«No se trata de hacer proyectos cuyo fin sea un producto final bonito, vistoso y espectacular simplemente. El fin es educar a la persona en su integridad y dotarle de recursos para que se desenvuelva bien en su vida real en el futuro. Si la competencia es la capacidad que tiene una persona para manejar todos los recursos posibles para responder a retos y solucionar problemas reales, la escuela tiene que ser un espacio de aprehender los medios (conocimientos, habilidades, destrezas, actitudes y valores) que necesitará en el futuro. 

Estas necesidades se definen en el perfil de salida del alumnado e implican que sepa comunicarse (verbal, no verbal y digitalmente), que sepa aprender y pensar (aprendizaje continuo y pensamiento crítico), que sepa relacionarse, que aprenda a ser (conocerse a sí mismo, tener pensamiento propio) y que sepa emprender (tener iniciativa y actuar, comprometerse en la construcción de un mundo más justo y solidario). Además, debe tener adquiridas las competencias disciplinares lingüísticas, matemáticas, científicas, tecnológicas, sociales y cívicas, artísticas y motrices.

En definitiva, el enfoque competencial supone trabajar de manera interdisciplinar las áreas, relacionando los contenidos de las mismas entre sí, para lograr los objetivos y desarrollar las competencias anteriormente citadas.

Sin embargo, para ser competente es necesario que el alumnado tenga adquiridos los aprendizajes básicos necesarios para la construcción de futuros aprendizajes, que nosotros trabajamos en el ámbito de seminarios. No se puede ser competente sin conocimiento. La información no es en sí misma conocimiento. Es necesario integrarlo, hacerlo suyo, y la manera adecuada es experimentarlo y ponerlo en práctica. Para eso utilizamos los talleres (experimentación de dimensiones personales) y proyectos (resolución de problemas).

Por eso, nuestro día a día tiene que ofrecer un contexto idóneo para responder a los retos, aprendiendo a trabajar y relacionarse de manera conjunta, asumiendo diferentes roles, haciéndose consciente de su proceso de aprendizaje, comunicando y celebrando sus logros. Debemos ofrecerle la posibilidad de encontrar su singularidad como persona para descubrirse único, expresar sus opiniones y sentimientos con libertad, y sentirse capaz. En definitiva, entrenarse para la vida