El lector sabe muy bien lo que significa la palabra crisis, porque lo estamos sufriendo, sin embargo, hemos de recordar que la misma se puede producir porque se rompe la proporcionalidad entre ingresos y gastos, o bien, porque esta proporcionalidad no es suficiente para mantener a la empresa en situación de competitividad, y en consecuencia, los beneficios no son suficientes para mantener un nivel adecuado de inversiones y de retribuciones, tanto al personal como a los accionistas. Centrado el significado de crisis, conviene analizar las «siete reglas de oro para liderar en épocas de crisis».

Usted debe ser un motor de iniciativas activo y ágil. No dedique, de momento, tiempo a los lentos, a los anclados en el pasado, a los quejosos permanentes, a los acobardados pasivos ni a los frágiles asustadizos.

1- Seleccione entre sus colaboradores aquellos que estén dispuestos a trabajar duro, transmitir una actitud positiva, rectificar con agilidad, priorizar y no dispersarse, tener «fuerza mental» para tomar y aplicar decisiones que cambien hábitos, ser prácticos, poco dogmáticos y cuidar los mejores contactos con el mercado, con las instituciones financieras y con los proveedores.

Reúnase con ellos, cree un equipo y transmítales la situación. Pídales su colaboración y explíqueles qué espera de ellos. Escúchelos de forma permanente, discuta con ellos de forma amable pero abierta, y haga que se sientan útiles.

2- Revise el presupuesto.

Quizá ya confeccionado, hágalo con criterio de austeridad, sin dejarse influir por argumentos continuistas, analice la oportunidad y rentabilidad de cada partida de gastos. Anime a sus interlocutores a proseguir en la caza y captura del gasto no imprescindible y también a considerar cada coste con los proveedores y suministradores; sea constante en esta tarea. 

3- Reduzca el número de personas en plantilla

Le recomiendo que dedique tiempo a analizar cada puesto de trabajo y sus tareas eliminando la burocracia innecesaria, las jefaturas no operativas, simplemente históricas, creando un organigrama plano, con menos niveles jerárquicos, formando al personal para que se adapte a la nueva situación, concentrándose en los controles básicos, los que sí le ayudan a tomar decisiones eficaces y ágiles, marcando misiones y objetivos a cada persona. Páctelo con cada profesional y verá cómo aumenta la actividad.

4- Tenga datos, no sólo información a tiempo real

En épocas de «turbulencias», cuando el riesgo aumenta, hay que rectificar el rumbo con agilidad aprovechando las oportunidades, centrándose en seleccionar los datos que más nos ayuden a tomar las decisiones más eficaces.

Le recomiendo que se apoye en las tendencias, que sea más exigente que antes y que acorte los períodos de control. 

5- Concéntrese en la evolución de la tesorería

A través de ella podrá analizar la evolución de las ventas, de los cobros, de los márgenes, de los gastos y de la morosidad. Una exhaustiva previsión de tesorería y su seguimiento le ayudarán a agilizar los plazos de entrega, los costes financieros, los costes de los productos y servicios, sin olvidar los gastos y el grado de la autofinanciación.

6- Escoja estrategias de marketing precisas

Le recomiendo que aplique con constancia, rigor y mucha amabilidad estas estrategias que le facilitarán diferenciarse y seleccionar los segmentos de clientes actuales y potenciales que considere más adecuados, impregnando a todo el personal que esté en contacto con los clientes de lo que se debe hacer y no hacer para conseguir la excelencia que queremos conseguir para diferenciarnos de la competencia. Haga partícipe a todo el personal, escúchelos mucho, involúcrelos, responsabilícelos, fórmelos y pídales resultados recordándoles todo lo que podemos vender.

7- Quiénes deben dirigir la reconversión

No sirve cualquier directivo ni mando intermedio para liderar en épocas de turbulencias. Como en el colegio, entre los directivos hay quienes sirven para escribir dictados y quienes sirven para hacer redacciones.

Para dirigir una reconversión hay que dominar de forma muy visible la serenidad, la amabilidad en las formas, el sentido del humor y de lo relativo, el rigor, la constancia, el sentido del tiempo, la capacidad de escuchar, de enseñar y de negociar, con resistencia física y psíquica.

"A LA CUENTA DE RESULTADOS NO LE INTERESAN LOS CULPABLES Y SÍ LAS SOLUCIONES".