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Entrevista

Maurici Mus, vicerrector de Ordenación y Política de Postgrado y Formación Permanente de la UIB: "La UIB hace balance del éxito alcanzado con el Plan Microcreds"

Nacido en Manacor en 1961, se licenció en Biología por la UIB. En el año 2000 obtuvo plaza para ejercer como docente de la UIB en la que es vicerrector desde 2021. Casado y con tres hijos, es amante de la música, la lectura y el senderismo

Mauricio Mus, en su despacho de Son Lledó | B. Ramon

Mauricio Mus, en su despacho de Son Lledó | B. Ramon

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¿Qué es y en qué consiste el Plan Microcreds?

Es un plan que, financiado con fondos europeos, surge del Ministerio de Universidades en 2021, siendo su titular Manuel Castells. Inicialmente lo etiquetaron como ‘proyecto semilla’ porque la idea del plan era ayudar a crear una cultura en las universidades de España para dirigir nuestros esfuerzos de formación a toda la sociedad, no solo a formar a jóvenes alumnos (como venimos haciendo), sino a recalificar a la propia sociedad. Por tanto, se proponía abordar un público mucho más amplio, en el bien entendido -además- de que el público universitario es limitado y va en descenso. Se trataba, pues, de repensar de algún modo la universidad para que ésta pudiera intervenir en la mencionada recalificación profesional y en la actualización de contenidos, también al público que no es o no ha sido universitario. De esa forma, el Plan Microcreds se articula para crear microcredenciales universitarias.

¿Qué son las microcredenciales?

Son formaciones cortas, de un máximo de 15 créditos (lo que equivale a 150 horas de formación) y no de un modo aleatorio, sino porque el objetivo es que quien los curse pueda compatibilizar esa formación con su vida profesional durante la jornada. Hablamos de personas adultas que, en su mayoría, tienen trabajo y familia y que, como norma general, no pueden ir a clase cada día. Por tanto, son formaciones muy cortas, muy específicas y competenciales. ¿Qué quiero decir con ello? Significa que esas formaciones no están pensadas para hacer introducción a la Filosofía, para entendernos, sino que van a lo concreto, a dotar al alumnado de unos conocimientos y unas habilidades concretas para su aplicación profesional específica.

¿Hay algún filtro para que el profesional o la persona que esté interesada pueda acogerse al Plan ?

El Plan Microcreds está circunscrito a las universidades públicas de España, con una financiación que ha llegado a los distintos centros universitarios previa tramitación de las respectivas comunidades autónomas. Lo primero que hizo el Ministerio es una valoración y ponderación del número de alumnos que, a través del Plan, puede formar cada universidad para otorgar a cada uno los aludidos fondos europeos. Ahí tiene en cuenta el tamaño de la comunidad autónoma respectiva y del número de universidades públicas existentes (en Baleares, había entonces y sigue habiendo en Baleares una sola universidad pública, que es la UIB. Por otra parte, al tiempo que otorgaban a la universidad ese dinero también exigían una serie de certificaciones; es decir, a curso vencido, había que acreditar un mínimo de alumnos que hubieran obtenido la microcredencial. No era tanto hacer cursos como de conseguir determinado número de personas que los hubieran aprobado. Pero enseguida se observó que la previsión numérica del Ministerio en ese sentido era desorbitada, de manera que se redujo el número de alumnos por formación. Más allá de eso, otro de los requisitos de acceso lo establece el parámetro de la edad, puesto que la formación se ha contemplado para alumnado cuya edad esté entre los 25 y los 64 años. Es decir, ha quedado fuera el perfil mayoritario de estudiante universitario y también las personas mayores que ya han dejado atrás la etapa laboral, para dar mayor importancia al aspecto productivo. En un principio, la financiación obtenida vía fondos europeos cubriría el 70% del coste total de la formación y el resto debería ponerlo cada alumno. Pero ¿qué ocurre? Que también se brinda la posibilidad de que una empresa o entidad, con interés concreto en un curso específico para sus trabajadores, pueda financiar ese 30% restante. Además de ello, otro de los criterios básicos del Plan Microcreds es que los cursos se organizan bajo demanda, de modo que la universidad no genera cursos que cree que son interesantes, sino que tiene que haber alguien de fuera que manifieste un interés por determinada formación. Con todo ello y en síntesis, se logra el objetivo que perseguía el Ministerio y las propias universidades: conectar la universidad con el mundo laboral.

Los sectores sanitario y educativo, los más proactivos

En palabras de Maurici Mus, «las microcredencialesson la culminación o la evolución de los títulos propios. Son de mucha menor duración, más específicos y más dirigidos».

Preguntado sobre cuáles han sido los sectores o ámbitos productivos más activos a la hora de solicitar formación (a través de las propias microcredenciales), Mus indica que «nos han llegado propuestas de formación de muy distintos sectores y de todo tipo». Así, subraya que «han sido sobre todo el sector sanitario y el de educación los que más se han movido en este sentido».

