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La economía de vivir más

La longevidad cambia las reglas del mercado y redefine ya el consumo, la vivienda y la economía española

Empresas, expertos e instituciones coinciden en que el aumento de la longevidad obliga a transformar sectores clave como la salud, los seguros, la tecnología o el mercado inmobiliario para responder a una población cada vez más envejecida

De izquierda a derecha: José de Juan Saboya, presidente de AEDESE; Lupina Iturriaga, cofundadora de SeniorExpert; Francisco Bilbao, director financiero de Otis para Iberia, África y Oriente Medio; Alberto Payo, periodista y moderador de la mesa; María Fortún, directora de Cuidado y Fomento de la Salud de SegurCaixa Adeslas; y Salvador Molina, presidente del clúster MAD FinTech.

De izquierda a derecha: José de Juan Saboya, presidente de AEDESE; Lupina Iturriaga, cofundadora de SeniorExpert; Francisco Bilbao, director financiero de Otis para Iberia, África y Oriente Medio; Alberto Payo, periodista y moderador de la mesa; María Fortún, directora de Cuidado y Fomento de la Salud de SegurCaixa Adeslas; y Salvador Molina, presidente del clúster MAD FinTech. / XAVIER AMADO

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Marcos Rodríguez

Marcos Rodríguez

Madrid

España envejece a un ritmo acelerado y ese cambio demográfico está dejando de ser una cuestión exclusivamente social para convertirse en uno de los grandes desafíos económicos de las próximas décadas. El aumento de la esperanza de vida, unido al descenso de la natalidad, está modificando la demanda de bienes y servicios, obligando a empresas e instituciones a replantear desde el diseño de las ciudades hasta la oferta de vivienda, los seguros, la asistencia sanitaria o el desarrollo tecnológico. Ese fue el principal mensaje que dejó el encuentro sobre Silver Economy organizado por EL PERIÓDICO, El Periódico de España, Prensa Ibérica y Activos, con el patrocinio de Adeslas y OTIS, donde representantes del ámbito empresarial, financiero y sanitario analizaron cómo afrontar una transformación que ya está impactando en el tejido productivo español.

El debate, moderado por Alberto Payo, periodista especializado en información económica, reunió a Francisco Bilbao, director financiero de Otis para Iberia; María Fortún, directora de Cuidado y Fomento de la Salud de SegurCaixa Adeslas; Salvador Molina, presidente del clúster MAD FinTech; Lupina Iturriaga, cofundadora de SeniorExpert; y José de Juan Saboya, presidente de AEDESE. Todos coincidieron en que el envejecimiento no debe contemplarse únicamente como un reto para las cuentas públicas, sino también como una oportunidad para desarrollar nuevos modelos de negocio, generar empleo y responder a una realidad demográfica que ya está transformando la economía.

El punto de partida es contundente. España figura entre los países con mayor esperanza de vida del mundo y las previsiones apuntan a que esa tendencia continuará durante las próximas décadas. El resultado es una sociedad donde cada vez habrá más personas mayores, con perfiles muy distintos a los de generaciones anteriores. Se trata de consumidores con mayor nivel formativo, una participación activa en la vida social y económica y unas demandas muy diferentes a las que tradicionalmente se asociaban a la tercera edad.

Precisamente por ello, Francisco Bilbao defendió la necesidad de abandonar una visión asistencialista del envejecimiento. “No podemos seguir hablando únicamente de personas dependientes; hablamos de ciudadanos que siguen consumiendo, viajando, trabajando y aportando valor durante muchos más años”, explicó. En su opinión, la denominada Silver Economy representa una transformación estructural de la economía que afecta prácticamente a todos los sectores productivos.

Ese cambio obliga también a revisar numerosos estereotipos. Durante décadas, la economía ha segmentado el mercado por generaciones relativamente jóvenes, mientras que el colectivo sénior ha permanecido prácticamente invisible para muchas empresas. Sin embargo, los expertos consideran que esa realidad ya no se corresponde con el perfil actual de las personas mayores.

“Estamos hablando de un colectivo tremendamente diverso”, recordó Bilbao durante el debate. No existe un único consumidor sénior, sino perfiles con necesidades, capacidades económicas y estilos de vida muy diferentes. Diseñar productos pensando únicamente en la edad cronológica supone, según explicó, uno de los principales errores estratégicos que todavía cometen muchas compañías.

Un mercado cada vez más decisivo

Las cifras explican por sí solas el interés creciente que despierta este fenómeno. El peso económico de los mayores aumenta año tras año y su capacidad de consumo se extiende a ámbitos tan diversos como el turismo, la alimentación, la cultura, la movilidad, la banca o la vivienda.

