Desgraciadamente, en el momento de escribir estas líneas, Rusia ya está invadiendo Ucrania. Alertaba yo en diciembre (programa “De Boca a Orella” de RNE) que la amenaza rusa iba muy en serio. Obviamente, nadie sabía a ciencia cierta, excepto Putin, si se acabaría produciendo la invasión o no, pero en cualquier caso, no se podía descartar para nada si conocíamos los hechos ocurridos en Georgia, Osetia del Sur, Transnítria, Donbás, Crimea, etc. Sabemos que la visión “occidentecéntrica” del mundo occidental dará todas las culpas a Putin y, ciertamente, Putin es el responsable último de invadir Ucrania en pleno siglo XXI. Sin embargo, la gestión de la crisis ucrania desde occidente, sobre todo y por este orden, de Estados Unidos, de Reino Unido, de la Unión Europea y de la propia Ucrania, no ha sido la adecuada, especialmente desde la OTAN. ¿Por qué? Porque si el lector mira un mapa del flanco occidental de Rusia verá que está rodeada (con o sin frontera directa) por países de la OTAN: Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria. Solo Bielorrusia y Ucrania quedan fuera de la OTAN en ese flanco. Bielorrusia no es un problema para la seguridad rusa porque es afín a Moscú.

RUSSIAN FORCES

Ucrania pasó a ser un problema después de la revolución naranja en 2004 y de las protestas de la plaza del Maidan en 2013 que propiciaban el claro acercamiento de Ucrania a la esfera de influencia occidental, agravado en los últimos años con el interés de Ucrania y de Occidente para que el país eslavo entrara en los rangos de la OTAN. Y sabíamos perfectamente que la posible entrada de Ucrania en la OTAN era totalmente inaceptable para Putin (lo ha repetido cientos de veces) porque significaría cerrar el semicírculo de la OTAN a Moscú en su frontera occidental, a excepción de Bielorrusia. Para que lo entendamos mejor, sería como si Cuba y México pasaran a ser de la órbita militar rusa o china en la frontera sur de Estados Unidos. ¿Se quedaría Biden de brazos cruzados? Rotundamente no. ¿Permitirá Putin la entrada de Ucrania en la OTAN? Rotundamente no. Putin ha pedido desde el principio la renuncia expresa de la posible entrada de Ucrania en la OTAN. Esa era su principal y fundamental demanda pensando en la seguridad de Moscú. La respuesta negativa de Occidente y de la OTAN ha sido rígida y clara a las peticiones de Putin. La negativa occidental se ha escudado en el precepto de derecho internacional que ningún país soberano puede ceder a los designios de un país tercero. Y estamos de acuerdo con este principio, pero la historia del mundo y las dinámicas de las relaciones internacionales nos dice que a veces es más inteligente, seguro y efectivo obedecer a la doctrina de la “realpolitik”. En la crisis de Ucrania hubiera supuesto ceder ante la demanda de Putin porque hubiera permitido probablemente evitar un riesgo mucho mayor: una invasión militar. Y mucho más sabiendo que la segunda mayor fuerza militar del mundo (Rusia) y la segunda economía del mundo (China) están alineadas. Cuando vimos la puesta en escena de la foto de Putin y Xi Jinping durante los juegos olímpicos de invierno de Beijín se confirmó claramente que China apoyaba a Rusia. Una clara advertencia a navegantes que Rusia no estaba sola. El riesgo de invasión subía en probabilidad. Por todo lo acaecido en los últimos meses y semanas, en un inteligente ejercicio de “realpolitik” la OTAN debería haber descartado públicamente, al menos por unos años (Putin es mortal) la tozuda idea de considerar la entrada de Ucrania en la OTAN. Esta es la clave principal del problema y así lo manifestaba en mi artículo titulado “Vientos de Guerra” hace pocas semanas en este mismo medio y que algunos se apresuraron a criticarlo por exagerado. No, desgraciadamente no exageraba: Rusia y Ucrania están en guerra en el corazón del nuestro viejo y cansado continente.