11 de noviembre de 2019
11.11.2019
Análisis

El mapa de Mallorca deja de ser blaugrana

Azul del PP y rojo del PSOE eran los colores con los que se teñía la Part Forana en las elecciones generales, Podemos logró ayer situar el morado en cuatro municipios

11.11.2019 | 00:28

Ni rastro de carteles. Ni una sola pancarta. Durante la larga e inútil semana que ha durado la campaña electoral he recorrido varios pueblos del Raiguer. La publicidad electoral era más difícil de localizar que un potencial votante vestido a l'ample y tocando las xeremies al son de Sor Tomasseta. Nada que ver con aquellas campañas en las que los afiliados de los partidos competidores se cruzaban por las calles del pueblo en busca de los lugares con más visibilidad. Armados con escaleras, brochas y cola peregrinaban con el mismo entusiasmo que los novios de antaño cantaban serenatas la Nit de les Verges.

Ninguna semejanza con los tiempos en que los candidatos al Congreso y al Senado mitineaban pueblo a pueblo. A mediodía, en el mercado de Santanyí. A las cuatro, café con los militantes de Montuïri. A las seis, discurso en Alcúdia. Y, con la noción del tiempo perdida, arenga en Banyalbufar a las ocho.
Los aspirantes de hoy son alérgicos a los electores. Se dirigen a ellos a través de insulsas entrevistas en los medios, en las que repiten los argumentarios del partido, y de los tuits que redactan asesores más preocupados por no sufrir un desliz que por comunicar algo interesante.

Todo cambia. Las costumbres y las campañas electorales. Sobre todo si aburren, por repetitivas, incluso a los más entusiastas. Ningún enamorado está dispuesto a cantar serenatas tres veces al año. Ni el militante más fanatizado aguanta cinco elecciones en doce meses.

Si los convencidos se cansan, ¿cómo no van a hartarse los sujetos sufrientes de la incapacidad de los políticos para pactar? Todo se paga. El hastío se ha expresado en los municipios mallorquines en un doble aspecto: la participación y los resultados.

La abstención ha aumentado brutalmente en algunos municipios. Por poner solo unos ejemplos, diez puntos en Manacor, Alcúdia o Calvià; ocho en Inca o Llucmajor.

Algunos esgrimirán las fuertes lluvias registradas ayer para justificar el alejamiento de las urnas. Sin embargo, el refranero mallorquín es generoso con las aguas de este mes: Novembre humit, et faràs ric. Aunque en Ciudadanos se sentirán poco identificados con la frase.

Había que ser muy valiente para acercarse al colegio electoral mientras caían chuzos de punta. Pero el valor nunca ha faltado en la Part Forana. Por tanto, cabe atribuir una parte importante de la abstención al hartazgo de los electores.

La otra consecuencia son los retoques de color en un mapa electoral de Mallorca que, hasta ahora, parecía la camiseta del Barça: blaugrana casi absoluto. En las elecciones de 2016 destacaba el color azul con manchas rojas. Hace cinco meses pasó al rojo en el este y oeste, con una franja azul que iba desde el Migjorn hasta Muro, pasando por gran parte de la comarca del Pla. Solo Llubí, donde triunfó Més, mostraba su disidencia.

El mapa recuperó ayer algo de azul y, sorpendentemente, tiñó varios municipios de morado.

Vilafranca, Esporles, Lloret y Santa Maria han optado mayoritariamente por Pablo Iglesias. El partido que siempre había sido urbanita, ha clavado varias picas más allá de la Vía de Cintura. No solo eso. También ha logrado segundas posiciones en lugares como Estellencs, Puigpunyent y Sant Joan. El partido que ha sufrido la escisión de Íñigo Errejón se ha sobrepuesto al revés y puede soñar con competir por el poder municipal en cuanto se presente una nueva elección.

Vox no ha ganado en ningún pueblo Mallorca. Sin embargo, ha quedado en segunda posición en Inca -por delante del PP-, Llucmajor, Marratxí, Muro y Campos.

¿Cuáles son las razones? ¿La inmigración? ¿La presencia de una comunidad llegada de la península que siente fobia a todo lo que sea diversidad lingüística e incluso cultural? ¿Un conservadurismo profundo? Quizás el análisis sea complejo y en cada lugar la respuesta sea distinta. En alguno, la población foránea se palpa en la calle (Inca). Hay lugares donde no se entiende que en Balears se fomente una segunda lengua (Marratxí). Otros son conservadores desde la noche de los tiempos (Campos).

PSOE y PP ya sienten el aliento de sus competidores directos también en la Part Forana. Partidos que se ubican en el mismo espectro político en el que se encontraban cómodamente asentados desde hace 40 años. Al PSOE ya no es el nacionalismo de izquierdas de Més quien le echa un pulso. El PP ya no compite con el regionalismo munarista, ni siquiera con el de Jaume Font.

¿Y Ciudadanos? La Part Forana le ha dicho lo mismo que el resto de España. Para votar a una muleta del PP, mejor optar por el original.

La sabiduría popular lo explica casi todo. Nicolau Sureda -conocido como Senisu- era un maestro. Escribía en Diario de Mallorca y tenía una frase para cada situación. Al PSOE podría decirle "qui no vol pols que no vagi a l'era". Al PP, "tal faràs, tal trobaràs". A Ciudadanos, "arrancada de cavall i arribada d'ase". A Podemos, "no diguis blat que no el tenguis dins es sac, i ben fermat". A Vox, nada, porque no dominaba el refranero castellano.

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