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Industria telefónica

Tres vidas tiene un móvil

Las opciones de telefonía móvil sostenible ganan cuota de mercado y empresas como Smaaart, que vende dispositivos reacondicionados, duplican su facturación en el último año

Un operario de Smaaart repara un teléfono móvil.

Un operario de Smaaart repara un teléfono móvil.

Las opciones de telefonía móvil con voluntad de ser sostenibles ecológicamente ganan poco a poco cuota en un mercado limitado por la obsolescencia cada vez más precoz del ‘software’. Firmas como Smaaart, especializada en reacondicionado de móviles, ha multiplicado su facturación en los últimos años compaginando precios competitivos con una menor huella ecológica; así consiguen darle hasta tres vidas a un teléfono. Mientras otras marcas con algo más de trayectoria, como FairphoneTeracube o Shift consolidan sus modelos basados en celulares con vidas útiles más duraderas. 

Las iniciativas que buscan compaginar una ventana al mundo compactada en un dispositivo tecnológico que cabe en tu bolsillo y un cuidado responsable del medio ambiente no son nuevas. Como muestra, Fairphone, una marca fundada en Amsterdam en el 2013 y que se dedica a fabricar móviles de ‘comercio justo’. Vigilan que las condiciones laborales de todas las personas que intervienen en su cadena de producción sean dignas y intentan diseñar teléfonos que duren más tiempo que las marcas más condicionales. En septiembre del 2020 sacaron a la venta su tercer modelo.

Otro proyecto con una voluntad de minimizar sus impactos ecológicos es Teracube, un fabricante de origen estadounidense que ofrece cuatro años de garantía por sus terminales. Lo que incentiva la reparación de los mismos y el alargamiento de su vida útil. En ese sentido la alemana Shift explota un modelo similar. Ellos han creado un dispositivo ‘modular’, es decir, donde todas sus piezas son fácilmente sustituibles y las reparaciones baratas. La desventaja competitiva a corto plazo de estos tres modelos es el coste de los mismos, que no bajan de los 400 euros ninguno.

Ahí entra a competir el negocio de los móviles reconvertibles, que por un importe de entre el 30 y el 50% más barato ofrece terminales con menor huella ecológica. “Reacondicionar un móvil genera unos ocho kilos de CO2, mientras que uno nuevo genera unos 60 kilos de CO2. Además de los 56 kilos de materia prima que se necesitan extraer para fabricarlo”, cuentan desde la empresa de origen francés Smaaart. 

Una segunda vida tras el ere

Esta firma fue fundada originalmente en el sud de Francia hace más de 35 años, aunque en el 2011 adquiere una ‘segunda vida’. La dirección decide cerrar el servicio de posventa de móviles y echar a los trabajadores allí empleados. Solución: varios de los directivos cesados juntan sus indemnizaciones y crean esta marca, ahora especializada en el reacondicionado de móviles. El 2019 lo cerraron con una facturación de 10,5 millones de euros, en el 2020 facturaron 20,5 millones y este 2021 esperan cerrarlo en los 25 millones. Su cuota de mercado, poco a poco, crece; al igual que la de parte de su competencia; según reconocen. 

Esta empresa opera en el sur de Francia y ahora está empezando a expandirse por España y parte de Bélgica, siguiendo una filosofía de proximidad. Pues el transporte de los productos y de las materias primas es uno de los focos de mayor contaminación. Actualmente la industria de la telefonía móvil generalista se basa en una cadena triangular. En el África subsahariana, principalmente, se extra el litio para las baterías. Este se desplaza al sudeste asiático para la fabricación del terminal y luego el producto viaja a Europa o Estados Unidos, donde pasa finalmente al bolsillo del cliente. 

Software, pendiente

“Todo lo que sea intentar reutilizar materiales ya extraídos es positivo, especialmente en un territorio como la Unión Europea, que es dependiente de los materiales del exterior”, opina el investigador del Observatori del Deute Global (ODG) Alfons Pérez. Especialmente, según destaca, las baterías, que son una de las piezas más problemáticas. Pues el litio es un material limitado que se usa para muchos productos tecnológicos y cuyos índices de reciclaje son bajos.

Según explican desde Smaaart, son capaces de reacondicionar dos veces un teléfono de manera que su venta posterior siga siendo rentable, lo que les permite darle hasta tres vidas al dispositivo. Y, a tenor de entre 18 y 24 meses por uso, puede alargar su existencia hasta seis años. No obstante, el problema software viene siendo una de las principales trabas para alargar la vida útil de un teléfono. Ya que las aplicaciones cada vez son más exigentes con la terminal y provocan que, pese a que el ‘chasis’ esté bien, al motor le cueste responder. “No solo hay que reutilizar los teléfonos, sino que cada uso debe durar más tiempo”, insiste Pérez, del ODG.

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