El crecimiento y desarrollo de nuestros hijos e hijas nos preocupa mucho, sobre todo cuando son pequeños. Queremos que crezcan sanos, que no tengan problemas y que vayan acorde al desarrollo del resto de niños.

Por eso, hoy repasamos con vosotros 8 hitos del crecimiento en la infancia de nuestros niños y los motivos de preocupación que tiene que haber para acudir al pediatra.

Además, en Educar es Todo hemos creado una guía para ayudar a madres y padres con hijos entre 0 y 3 años, y otra de 4 a 6 años. En ellas se podrán consultar los aspectos más destacados en cuanto al desarrollo de nuestros hijos, además de los posibles signos de alarma que acompañan cada etapa.

Mi hija no come

Cuando han pasado los seis meses de lactancia exclusiva (o en su caso de biberón), se empiezan a introducir alimentos sólidos blandos y se añaden nuevos problemas, el más común es que pensamos que nuestros hijos no están comiendo lo suficiente o que no les apetece comer. En el proceso de Baby Led Weaning (alimentación complementaria) nuestro hijo escoge qué comidas comer y cuáles no, se deja llevar por los colores y se mete en la boca y come lo que le apetece y lo que no, no le hace caso. No nos debemos sorprender que espachurre o tire la comida al suelo. Es normal. Aunque nosotros veamos que es dinero y trabajo perdido, nuestro bebé no tiene esa percepción.

Si nuestro bebé se salta alguna comida, pero de altura y peso se encuentra entre los márgenes de su edad, y si además está activo y alegre, no hay motivo por el que preocuparse porque no coma en todas las comidas. Nuestro pediatra nos avisará de tomar medidas por si no se encuentra en los parámetros de su edad. También puede influir que nuestra percepción de satisfacción de comida sea superior a la que tiene nuestro bebé. Tenemos que estar pendientes de las señales que den para saber cuando no quieren comer más. Hay que tener en cuenta que le estamos dando alimentación complementaria, por lo que está recibiendo lactancia materna o biberón que ya le alimenta y quizás con eso está satisfecho un día, pero al día siguiente sí toma alimentos sólidos.

Guía práctica sobre mi hijo de 0 a 3 años y de 3 a 6 años

Guía práctica sobre mi hijo de 0 a 3 años y de 3 a 6 años

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Mi hijo no duerme y se desvela

Los problemas de sueño de los niños pequeños aparecen desde el primero momento de vida. Los bebés presentan un sueño polifásico, es decir, tienen muchos periodos cortos de sueño durante todo el día, muchas veces acompañados de despertares ruidosos. Este no es el tipo de sueño que predomina en adultos, ya que tenemos un sueño monofásico, es decir, tenemos un solo descanso nocturno que dura entre 6-8 horas.

El reloj biológico de los bebés, es decir, el reloj interno que regula los hábitos de sueño no estará establecido hasta los 3 o 4 años, tal y como explica el científico especialista en sueño Matthew Walker en su libro ‘Por qué dormimos’. Desde los cuatro años en adelante, los niños pasarán de tener un sueño polifásico a ir adquiriendo un sueño más monofásico en el que duerman entre 8 y 10 horas, y muchas veces lo complementarán con una siesta.

Es posible que nuestros hijos según vayan creciendo tengan terrores nocturnos, es decir, que tengan episodios mientras duermen en los que se despiertan con gritos y temor. Estos terrores suelen desaparecer con la edad, pero podemos ayudarles a que no les sucedan con una buena rutina de noche, fijando unas hora para ir a dormir, no usando pantallas antes de meterse en la cama y reduciendo el estrés.

Mi hija no para de llorar

El llanto es una reacción muy normal tanto cuando los niños y niñas son pequeños como cuando crecen. Es la forma que tienen para mostrar sus necesidades fisiológicas y emocionales. Cuando son recién nacidos, Lucía mi Pediatra recomienda en su libro ponerles piel con piel o sobre nuestro pecho (y no, por mucho que le cojamos en brazos, no se va a acostumbrar) para que sientan que pueden estar en calma con nosotros.

Es muy normal que según pasen los años sigan llorando. Ese llanto es un síntoma de que carece de algo: ¿tiene hambre? ¿Tiene sueño? ¿Tiene caca? También es normal que llore porque nos alejamos unos metros del bebé. Lo explica Lucía: “Si mamá o papá salís de su campo visual, llora porque piensa que no vais a volver. Hasta que no pasen unos meses más, no se dará cuenta de que, aunque os alejéis de él, siempre regresáis”. El llanto en los siguientes años nos alertará de que tienen una necesidad emocional como por ejemplo les han hecho daño, les duele en alguna parte o están tristes.

