación de Google Earth hunde toda la cota inferior a un metro del puerto vigués hasta llevar el agua a la Rúa Carral. Sólo las plantas altas del club náutico permanecen secas.

Málaga

El Muelle Uno, sumergido

El flamante Muelle Uno del puerto malagueño y la playa de Huelin desaparecen bajo el agua con alrededor de 80 centímetros de subia del nivel del mar.

Bilbao

Más Cantábrico por la Ría

Las proyecciones de Climate Central comprometen el estuario bilbaíno, las infraestructuras portuarias de Portugalete y Santurtzi y llevan el mar hasta las márgenes urbanas de la Ría.





Las ciudades de costa tendrán más inundaciones y más graves en los próximos 50 años

Scott Kulp
ANÁLISIS - Scott Kulp
Informático teórico de Climate Central
Redacción: Joan Lluís Ferrer (coordinador), Luis Mario Arce, Francisco José Benito y Minerva Mínguez. - Diseño y maquetación: Javier Caldito
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