Cuando se produce una situación de bullying, solemos centrarnos en quien ejerce el acoso y en el acosado. Sin duda, son los principales protagonistas de la escena. Pero ¿qué ocurre con los actores secundarios, con todos esos niños y niñas que observan cómo ocurre el acoso?

Sin darnos cuenta, transmitimos a nuestros hijos e hijas ciertos mantras que luego ellos asimilan y aplican en sus vidas al pie de la letra. “A nadie le gustan los chivatos”, “mantente alejado de los líos”, “no te metas en los asuntos de los demás”… Esto, sumado al miedo a ser el “siguiente” en ser acosado o ser desplazado del grupo, puede derivar en el silencio o la complicidad de los observadores. 

4 tipos de testigos en situaciones de bullying

Como nos cuenta el psicólogo David Cuadrado, existen cuatro tipos de observadores cuando se produce una situación de acoso escolar.

Los asistentes

Alumnos que “ayudan” al acosador aunque no hayan sido ellos quienes comenzaran. El peligro principal es que se conviertan ellos mismos en acosadores en corto plazo o que refuercen de tal manera a los primeros que aumenten el grado y violencia del acoso. 

Los reforzadores

Jalean, comentan positivamente, muestran en redes sociales, dan feedback positivo y de refuerzo a los actos del acosador. Ellos facilitan, a menudo, la imagen positiva del acosador o la negativa de la víctima. Son quienes más ayudan a distribuir por redes sociales las imágenes y frases fomentando el ciberbullying. Corren el riesgo de convertirse en asistentes.

Los externos pasivos

No se inmiscuyen. Huyen de la situación. Recogen esa frase que hemos comentado antes de algunos padres: “no te metas en líos”. En la mayor parte de los casos llegan a racionalizar lo sucedido teorizando sobre qué ha hecho la víctima para merecer ese trato.

Los defensores

Toman partido por la víctima. Los apoyan y consuelan. A menudo después de lo acontecido. Solo pocas veces antes o durante el acoso. Son quienes se atreven a ponerlo en comunicación a profesores y padres.

El papel de las madres y padres con el bullying

La postura que adoptemos y que transmitamos a nuestros hijos e hijas respecto a estas situaciones va a ser determinante a la hora de configurar los comportamientos que luego ellos acabarán llevando a cabo. En esta ponencia de Carmen Ruiz Repullo sobre la violencia de género en adolescentes, la socióloga nos instaba a “deserotizar al chulo y erotizar al friki”. Dejar de idealizar la figura del chulito, el malote que va por la escuela modo Mario Casas en “Tres metros sobre el cielo”. Y en esto voy a añadir otra más: tenemos que erotizar y ensalzar al chivato. El chivato que se convierte en héroe, el que ve una situación de acoso y se lo dice a sus padres o a sus profesores, el que acude en busca de ayuda, el valiente que no consiente con su silencio. 

Esos son los valores que debemos transmitir a nuestros hijos e hijas, que ante las injusticias no se queden callados

El bullying no es algo que afecta solamente a quien lo sufre y a quien lo ejerce, la sociedad entera tiene que unirse, cada uno desde su posición, para luchar contra esta lacra que sigue afectando a nuestros jóvenes. Según datos de la UNESCO de 2018, un 32% de los alumnos ha sido intimidado por parte de algún compañero en el último mes.

En definitiva, educar a nuestros hijos en la empatía, en la inteligencia emocional, entrenar su asertividad y la confianza en sí mismos, reforzar su autoestima… serán factores INDISPENSABLES para que se conviertan en personas capaces de vivir en sociedad, que no se dejen pisotear y que levanten la cabeza ante las injusticias. 

Todos los padres y madres queremos que nuestros hijos sean unos chivatos. Porque eso significará que han aprendido los mejores valores que les hemos podido enseñar, y me nos hará sentirnos tremendamente orgullosos de haber criado y educado a personas que no le dan la espalda al bullying.