Mi hijo no deja el pañal

El tema del hacer pis y caca preocupa mucho a padres y madres, sobre todo cuando les dejamos en la escuela infantil y nuestro bebé no controla sus esfínteres ni tampoco sabe cómo ir al baño. Es completamente normal que hasta los 24 meses de vida nuestro bebé no sepa cuando quiere hacer pis y que su respuesta motora sea hacérselo en el pañal. Para enseñarle cómo ir al baño podemos recurrir a juegos o a libros como ‘¿Puedo mirar tu pañal?’.

A partir de los 3 o 4 años ya suelen tener control de los esfínteres, saben ir al baño y no necesitan pañal. Si el niño se hace pis por la noche involuntariamente, puede que tengan enuresis y hay que acudir al pediatra.

Mi hija no quiere quitarse el chupete

Se recomienda que el chupete no se introduzca en los niños y niñas hasta que, si se le da lactancia materna, esté completamente establecida. “Puede producir la llamada confusión del pezón. El bebé succiona el chupete de una manera muy particular, que nada tiene que ver con la posición en la que pone la boca para succionar el pezón, por lo que, en algunas ocasiones, si utiliza mucho el chupete, puede comenzar a tener dificultades a la hora de engancharse al pecho”, explica Lucía, mi Pediatra.

Hay que quitar el chupete a los 2 años para evitar deformidades dentales. Asimismo, la pediatra avisa de que entre los 15 meses y los 24 meses los bebés se hacen dependientes del chupete, por lo que es mejor solo usar el chupete para sus horas de sueño, así cuando llegue a los 2 años será más fácil quitárselo.

Mi hijo no habla

El proceso del lenguaje en los niños va poco a poco según pasan los meses. A partir de los siete meses los niños empiezan a balbucear. Deben ser capaces de repetir sílabas como “pa”, “da”, “ta”. A partir de los 10 meses entienden palabras como “sí” o “no” y también las repiten. Puede que a partir de los 11 meses ya sepa decir palabras como “mamá” o “papá” o puede que no. El proceso del lenguaje depende de cada niño. A partir de los 15 meses es común que aprenda más palabras, aunque a veces no se le entienda. Si crece la preocupación en nosotros porque no habla, es mejor consultarlo con el pediatra.

Algunas recomendaciones que se pueden hacer para fomentar el habla:

  • Cuando son recién nacidos: hablar despacio y cantar canciones. Hablar con él sobre las cosas que le rodean..
  • A partir de los 3 meses: cantar canciones acompañadas con gestos para que las aprenda y las intente repetir e imitar los sonidos que hacen, contarle cuentos…

Mi hijo no camina

A partir de los 5 meses los bebés se mueven mucho, y en los seis meses empiezan a mantenerse sentado sin que los ayuden. Cuando quieran sentarse y lo intenten, Lucía recomienda que les dejemos que lo hagan solos, con supervisión de sus progenitores. A partir de los 9 meses pueden comenzar a gatear, aunque no tiene por qué. Muchos bebés comienzan a caminar sin haber pasado por la etapa de gateo. A los 10 meses son capaces de mantenerse en pie sujetándose a patas de sillas o mesas. A partir de los 12 meses es normal que comience a dar sus primeros pasos solo, pero si no lo hace también es normal. Lucía señala que hasta los 16-18 meses es normal que no camine solo.

No se asombra por los estímulos externos

Lucía mi Pediatra señala que es a partir de los 3 meses cuando los niños descubrirán sus propias manos y se las llevarán a la boca. Es a partir de esta edad cuando le podemos ir introduciendo objetos para que los vea, los toque o huela. “Si le ofreces objetos grandes, los agarrará con la mano y se los llevará a la boca. Recuerda que siempre han de ser objetos aptos para él, ligeros y redondeados”.

A los seis meses “su vista está ya bastante desarrollada, así que percibe la profundidad y distingue los colores y las caras. Sin embargo, su visión seguirá madurando hasta los 4-6 años de vida”. Por ello a partir de estos meses y sobre todo si más adelante se sigue sin asombrar o sin ser curioso por lo que le rodea, hay que tener un motivo de preocupación y acudir al pediatra.