En el listado de entidades demandantes de formación a través de microcredenciales, el abanico es muy amplio: colegios profesionales, asociaciones, clústers, la propia Conselleria de Educación, grupos hoteleros, fundaciones…

Satisfecho y orgulloso, Mus afirma: «En las universidades españolas, a diferencia de lo que ocurre en otros países, no hay costumbre de que un profesional insertado en el mercado laboral vuelva a la universidad a recalificarse. Eso es lo que ha posibilitado (aunque el abanico se ha ampliado) precisamente el Plan Microcreds».

¿Pero la parte docente la abastece siempre la propia universidad?

Dependerá de las características de cada curso. Una vez planteado el interés de un agente externo, la universidad lo primero que hará es buscar en su tejido académico quién puede liderarlo y diseñar la formación en consonancia con el demandante. Pero también se dan casos en los que la propia entidad o empresa demandante de la formación aporta profesionales como docentes sobre la materia en cuestión. Es decir, no siempre el cuadro docente tiene por qué pertenecer a la Universitat de les Illes Balears. En todo caso, cabe decir que nuestra propia normativa, obliga a que un mínimo de un 10% de los docentes de cualquier formación que se imparta en la universidad deben ser profesores de la UIB. La razón es muy simple: no se trata de poner el sello a formaciones que hicieran por su cuenta otras entidades… En las últimas semanas, estamos trabajando en la UIB para tener todo convenientemente justificado, puesto que el Plan Microcreds culmina el 30 de junio de 2026, y ésa es la fecha límite para presentar toda la documentación requerida. Aunque, como he comentado, el Plan se articuló en 2021, el envío efectivo de dinero y su puesta en marcha no ser produjeron (para la UIB) hasta 2024.

Como usted dice, el Plan Microcreds llega a su fin. ¿Qué balance hace del mismo?

Entiendo que se han superado ampliamente las expectativas iniciales del Plan. Le hablé antes del ‘plan semilla’ y la terminología no es casual, puesto que la intención del Ministerio con el mismo era inyectar financiación (procedente de fondos europeos, reitero) para que las universidades generaran credenciales con esa red y siguieran posteriormente articulándolas, pero ya sin financiación externa. Es decir, formación sin financiación. Desde el momento en que ya tenemos la experiencia, tenemos la inercia, y nos hemos puesto de acuerdo las distintas universidades públicas españolas, se han podido definir unos criterios comunes: la idea principal es distinguir de un modo claro la formación (en este caso, las microcredenciales) universitaria con relación a otro tipo de formaciones; por ejemplo, aquellas que pueda ofrecer una academia. Una vez se tiene la marca, se trata de definir esos criterios comunes a los que aludía y establecer sinergias entre las propias universidades públicas en ese terreno, de modo que pueda competir en el mercado. ¿Cuál sería el valor diferencial de las microcredenciales universitarias? Sin duda, la calidad. Sistemas de calidad para evaluar el nivel de la propia formación, de los profesionales y de los profesores… En definitiva, certificamos competencias. La universidad certifica que la competencia objeto del curso está adquirida debidamente por el alumno. Y, sí, efectivamente, la UIB seguirá con microcredenciales universitarias -ya fuera del Plan Microcreds que las impulsó y ha terminado- como una estrategia de formación propia con mucho futuro.

Tienen un trabajo por delante...

Así es. ¿Cuál es nuestro reto ahora? Ajustar a mercado nuestras formaciones, que van a tener distintos precios según la demanda, según el colectivo al que nos dirijamos y según la formación que se imparta. Habrá que ajustar todas las piezas; no será fácil, pero en eso estamos. Y debemos ser competitivos frente a otras universidades, pero también competimos en el mundo global. Como universidad pública que somos, la financiación pública es para dedicarla a la formación no para enriquecer a la propia universidad ni para otros fines. Cuando el ministro Castells nos habló del Plan Microcreds, dijo: ‘Haced y equivocaros’, dándonos un colchón de seguridad que ahora no tenemos. En contrapartida, gozamos de la ventaja de la experiencia adquirida y de la convicción de que es la apuesta que la universidad necesita para evolucionar con la sociedad actual.

Además de vicerrector, es usted miembro del Patronato de la Fundació Universitat-Empresa de la Universitat de les Illes Balears (FUEIB). ¿Cómo valora la relación entre FUEIB, UIB, y el conjunto de la sociedad?

Creo que se ha logrado una sinergia muy importante. De entrada, cabe destacar que la FUEIB tiene una flexibilidad y una agilidad en sus actuaciones que no tiene la universidad, como ente público que es. Así las cosas, la FUEIB nos da la conexión con el mundo empresarial y con las entidades, actuando como interlocutora. A la propia universidad, le traslada el sentir, las exigencias, las demandas y las necesidades de las empresas. Y a las empresas les hace saber todo aquello que puede ofrecer la universidad. Por lo tanto, actúa en el doble sentido. Académicamente, podemos sentirnos muy orgullosos de nuestro papel, pero hay que poder llegar al conjunto de la sociedad, y hay que hacer saber las bondades del producto o servicio que ofrecemos. La FUEIB lleva en todo ello la parte económico-administrativa. Le diré además que ahora estamos también diseñando un futuro centro de formación permanente de la universidad, de la que la FUEIB será una parte importante.

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