Cuando en las postrimerías del pasado año 2020 las farmacéuticas Pfizer, Moderna y otras, comunicaron casi por sorpresa el avance de sus trabajos en cuanto a consecución de las vacunas contra el covid-19, se produjo un amplio movimiento de optimismo en la sociedad y en el mundo económico. Hasta ahora, los procesos de nuevas vacunas requerían un tiempo dilatado de estudio, pruebas y validación. En cambio, ahora, en cuestión de pocos meses desde el inicio de la pandemia, se había producido este insólito paso de gigante.

El primer efecto económico de estos anuncios tuvo lugar en las Bolsas. Estas, de las que se dice que descuentan el futuro, experimentaron importantes subidas, que se añadieron a las que de por sí ya venían registrando, y una ola de optimismo invadió el mundo de los negocios. 

Bien es verdad que, en los medios internacionales, ese nuevo optimismo, y concretamente las previsiones de recuperación del crecimiento económico que subyacía, se trasladaban más bien hacia finales del tercer y cuarto trimestre del año 2021. Esta sensación era coherente con la naturaleza industrial, e incluso la llamada “cuaternaria”, de las economías europeas, incluida la economía española. A nosotros, en cambio, con la economía muy dependiente del turismo, aunque la noticia era muy buena, nos seguía cogiendo a contrapelo, pues para finales del tercer trimestre “se nos habría pasado el arroz” en cuanto a aprovechar la temporada turística.

Conforme pasaron las semanas entre aquellos anuncios y la producción efectiva de vacunas, concretamente la de Pfizer, que iba algo más adelantada, hubo un redoblado optimismo, que fue muy patente entre nosotros, aquí en las Pitiusas, de tal manera que algunos abrigaron la esperanza, en ese momento aparentemente correcta, de que para principios de verano ya estuviésemos todos vacunados. De hecho, la preocupación más extendida en esas semanas (hablamos de semanas, porque las cosas están discurriendo muy rápidas) a caballo entre final de 2020 y enero de 2021, no era que no hubiese vacunas, sino que hubiese ciudadanos que no se quisieran vacunar, algunos de colectivos que podían dar un mensaje inconveniente a la ciudadanía.

Como decimos en España, “pronto vino el tío Paco con la rebaja”. Aquí en Baleares y, en lo que más nos afecta, en las Pitiusas, aunque el Gobierno balear se mostraba muy satisfecho del proceso de vacunación que se estaba aplicando, enseguida caímos en la cuenta de que la dinámica de vacunación no nos llevaba muy lejos. Las patronales de Ibiza (CAEB, Pimeef, Federación Hotelera de Ibiza y Formentera, Fomento del Turismo de Ibiza, Cámara de Comercio de Ibiza y Formentera, Ocio de Ibiza) hicimos un cálculo y concluimos que al ritmo de vacunación de aquel momento (nos encontrábamos a principios de enero) se tardaría ¡unos 5 años! en vacunar a la población pitiusa para obtener la llamada inmunidad de rebaño. Y que si la pretensión era tener a toda la población vacunada, se necesitaría un ritmo semanal de unas 10.400 vacunaciones. En ese momento, la llegada semanal de vacunas a las Pitiusas era de 975 y de estas, el 50% se guardaba (con buen criterio de la autoridad sanitaria) para tener stock asegurado para la segunda dosis. Así, no se iba a ningún lado. Por cierto, esa precaución de guardar el 50% era indicativa de que la propia autoridad sanitaria no tenía clara la disposición real de vacunas.

Pronto se vio que el problema no sólo eran las Pitiusas, ni las Baleares. La lentitud en la vacunación alcanzaba a la propia España. Por aquellos días, también el presidente de Exceltur, el hotelero de la cadena Meliá, Sr. Escarrer, en un tuit hizo la cuenta a nivel nacional y le salía que habría que vacunar 300.000 personas al día para lograr una mínima normalidad en verano. Y por eso pedía un plan nacional de vacunación. Las alarmas ya habían saltado.

