La mayoría de las personas mienten diariamente en muchas y muy variadas situaciones, sin embargo es algo que no consentimos que hagan los demás, especialmente los niños. Los expertos lo tienen claro: cuando descubras que tu hijo de dos años empieza a mentir, en lugar de preocuparte, alégrate, es una señal de que ha alcanzado un nuevo nivel de desarrollo.

¿Qué necesita un niño para mentir?

Lo cierto es que la capacidad de mentir está directamente relacionada con el desarrollo de competencias cognitivas, lo que explica que niños con autismo no sepan mentir. Y es que, para mentir necesitamos, según cuenta el psicólogo Alberto Soler en su libro 'Educar sin etiquetas',  haber desarrollado la "teoría de la mente", es decir, la capacidad de ser conscientes de que otras personas tienen deseos, sentimientos y creencias diferentes a los propios. 

Cuando descubras que tu hijo de dos años empieza a mentir, en lugar de preocuparte, alégrate, es una señal de que ha alcanzado un nuevo nivel de desarrollo

Además, en varios artículos científicos, en los que se habla de la mentira, se afirma que "los niños con mayor cociente intelectual mienten más frecuentemente que los que tienen un cociente intelectual más bajo", y lo mismo ocurre con medidas de inteligencia emocional, juicio moral o funciones ejecutivas.

¿Todas las mentiras son iguales?

Los científicos que se dedican a estudiar la mentira, como es el caso de Michael Lewis, director del Institute for the Study of Child Development, clasifican las mentiras en 4 tipos:

1.Mentir para proteger los sentimientos de otras personas

Este tipo de mentiras, que Alberto Soler en su libro denomina "piadosas", las utilizamos, según dice, "para mantener relaciones sociales satisfactorias, esto es, para sentirnos a gusto con los demás y que los demás se sientan a gusto con nosotros".

Ejemplo: Decir: "Me alegro mucho de verte", en lugar de decir: "Me es indiferente verte".

Y ahora te hago una pregunta: ¿Acaso los padres no les decimos a nuestros hijos frases como: "eso no se dice" cuando nuestros hijos se muestran 100% sinceros? ¿No les estamos enseñando, además de a ser educados, a mentir para no dañar los sentimientos de los demás?

2.Mentir para protegerse a uno mismo, para evitar el castigo

Los niños aprenden rápido que las mentiras les pueden sacar de algún apuro cuando han hecho algo que no deberían hacer. Para estudiar este tipo de mentiras, Lewis y sus colegas diseñaron un a situación experimental, nos cuenta Alberto Soler: "llevar a un niño a una habitación, sentarle de espaldas a una mesa, dejar un paquete sobre esta mesa y decirle que no puede mirar hasta que se lo digan. La realidad es que el 38% de los niños de 2 años que miraron, lo negaron. Es decir, los niños, desde muy pequeños ya saben mentir para protegerse". Alberto nos recomienda que, cuando pillemos a nuestro hijo en una mentira de este tipo, lo primero que tenemos que pensar es que es lógico que lo haga.

Los niños aprenden rápido que las mentiras les pueden sacar de algún apuro cuando han hecho algo que no deberían hacer.

3.Mentirse a uno mismo, (autoengaño)

Este tipo de mentiras, muy comunes en adultos, tienen una doble cara, nos dice Alberto Soler: "por un lado, pueden evitarnos el dolor, el sufrimiento y proteger nuestra autoestima, pero también dar la espalda a la realidad, impidiéndonos tomar medidas".

Ejemplo: Echarle la culpa de las malas notas a la manía que nos tiene la profesor, en lugar de aceptar que no hemos estudiado lo suficiente".

4.Mentir para hacer daño a otros

Las tres primeras mentiras son adaptativas, esta última no. Ocurre cuando nuestro hijo echa la culpa de algo que ha hecho él a otra persona. Lo puede hacer para librarse del castigo o para obtener un privilegio por encima de otra persona.

"De entre todos los tipos de mentiras, estas serían las que más tendríamos que evitar que cometieran nuestros hijos, y esto solo es posible construyendo en ellos una sólida base moral que les permita distinguir entre lo que está bien y lo que está mal", nos dice Alberto Soler.

La mentira en los niños pequeños (por debajo de los 4 años) no suele ser un problema. Debemos contar con que todos los niños mienten Funny facial expression of two cute girls

Entonces, ¿qué hacemos si pillamos a nuestro hijo mintiendo?

1.No exagerar

"No tiene sentido etiquetar a un niño de mentiroso cuando está haciendo algo que hacen el 100% de los niños de desarrollo típico", nos dice Alberto.

2.Dar ejemplo

Si queremos que nuestros hijos no mientan, lo primero que tenemos que hacer es no hacerlo nosotros, al menos en su presencia. Sin embargo es algo que haces muy a menudo cuando nos encontramos a la vecina del 5º y le decimos que la vemos guapísima y luego comentamos con nuestra pareja, en presencia de nuestro hijo, que la hemos visto más desmejorada que nunca. Pero es que también mentimos a nuestros hijos. Alberto Soler pone un ejemplo en su libro: "Les decimos a nuestros hijos que nos vamos del parque, que a lo mejor están los abuelos en casa, y sabemos que no es verdad, pero utilizamos la mentira como recurso para lograr nuestro objetivo: que salgan del parque sin rechistar".

"Castigando la mentira, lo que en realidad conseguimos en animarle a encubrir mejor sus huellas la próxima vez. No aprenderá a ser más sincero".

Alberto Soler - Psicólogo

3.Disponer de un clima familiar en el que no temamos a las consecuencias de ser sinceros

"¿Dónde es más fácil que un niño mienta, en un entorno en el que se castigan los errores o en otro donde en lugar de castigar nos enfocamos en explicar, enseñar y reparar el daño cuando es necesario?", nos pregunta Alberto Soler en su libro, para luego explicarnos que los experimentos que se han hecho en este sentido demuestran claramente que los niños a los que se les penaliza el error, tienden a mentir más que a los que se les permite cometer errores.

4.No castigarle

Alberto Soler nos alerta de que "castigando la mentira, lo que en realidad conseguimos en animarle a encubrir mejor sus huellas la próxima vez. Aprenderá a ser más cauto, aunque probablemente no aprenda a ser más sincero".

5.Promover la confianza

La alternativa a castigar la mentira sería, en palabras de Alberto Soler, "promover la confianza". Esto es, haciéndole reflexionar sobre lo importante que es que las personas puedan confiar en ti y hacerle ver que él tampoco se siente bien cuando le mienten.