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Comparador tarjetas solidarias

Ser solidario a golpe de tarjeta

Siete entidades bancarias permiten ayudar a oenegés con el uso de sus 'plásticos'

Abrir la cartera, sacar la tarjeta y pagar la cuenta. Este gesto repetido varias veces al día por la gran mayoría de españoles puede significar mucho más que una simple transacción, por lo menos si se realiza con una tarjeta solidaria. Organizaciones No Gubernamentales (ONG) como Acnur, Acción Contra el Hambre o Cáritas pueden salir beneficiadas de una tarde de compras de un ciudadano particular que pague con este tipo de ‘plástico’. De ahí el adjetivo de ‘solidarias’, su uso repercute en el proyecto social que el cliente elija. Aunque no todas las entidades cuentan entre su oferta con este producto financiero. Santander, Openbank, CaixaBank, Bankinter y Kutxabank son los bancos que apuestan por ellas; también lo hacen las cajas Laboral Kutxa y Cajasur.

Pero, ¿cómo funcionan exactamente? Suelen tener las mismas prestaciones que cualquier tarjeta de crédito y/o débito que se encuentra en el mercado, lo único que cambia es el porcentaje que el cliente o el banco, dependiendo de la modalidad, destina a una buena causa. En el caso del cliente, la donación se lleva a cabo por redondeo. Es decir, si paga una comida y el precio es de 12,40 euros, los 60 céntimos que faltan hasta los 13 euros los donará a la ONG elegida. Siguiendo este procedimiento los clientes de Openbank a través de la Tarjeta Solidaria de Openbank donaron 3,5 millones de euros en 2020. “El banco lo único que hace es tramitar la donación, pero el dinero sale de la cuenta del cliente”, explican desde el comparador financiero Help My Cash. Openbank da la opción al cliente de fijar tanto una cantidad máxima como una mínima de las donaciones que quiere realizar al mes. Una posibilidad que a ojos de Help My Cash resulta muy útil, “ya que si se usa mucho la tarjeta, podría ser difícil calcular cuánto dinero se está donando y que al final supere las previsiones del cliente”.

La otra modalidad de tarjeta solidaria consiste en que las entidades bancarias destinan una parte de su comisión a una organización específica, bien en forma de porcentaje o bien con importe fijo. CaixaBank contempla las dos opciones. Con la ‘Tarjeta Retos Paralímpicos’ dona parte de los ingresos que se generan por cuota y uso de la tarjeta, aunque no especifican a cuánto asciende ese porcentaje. Mientras que con la ‘Tarjeta Programa ONG’ cede 8 euros al año por cada tarjeta de débito y 16 euros por tarjeta de crédito. CaixaBank es la única entidad que cuenta con tarjetas solidarias disponibles en ambas formatos, crédito y débito. “Entre ambas opciones, en CaixaBank contamos actualmente con casi 37.000 tarjetas solidarias”, explican.

Por su parte, en Bankinter más de 4.300 clientes cuentan con una tarjeta Visa Solidarios. El banco enmarca estas tarjetas en una acción más global que implica también a directivos y empleados de Bankinter, ya que cada año organiza un certamen en el que los trabajadores y la comunidad de seguidores de Bankinter en redes sociales deciden mediante votación a qué proyectos van las donaciones.

Aparte de la gratificación personal que conlleva realizar una contribución social, las donaciones también suelen tener beneficios fiscales. Una deducción de hasta el 25% en la declaración de la renta. Una ventaja que no está presente en todas las tarjetas solidarias, ya que al ser la entidad bancaria la titular de la donación en la mayoría de estos ‘plásticos’, no le corresponde al ciudadano aplicarse esa deducción, sino al banco. Según el despacho ILM abogados, “las aportaciones de las entidades realizadas a las ONG sí son desgravables para lo cual estas tendrán que emitir el correspondiente certificado fiscal”. El caso de la Tarjeta Solidaria de Openbank es diferente. Aquí, el cliente sí aparece como donante, por lo que puede deducirse hasta un 75% en los primeros 150 euros de sus aportaciones del año y un 30% por el resto.

Con todo, Beatriz Oliver, secretaria técnica de Red de Finanzas Alternativas y Solidarias (REFAS) desaconseja el uso de este tipo de tarjetas por lo que ella considera “cuestiones morales”. Oliver acusa a las entidades bancarias de intentar arreglar a través de iniciativas como estas tarjetas lo que han “roto” con su sistema de financiación. “Realizan inversiones que destruyen varios aspectos de la sociedad, ganan X y después donan el 0,001% de ese X para paliar lo que han roto”, comenta. Para Oliver, la mejor forma de colaborar con una ONG es hacerlo de manera directa, “dejando a un lado a los bancos”. Menos tajantes se muestran desde Help My Cash, que aseguran que “la mejor forma de colaborar con una organización gubernamental es la que cada uno se proponga”.

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