27 de mayo de 2019
27.05.2019

Más Pacto de Progreso

El tirón del PSOE de Francina Armengol compensa los retrocesos de Podemos y Més, para repetir la mayoría absoluta de la izquierda frente al peor resultado histórico del PP Palma - El consistorio palmesano se decide por la mínima de quince a catorce para los progresistas, con notoria ventaja de José Hila sobre sus socios del pasado mandato

27.05.2019 | 03:50

El Pacto de Progreso repetirá Govern al tercer intento. Las derrotas colectivas de la izquierda en 2003 y 2011 se corrigieron ayer con la primera reedición de una mayoría progresista en la historia de Balears. La musculatura del PSOE de Pedro Sánchez, que el ecosoberanista Antoni Noguera llama "inercia", se ha transmitido a sus huestes regionales. Los socialistas se colocan al frente del marcador autonómico por primera vez en su historia. Rompen así la hegemonía del PP, líder regional indiscutido desde los 298 votos que Gabriel Cañellas le arrancó a Félix Pons en 1983.

La primera victoria parcial del PSOE en unas elecciones autonómicas se convierte asimismo en el primer triunfo personal de Francina Armengol en su dilatada trayectoria política. La presidenta depende de las negociaciones con sus socios de izquierda para convertirse en el primer inquilino del Consolat que repite mandato desde 1991, y en aquella ocasión debería anotarse la salvedad de que el PP se presentó a los comicios coaligado con Unió Mallorquina.

Si Armengol desea encarrilar su segunda legislatura consecutiva, porque su correligionario Francesc Antich necesitó cuatro años en barbecho antes de recuperar el cargo, deberá acomodar en el ejecutivo regional a Més y a Podemos, puesto que ambos partidos han manifestado su intención de compartir labores ejecutivas. Los apoyos parlamentarios han dado paso a los Governs de inmersión.

La euforia del PSOE es lógica porque no solo mantiene sus quince diputados (con el escaño de Formentera, donde los socialistas no compiten con Gent) de 2015, sino que dispara esa cifra a 20. Sin embargo, esta subida contrasta con el estancamiento a la baja de Més (4+2) y Podemos (6), con una pérdida conjunta de siete escaños. Se confirma así el funcionamiento de vasos comunicantes en los bloques, así como el vampirismo que el partido mayor ejerce sobre sus socios menores en las alianzas políticas.

La izquierda no alcanza los 34 diputados de 2015, pero con 32 se ve beneficiada por el mayor descalabro de la historia del PP. Sus 35 diputados vigentes hace cuatro años se redujeron a veinte en los penúltimos comicios, y ayer experimentaron una contracción adicional a 16 que colocan a los populares de Biel Company en marcas inimaginables, dada la leyenda de un partido que presumía de todopoderoso. Las diferencias porcentuales en diferentes circunscripciones sellan un cambio de época, solo en Eivissa se imponen claramente los populares.

Armengol no solo ha liderado una victoria sorprendente en su particular duelo con los populares. También se ha independizado de sus compañeros progresistas. Cuatro años atrás, Més y Podemos sumaban 19 diputados, hasta el punto de que disputaron tímidamente la figura que debía acceder al trono autonómico. Las elecciones de ayer proclaman a la única presidenta posible a la izquierda, al margen de los trofeos que deba ceder en las negociaciones "no gratuitas", otra vez Noguera.

Palma ha cumplido con la tradición de escorarse más a la derecha que el conjunto de Balears. La alcaldía de la capital se ha decidido por la mínima, el 15 a 14 de las confrontaciones de infarto. De nuevo, con una inclinación hacia la izquierda y también con el PSOE en vanguardia. La asignación de votos por orientación ideológica demuestra que la derecha paga el fraccionamiento en tres partidos con resultados en el mismo rango. Esta observación debe complementarse con la evidencia de que las fuerzas progresistas están sometidas a una fragmentación similar.

Mateo Isern no ha enmendado en Cort la línea descendente del PP en toda España. No es el culpable de la tendencia ni el salvador de su partido. La irrupción de Vox es muy meritoria, aunque la figura del teniente general Fulgencio Coll disparó las especulaciones sobre una entrada al galope de la ultraderecha moderada. El excelente resultado del socialista José Hila no guarda relación alguna con su relativo carisma, pero este déficit golpea con más fuerza la escasa valoración ciudadana de la gestión de Noguera.

La diferencia fundamental entre las victorias progresistas en el Govern y en Cort se cifra en la identidad de los beneficiarios individuales. Armengol no necesita mudar sus enseres del Consolat ni metafóricamente, pero Hila abandonó el despacho de la alcaldía hace dos años, y ahora puede reclamar su restauración durante los cuatro años de mandato.

Antes del estallido de Vox, se auguraba que El Pi de Jaume Font sería imprescindible en las tres instituciones mallorquinas más relevantes. Sin embargo, el segundo hundimiento del PP y el amanecer dorado del neofranquismo han cercenado las expectativas de los regionalistas del antiguo alcalde y conseller.

En feroz cumplimiento de una maldición atávica, El Pi ni siquiera ha entrado en Cort, una amputación que dificulta de entrada su arbitraje. La implantación notable en la Part Forana acrecienta su papel en el Consell de Mallorca, pero no le permite fabricar la presidencia de dicha institución. Los tres diputados del orador más veterano del Parlament suenan a escaso premio para sus expectativas, porque lidera el único partido de derechas que no se ha beneficiado del declive de los populares.

El único consuelo del PP se encuentra en el Consell ibicenco, que gobernarán salvo que Ciudadanos decida lo contrario. Es superfluo precisar que la lista ibicenca no solo permanecía ajena a Company, sino que se enfrentó abiertamente a la presidencia regional de los populares. El peso decisivo que el mecanismo electoral concede a Menorca resalta su ubicación como la isla más progresista de Balears, una categoría que ya había sellado en las generales de abril.

El protagonismo del renacer socialista en Balears no es una cuestión retórica. A la hora de dilucidar el tirón comparado de Armengol y Pedro Sánchez, basta observar la diferencia en el ámbito regional entre los resultados de PSOE y PP, comparada con la brecha que el presidente del gobierno ha abierto respecto de sus perseguidores en las europeas.

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