Mejorar el rendimiento académico de nuestros hijos es uno de nuestros objetivos cada año cuando comienza el curso escolar. Hoy sabemos que que nuestros hijos sean buenos estudiantes no depende tanto de sus capacidades intelectuales, sino de la actitud que pongan ante los estudios … Y la actitud no viene de serie, sino que, por suerte, se puede educar.

Muchas veces nos centramos en pedirles que estudien más o que le dediquen más horas a esas materias que les suponen una mayor dificultad, pero existen otras acciones que podemos fomentar en nuestros hijos y que repercutirán positivamente en la mejora de su rendimiento escolar.

La actividad física mejora el rendimiento académico

Todos conocemos los beneficios sobre la salud física que conlleva realizar actividad física. De hecho, la Organización Mundial de la Salud recomienda que nuestros hijos practiquen, al menos, una hora de ejercicio físico vigoroso al día. Pero es que el ejercicio físico también tienen beneficios sobre la salud mental y sobre el rendimiento académico, aunque rara vez se mencionen.

Según diferentes estudios, la practica de ejercicio físico reduce el estrés, aumenta la autonomía, la concentración y la retención de lo estudiado. Además, repercute positivamente en la autoestima. El superarnos cada día a nivel físico nos demuestra que somos capaces de ser mejores cada día y lo que entrenamos en el plano deportivo nos motiva para seguir creciendo como estudiantes.

El descanso mejora el rendimiento académico

“Vivimos según dormimos” nos dice siempre el pediatra y experto en trastornos del sueño Gonzalo Pin. Por tanto, parece lógico llegar a la conclusión que si nuestros hijos no duermen bien o no descansan las horas suficientes, no podrán rendir al día siguiente en el colegio.

“A menudo vemos a niños en clase con dificultad para concentrase, que no son capaces de centrar su atención y pensamos que pueden tener algún tipo de trastorno del aprendizaje y, sin embargo, si indagamos, vemos que son niños que se acuestan muy tarde, que no descansan lo suficiente durante la noche”, nos alertaba la neuróloga y experta en trastornos del sueño Ángela Milán en un webinar sobre trastornos del sueño.

En este sentido, además de recomendarnos a las madres y padres que nos aseguremos de que nuestros hijos duermen las horas suficientes, nos dio unas pautas que pueden contribuir a una buena higiene del sueño de nuestros hijos:

  • Exponer a los niños a la luz natural por las mañanas
  • Actividad física diaria
  • Horarios regulares de alimentación
  • Las cenas, un par de horas antes de irse a la cama
  • Dos horas antes de irse a dormir, cero pantallas y luz cálida

La alimentación mejora el rendimiento académico

Son muchos los estudios que tratan de analizar cómo influye la alimentación en el rendimiento escolar y los resultados generalizados relacionan alimentación y estilo de vida saludable con un buen aprendizaje a nivel académico.

De hecho, los niños que siguen una dieta equilibrada sacan más sobresalientes. En concreto, el 32% de los niños españoles de hasta 12 años saca un excelente en lenguas y/o ciencias, proporción que sube 14 puntos (hasta el 46%) entre los que siguen una alimentación saludable, según el Observatorio existente en España sobre hábitos nutricionales y estilos de vida de las familias. Y no solo suben los resultados, también mejora la motivación. La proporción de escolares españoles que comen bien y a los que no les cuesta ir al cole alcanza el 84%.

“Una dieta saludable con todos los nutrientes contribuye a mejorar la capacidad de concentración, atención o memoria y el aprendizaje”, explica el doctor Rafael Casas, psiquiatra y experto en promoción de hábitos de salud y en obesidad infantil.

