Un reciente reportaje del semanario The Economist, titulado "La propiedad de tu casa es el mayor error de la política económica de Occidente", se adentra en un terreno tan lleno de espinas como interesante por su importancia.

Así de entrada, esta afirmación parece muy dura, pero entrando en los detalles que la argumentan, más la posible experiencia que cualquier joven (y no tan joven) haya podido experimentar en los últimos años, vemos que estos argumentos no son fáciles de rebatir y, cuanto menos, nos llevan a una reflexión muy interesante y necesaria para entender el problema del difícil acceso al hogar de propiedad para un joven.

Lo que está claro es que algo estamos haciendo muy mal cuando sabemos que la generación de los baby-boomers con una edad media de 35 años en 1990 ya era propietaria de un tercio del valor de la propiedad inmobiliaria de Estados Unidos y que los millennials que en 2019 tenían 31 años son propietarios de solo el 4% de los inmuebles americanos. Sencillamente, para esta generación de jóvenes está fuera de su alcance la propiedad inmobiliaria.

En defensa de los 'millenials'

En defensa de los 'millenials'

La raíz de este problema radica en las políticas económicas de los gobiernos para potenciar la propiedad inmobiliaria a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Subsidios, créditos fiscales, garantías (Fannie Mae y Freddie Mac) y vivienda social ofrecida por los gobiernos han venido potenciando la propiedad en detrimento del alquiler. Estas políticas han sido muy beneficiosas para los jóvenes anteriores a la generación millennial porque, por un lado, han facilitado la compra de la primera vivienda, y por el otro lado, una política monetaria de tipos de interés bajos en las últimas décadas ha generado un incremento de la demanda mucho mayor que el de la oferta.

Pensemos que mientras los baby-boomers, beneficiados por estos factores, se han ido convirtiendo en adultos y muchos de ellos han ido ocupando posiciones importantes en la administración pública o en la empresa privada, han hecho todo lo posible para mantener el status quo, sobre todo mediante una clara medida de defensa de su propiedad: actuar y legislar de manera cada vez más agresiva para que la oferta de nuevos apartamentos o rascacielos en las grandes ciudades, que más oportunidades profesionales ofrecen a los jóvenes, se incrementara a un ritmo mucho menor que al de la demanda.

Son esos baby-boomers, que pudieron adquirir su vivienda durante las últimas décadas, los que más se han opuesto a nuevas promociones de viviendas para los más jóvenes en las ciudades más dinámicas. Así, los baby-boomers han podido preservar la importante subida del precio de sus propiedades inmobiliarias.

Este dato lo ilustra: el número de las nuevas casas construidas por persona en el mundo desarrollado desde la década de los 60 ha caído a la mitad. Eso ha hecho que los precios de los inmuebles en las ciudades más dinámicas se hayan disparado en los últimos años.

El riesgo de toda esta problemática es que los millennials se sientan excluidos de las supuestas oportunidades de la economía neoliberal y se vean arrastrados a utopías de socialismo libertario millennial (uno de los objetivos del mundo crypto). Aun así, existen algunos ejemplos del mundo capitalista donde no se han hecho tan mal las cosas y que pueden servir como la luz necesaria al final de este túnel como Alemania y Japón, pero eso lo dejaremos para otro artículo.