Empiezan el año los inversores lamiéndose las heridas del daño sufrido durante el difícil, por decirlo educadamente, 2022. Y como siempre sucede, después de un periodo extenso de correcciones crece el interés por intentar dilucidar cuando es el momento de volver a comprar. En el presente escrito intentaremos hacer algunas reflexiones para ayudar a la toma de decisiones de cada inversor para el presente año.

El primer aspecto que debemos tener muy claro es que la década de tipos muy bajos o incluso negativos que precedió al pasado ejercicio ha tocado a su fin, y más importante, si cabe, no volverá en muchísimo tiempo. Aclarado esto, el 2023 será aún de subidas de tipos, probablemente menos agresivas que las de 2022, para combatir e ir doblegando con esfuerzo la inflación para que en 2024 podamos ver de nuevo tímidas bajadas de tipos de interés, pero en ningún caso para volver a los bajísimos niveles de la década precedente de dinero gratis. Esto y las perspectivas de crecimiento para 2023 y 2024 serán las claves para el comportamiento de los mercados financieros.

Hablemos pues, de las perspectivas de crecimiento de modo genérico. En 2023, tal y como nos advirtió el primero de enero, la economista jefa del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, se espera que 1/3 de la economía mundial entre en recesión. Siendo esto una mala noticia, el lado positivo es que la mayoría de estas economías volverán a crecer, aunque tímidamente, en 2024 y, sobre todo, que la primera economía del mundo podría evitar la recesión este año. Apunte positivo para España: podría ser la economía de la zona euro que mejor se comporte en el 2023, evitando la recesión, no será así para Alemania, Italia o Francia.

Este gris escenario macro anima a algunos a augurar un 2023 tan malo en mercados como en 2022. No creemos que sea el caso, porque es importante tener en cuenta que los mercados financieros cotizan en el presente las perspectivas a 8 o 12 meses vista. Por ello, el mal comportamiento de los índices bursátiles en 2022 tenía en cuenta la proyección de un difícil año para la economía real en 2023. Y de igual modo, los mercados bursátiles podrían este año tener un comportamiento moderadamente positivo, descontando ya la esperada mejora del crecimiento en 2024. Dentro de la renta variable, cabría esperar durante este año un mejor comportamiento de las acciones de valor que las de crecimiento.

Y para la renta fija, en la que las inesperadas y agresivas subidas de tipos durante el 2022 castigó sobremanera a este tipo de activo, este año, si se confirma que las subidas de tipos serán más esperables y moderadas, podría ser el año de un despegue sin precedentes de los bonos. Basta solo ver este dato: los bonos triple AAA que daban rendimientos negativos en estos últimos años, hoy dan un rendimiento positivo muy interesante e inimaginable hasta hace poco. Por citar un solo ejemplo, el bono supranacional a 10 años del Banco Europeo de Inversiones ¡ofrece hoy un cupón anual del 2.875% y un rendimiento anual a vencimiento del 2.52%! Además, con el actual escenario de tipos más elevados debería incrementarse el flujo de fondos de la renta variable a la renta fija. Y esto no será en detrimento de la renta variable, porque se trata de los inversores que estaban en renta variable más por necesidad, y falta de alternativas, que por devoción, y eso creaba más volatilidad en la renta variable. Este año, por el contrario, los inversores en renta variable serán los que realmente quieran estar en renta variable.

En resumen, no estamos diciendo que este vaya a ser un año en mercados de color de rosa o fácil, pero sin duda existen ya hoy clarísimas oportunidades no vistas en muchos años de compra de bonos. Y en acciones, siendo el timing más difícil de decir, también las habrá durante el año, siempre con un horizonte temporal de inversor patrimonialista a largo plazo.