Pero es que hubo que dar un paso más. Y se constató que al parecer el problema era europeo. Y de ahí surgieron las noticias sobre la alta tensión existente entre las autoridades de la Unión Europea y las farmacéuticas. La conclusión era que esto de las vacunas no iba a ser un camino de rosas y, en lo que a nosotros, como economía muy vinculada al turismo nos afectaba, teníamos que caer del guindo y ser conscientes de que la probabilidad de que llegase la temporada turística, ya fuese esta en abril, junio o julio (como el año pasado en lo poco que hubo) sin vacunas era muy alta. En estos momentos en los que nos encontramos, aunque la situación ha mejorado algo, ojo: algo, no estamos ni de lejos en una “velocidad de crucero”. La conclusión provisional que entiendo que hemos de adoptar, parece clara: hay que intentar incrementar todo lo posible el proceso de vacunación, hay que ayudar al gobierno de nuestra Comunidad Autónoma a presionar al Gobierno de España, hay que concienciar a este de la necesidad de implementar una cierta discriminación positiva en favor de Baleares, y por ende de la Pitiusas. Porque somos de las comunidades más castigadas económicamente por la pandemia, pero también por interés general de la propia España. Cuando las Pitusas, las Baleares, las comunidades turísticas han funcionado a pleno rendimiento, esto ha traído grandes beneficios para el conjunto de la economía nacional. 

Pero si queremos ser realistas, hay que disponer de lo que se llama un plan B. Y ser realistas significa asumir de manera clara y decidida que el proceso de vacunación podría no acompañarnos en la medida satisfactoria que todos deseamos. Por ello, mientras esto no suceda, hemos de ser conscientes de que hay que convivir con el virus. Porque es imperioso que haya economía. Porque no se puede contraponer salud con economía si no queremos que lo que ganemos por una vía, lo perdamos por otra.

¿Y cómo se concreta este plan B? Sencillamente, con lo que ya existe, que es lo que se conoce como la política de semáforos de la Unión Europea, que ya se empezó a aplicar el año 2020 y que son los que autorizan o restringen la libre circulación de personas. Esta política atribuye cinco colores a los países y regiones en base a unos criterios epidemiológicos, siendo el más relevante el de la incidencia acumulada a 14 días por 100.000 habitantes. Concretamente, para poder circular es necesario que el origen y el destino de los viajeros estén en semáforo verde, que supone una incidencia acumulada de la enfermedad de menos de 25 casos por cada 100.000 habitantes. En realidad, también hay que citar el semáforo naranja, que se sitúa entre 25 y 150 casos. La referencia al mismo es porque en la práctica algunas autoridades europeas dieron alguna flexibilidad para moverse en niveles de alrededor de 50-100. Por ello, el objetivo es obtener una situación de semáforo verde o si acaso, naranja moderado.

Lo anterior significa que sigue siendo vigente la política general de “doblegar la curva”, aunque con medidas inteligentes -que siempre tendrán un punto de riesgo- que sean implementadas con liderazgo, que no creen problemas mayores que los que pretenden resolver y que no supongan, como dice la expresión bien conocida, “matar moscas a cañonazos”.

En este contexto, además, hay que recordar a nuestras autoridades regionales y nacionales la propuesta elevada por el Consell de Eivissa en el documento, consensuado con los agentes sociales, con entidades y con expertos y hoteleros de primer nivel, denominado “Plan Estratégico Temporada 2021”.

En ese documento, se establece una propuesta, acompañada de unos cálculos preliminares ilustrativos de logística, sobre procedimientos en puertos y aeropuertos para realizar un adecuado control de personas. Se trata de procedimientos que afectan tanto a Sanidad Exterior, cuyo trabajo es importantísimo en cuanto a movimientos internacionales, como a la propia Comunidad Autónoma, en cuanto a movimientos domésticos. Esta propuesta, que incluso podría inspirar un esquema a nivel del conjunto del archipiélago, como mínimo debería ser objeto de una consideración y, sin embargo, no se tiene constancia de que así haya sido.  

¿Significa lo anterior olvidarse de las vacunas? Todo lo contrario. La presión que debemos seguir haciendo desde las islas de Ibiza y Formentera, y desde Baleares en su conjunto, ha de ser máxima. Ojalá nuestros esfuerzos de presión den sus frutos. Sin embargo, con estas notas lo que deseo transmitir es que no sobra ninguna acción que nos permita tender a recuperar la apertura de la economía, como es el caso de la política de semáforos, que de momento hay que entender que sigue vigente. 

(*) José Antonio Roselló Rausell es economista, empresario y en la actualidad vicepresidente de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Baleares (CAEB) por Ibiza y Formentera.