11 de mayo de 2019
11.05.2019
De Safari

"Señor Mateo, le esperamos"

Cerca de 650 personas de entidades palmesanas de 'gent gran' compartieron ayer mesa y 'arròs brut' para exhibir su lealtad al partido conservador sin el entusiasmo de antaño

11.05.2019 | 00:30
"Señor Mateo, le esperamos"

El Partido Popular da el 'sus' a la campaña electoral a manteles. Recurriendo a un plato que desde el cañellismo les ha reportado grandes beneficios en las urnas: el arròs brut. La cita es en Es Molí d'es Comte con cerca de 650 personas mayores provenientes de 30 entidades de la tercera edad, 20 asociaciones vecinales y media docena de clubs sociales de Palma.

Ocho buses descargan frente a uno de los grandes salones del restaurante, equipado con una tarima, un atril con micro y decorado con el logo de los conservadores. Desfilan hasta encontrar su mesa: tienen práctica, buscan el nombre de su barrio y toman asiento, posiblemente en la misma silla de plástico que el año pasado. Pican coca de trempó. En este acto, no hay porcella. "Creo que la sirven en otro mitin", puntualiza un señor.

Los primeros rostros populares que van a la caza del saludo son Catalina Cirer y Marga Durán. A una distancia de varios metros, en los exteriores del establecimiento, brilla el candidato a la alcaldía de Palma Mateo Isern. Se acerca a los chóferes de los autocares: habla atento con cada uno de ellos, como si en ese momento fueran las personas más importantes del mundo. El día está claro, primavera feliz. Le espera para estrecharle la mano el presidente de la Asociación de Vecinos de Cala Mayor y San Agustín, Antonio Marí. "Nos llaman y siempre venimos. Hay que estar bien con todos los partidos políticos. Nosotros vamos a todos lados", confiesa. "Una asociación no debe casarse con nadie, debe luchar por los problemas del barrio", aclara.

El último que aterriza en el festín es el candidato al Govern Biel Company, escoltado por Llorenç Galmés (aspirante al Consell) y la eurodiputada Rosa Estaràs. Trío compacto que cabalga entre las mesas, buscando cariño y coraje.

Cerca del escenario, hay un grupo de amigas que viene del Pil·larí. "Somos del PP. Lo que queremos es que todo se componga y que se preocupen por la gente mayor", explican. "Si se puede, que nos suban un poco la pensión. Y que en el barrio nos pongan más médicos, que sólo hay uno. Y un pediatra, escríbelo", solicitan.

Victoria Merino, de 72 años, pide el turno. "Yo quiero que arreglen nuestras calles. Ya me he caído dos veces", se queja al tiempo que exhibe su pierna lesionada. "Mira, yo soy franquista. Mi padre murió con 47 años de una angina de pecho. Dejó a mi madre con 12 niños. Franco le dio un piso a mi madre, con escritura y todo. No puedo hablar mal de él", exclama. "El que no me gusta nada es ese Sánchez, me pone mala: lo veo y quito la tele". A su vera, una elegante señora saca del bolso el carné de afiliada. "Yo soy del PP desde la época de Fraga". Se llama María Cristina (no quiere revelar su apellido), es extranjera, residente en Mallorca desde el año 67. "Mi marido era de Blas Piñar". Pese a votar a los conservadores, les afea ciertas actitudes. "El fallo de este partido es que ha dado la espalda a la calle y se han ido demasiado con la gente rica", opina.

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Los bafles escupen la melodía épica de la formación. Los políticos se preparan para sus discursos y los cocineros para echar el arroz al caldo.

El preludio de Miquel Obrador, de la Federación de Vecinos Ciutat de Palma, es sólo el calentamiento. Arranca en catalán. Le reprenden: "En castellano, por favor". Corrige. "Queremos que el PP vuelva con las mismas tradiciones y el mismo cariño". "Queremos reivindicar nuestra lengua, jo som padrí, no som avi", matiza. "No me gusta que el Ayuntamiento cierre las puertas cuando pasa la procesión del Corpus Christi. Somos católicos". "Señor Mateo, le esperamos". Aplausos. Y más aplausos. Hay quórum entre los fieles.

Isern enfila un parlamento adulador con los mayores y se saca de las chistera algunas promesas: "se acabó bajar los trastos a la calle" y anunció la creación de una ventanilla única en el Ayuntamiento para la gent gran. Los otros ítems: garantizar una Palma limpia, fina y segura. El punto final, elevando el tono guerrero, no lo llevaba preparado: no concretó ninguna medida. Una mujer le interpeló sobre la okupación de los pisos. "Los okupas, a la calle. Las viviendas son de los propietarios. Haremos lo necesario para que este problema se acabe".

Antes de empezar, Company calmó al auditorio (y al cocinero) advirtiendo de la brevedad de su conferencia. " No s'ha de refredar, la comida está a punto de salir". Abundó en la idea de mejorar la economía para asegurar las pensiones. "Cuando gobierna la izquierda, los números van mal. Zapatero congeló las pensiones. Nosotros las empezamos a subir". Prometió trabajar en la atención sanitaria y anunció que si ganan las elecciones se crearán 900 plazas nuevas en residencias para mayores. "Eliminaremos el impuesto de sucesiones y la sanidad bucodental será gratuita".

Company: "Tenemos dos lenguas"


El conflicto lingüístico, ese latiguillo electoralista del PP, lo despachó Company con una aclaración, por si a alguien le había quedado alguna duda: "Tenemos dos lenguas, castellano y mallorquín. Mallorquín de Mallorca, que es lo que hablamos aquí". Fin de la cita. No quedó claro si los escasos aplausos recibidos se debieron a los calderos humeantes que empezaron a circular por la sala o a una avería del hipotético aplausómetro que todo partido y periodista lleva incrustado en campaña.

"A nosotras nos gusta Isern personalmente, nos fue bien con él", aseguran Matilde y Encarna, del Molinar. "El Ayuntamiento necesita un vuelco". Estas dos amigas han sido siempre del PP. "No me convence Ciudadanos, van cambiando su discurso". A medida que confían, dan rienda suelta a sus opiniones. "El PP nos ha decepcionado. Si seguimos aquí es porque somos de este partido y les vamos a votar". Matilde confiesa que empieza a sentirse atraída por el discurso de Vox. "Mira, yo antes ayudaba al PP logísticamente, pero ahora me apetece menos. Los que están ahora no despiertan confianza. Bauzá sí me gustaba y otra gente que ya no está. Estoy un poco desmoralizada", revela. Matilde lleva dos años sin cobrar la pensión. La mitad proviene de Venezuela, país donde cotizó muchos años, "pero como allí hay problemas ya no llega. Ahora estoy cobrando 630 euros al mes de la viudedad. Y me niegan cualquiera tipo de ayuda al tener esta paga", protesta. "Los mayores estamos cada vez peor. Los políticos nos prometen mucho, pero nada. Nos vienen a buscar por los votos", espeta, mientras sostiene la última cucharada de arroz. "Soy del PP, pero no estoy ciega".

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