Para Salvador Molina, el cambio demográfico debe entenderse como una de las grandes palancas de transformación económica. La longevidad no es un problema; el problema sería no prepararnos para ella, considera Molina. “El aumento de la longevidad genera una economía de la longevidad, donde la sociedad y el estilo de vida cambian”, afirmó.

El presidente del clúster MAD FinTech insistió además en que la Silver Economy no constituye un sector independiente, sino una economía transversal que afecta a prácticamente toda la actividad empresarial. Desde la distribución comercial hasta el transporte, pasando por el ocio, la banca o la salud, todos deberán adaptar progresivamente su oferta a un consumidor que vivirá más años y que exigirá productos cada vez más personalizados.

Esa adaptación requiere, además, un cambio cultural dentro de las propias organizaciones. Molina advirtió de que muchas empresas siguen diseñando sus estrategias comerciales pensando únicamente en consumidores jóvenes, cuando el verdadero crecimiento del mercado se está produciendo precisamente entre los mayores de 55 años.

La transformación también afecta al mercado laboral. Los participantes coincidieron en que prolongar la vida profesional de forma flexible, aprovechar el talento sénior y favorecer la convivencia intergeneracional serán elementos esenciales para mantener la competitividad de la economía española. La experiencia acumulada deja de verse como un coste para convertirse en un activo estratégico en un contexto donde cada vez resulta más difícil encontrar determinados perfiles profesionales.

En esa misma línea, María Fortún defendió que las empresas deberán revisar sus políticas internas para responder a una realidad demográfica completamente distinta. “La diversidad también incluye la edad”, afirmó, recordando que la gestión del talento pasa por aprovechar el conocimiento de profesionales con trayectorias muy amplias sin renunciar a la incorporación de nuevas generaciones.

Vivienda e inteligencia artificial

Uno de los ámbitos donde esa transformación resulta más evidente es el de la vivienda. Los participantes coincidieron en que el parque residencial español debe adaptarse a una población que desea permanecer el mayor tiempo posible en su hogar. José de Juan defendió que el reto pasa por crear entornos más accesibles y acompañarlos de servicios que permitan mantener la autonomía de las personas. “En términos de vivienda, comienza a haber proyectos de ‘senior living’”, comentó, añadiendo que hay que comenzar a pensar en viviendas preparadas para las necesidades que tendremos dentro de veinte años.

La tecnología aparece como un aliado imprescindible para lograr ese objetivo. La inteligencia artificial, la monitorización remota o el análisis de datos permitirán anticipar problemas de salud, personalizar la atención y optimizar recursos. Sin embargo, los expertos insistieron en que la innovación debe estar siempre al servicio de las personas. “La tecnología solo tiene sentido si mejora la calidad de vida”, fue una de las ideas compartidas durante la mesa.

Otro de los grandes mensajes del encuentro fue la necesidad de apostar por la prevención. Francisco Bilbao recordó que el verdadero desafío no consiste únicamente en aumentar la esperanza de vida, sino en hacerlo con buena salud y autonomía. Según Bilbao, no se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor, defendiendo políticas que fomenten hábitos saludables y permitan retrasar la dependencia.

La adaptación también deberá producirse dentro de las propias empresas. María Fortún subrayó que el envejecimiento obliga a replantear la gestión del talento y combatir los prejuicios asociados a la edad. “La diversidad también incluye la diversidad generacional”, aseguró, reivindicando organizaciones capaces de aprovechar la experiencia de los profesionales sénior y favorecer equipos intergeneracionales.

En esa misma línea, Lupina Iturriaga advirtió de que muchas compañías siguen diseñando productos desde una visión demasiado homogénea de las personas mayores. Según ella, no existe un único perfil sénior, insistiendo en que la longevidad está dando lugar a consumidores cada vez más activos, digitalizados y exigentes, con necesidades muy distintas según su situación personal o económica.

El encuentro concluyó con una idea compartida por todos los participantes: el envejecimiento de la población ya no puede abordarse únicamente desde la óptica de las políticas sociales. Se trata de un fenómeno que afectará a prácticamente todos los sectores económicos, desde la vivienda y la salud hasta los seguros, el turismo, la banca o la tecnología. La llamada Silver Economy deja así de ser una tendencia de futuro para convertirse en una realidad que ya condiciona las decisiones estratégicas de empresas y administraciones. Adaptarse a una sociedad más longeva será, coincidieron los expertos, una de las claves para mantener la competitividad y aprovechar las oportunidades que abre uno de los mayores cambios demográficos de nuestro tiempo.

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Fuente: El Periódico

TEMAS

  • Economia
  • Vivienda
  • envejecimiento
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