Disfrutar de tiempo de ocio mejora el rendimiento académico

Igual de vital es que nuestros hijos dediquen tiempo a estudiar y a aprender, como que dediquen tiempo a divertirse o a realizar actividades de ocio que les permitan “desconectar” de lo puramente académico. Para ello, nuestros hijos necesitan saber cómo gestionar su día a día y cómo organizar bien tanto el tiempo de estudio y el tiempo de ocio. Es muy común que en muchas casas, los deberes ocupen todas las horas de las que disponen nuestros hijos durante la tarde. La fundadora de Relájate y educa Amaya de Miguel insiste en que “el tiempo para los deberes debe estar marcado. Si hemos decidido que es una hora, es una hora. El resto del tiempo estará destinado a otras actividades: deporte, leer, tocar la flauta… No podemos permitir que los deberes monopolicen nuestras tardes y, si no ponemos horarios, corremos el riesgo de que eso ocurra”.

Para que la desconexión con el mundo académico se produzca, “son nuestros hijos quiénes deben decidir qué actividades quieren hacer. A menudo caemos en el error de elegirlas por ellos, y siempre pretendiendo que repercutan o tengan relación con los estudios, pero esto no debería ser así”, nos dice la pedagoga Maite Vallet.

 

Dejar de dar tanta importancia a las notas

“Cada vez más teóricos de la educación ponen en duda la propia utilidad de las notas, ya que estas desplazan el foco hacia los resultados y se lo quitan al proceso: los alumnos dejan de disfrutar aprendiendo y se preocupan solo de aprobar, sea como sea: si hay que hacer trampas, se hacen. Da igual que no hayan entendido nada. Si son capaces de ponerlo en un examen y aprobar, ya vale” nos cuenta el psicólogo Alberto Soler. Desplazar el foco hacia los resultados y quitárselo al proceso lleva a nuestros hijos a tomar una actitud equivocada frente a los estudios.

En este sentido, Alberto nos recomienda que “alabemos el esfuerzo más que el resultado en nuestros hijos”. Y se basa en un experimento llevado a cabo en la Universidad de Standford con 400 alumnos a los que dividieron en dos grupos de 200.

Durante el experimento se les entregó el mismo puzzle a todos y se les pidió que lo completasen. Al terminar, a uno de los grupos se les felicitó utilizando expresiones que alababan su inteligencia, del tipo: “Vaya, sois muy inteligentes”. En cambio, el otro grupo recibió felicitaciones por el esfuerzo: “Qué duro habéis trabajado”. Después de finalizar el puzzle, a los estudiantes se les propuso someterse a otra prueba. Pero esta vez se les dio a elegir: podían escoger entre una prueba más difícil y otra más sencilla. Dos tercios de los chicos que habían sido elogiados por su inteligencia eligieron el test sencillo. Por contra, el 90% de los niños elogiados por su esfuerzo eligió el test más complicado.

Lo que los investigadores querían comprobar era si la forma de felicitar podría tener consecuencias en la actitud de los alumnos. El resultado no dejó lugar a dudas. Los niños a los que se les elogia la inteligencia en lugar del esfuerzo, acaban evitando enfrentarse a retos por miedo a “fracasar” y perder su etiqueta de inteligentes. Por ello, es preferible que las madres y padres elogiemos el esfuerzo, y no tanto el resultado (las notas). De esta forma, fomentamos que nuestros hijos se esfuercen, algo que está directamente relacionado con la mejora del rendimiento académico.

Preguntar a nuestros hijos: ¿qué tal hoy en el cole?

Los datos del Informe PISA revelan que la educación en casa tiene un impacto muy significativo en el desempeño de los hijos en el colegio. “Vemos que los padres que creen en la educación, aquellos que están más implicados en el proceso educativo hacen que los resultados sean más positivos”, nos contaba el Director del Informe Andreas Schleicher en esta entrevista. Schleicher aclara que esa implicación e interés de los padres no está relacionada con los títulos académicos de estos. Ni siquiera con el tiempo que dedican a estar con sus hijos haciendo los deberes. El indicador más relevante es el interés que las madres y padres muestran por la educación de sus hijos. “Por ejemplo, los hijos que son preguntados de forma regular en casa por su jornada escolar, ¿qué fue bien? ¿qué fue mal?, tienen un desempeño escolar mejor que otros – independientemente de su nivel socioeconómico. Por eso es tan importante que para el progreso educativo las madres y padres formen parte de la ecuación”.