15 de diciembre de 2017
15.12.2017
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De la charca a la genética

22.12.2017 | 20:40
De la charca a la genética
En 1993 Francisco Juan Martinez Mójica, de la Universidad de Alicante, anduvo trasteando en una charca de las salinas de Santa Pola. Analizando el ADN de sus bacterias se encontró con series de código que se repetían a espacios regulares y que, además, se podían leer en un sentido y en otro. Eran palíndromos y eso no podía ser casual. Pasó a desarrollar con dos científicas europeas una máquina biológica que fuera capaz de leer ADN, hallar una posición concreta, cortar con precisión y pegar lo que querían. Fue un avance radical.

George Church, un ingeniero molecular norteamericano disléxico, consiguió en 2016 grabar en el ADN de una bacteria su libro Regénesis de 53.426 palabras. Hace pocos meses grabó una copia digitalizada, en otra bacteria, de una de las primeras películas que produjo el hombre en 1878: la carrera al galope de una yegua.

Parece un juego de grabar archivos en células, pero entendamos que en un gramo de ADN se pueden almacenar 455 exabytes –medio millón de discos duros modernos– y que la tecnología CRISPR en ADN dobla la velocidad de grabación casi cada mes mientras que en las memorias informáticas tradicionales es de 1,5 veces al año. ¿Imaginas a tu perro como un USB gigantesco? ¿Y a ti mismo?

Mientras, la tecnología CRISPR-Cas9 identifica secuencias de ADN que contienen enfermedades: se puede cortar un trozo de ADN "malo", se hace un copia-pega de otro trozo "bueno" y, con ello, se puede dejar a un individuo que llevaba genes desencadenadores de una enfermedad curado para siempre. En ratones funciona. Recientemente en China iniciaron experimentación humana con enfermos de cáncer de pulmón. En Italia un niño con graves quemaduras ha recibido piel creada para él, sin rechazos. Lógico: las nuevas células están hechas a medida.
Con esta técnica se puede elegir el color del pelo, de los ojos, de la piel, la inteligencia€ en un embrión; y si se reparan los telómeros desgastados, evitaremos la muerte de un adulto.

Y ahora vienen las preguntas: ¿Para todos –pongámonos maltusianos– o solo para los elegidos? ¿Tendremos que enfrentarnos a supremacistas y esclavistas asistidos por tecnología genética? ¿Generarán los seguros médicos una legión de apestados pues su ADN delatará que portan una enfermedad larga y costosa?

Las oportunidades son alucinantes pero los dilemas éticos también. Church dijo que faltan pocas décadas para poder fabricarnos un Avatar.

*Presidente de la Asociación Balear de Corredores de Seguros

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