Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Antònia Jaume, consejera delegada de Almacenes Femenías: «Los 90 años de la empresa no son un punto de llegada; son el mejor punto de partida»

En 2017 tomó el relevo de su padre, Gregorio Jaume, al frente de una empresa que él había transformado durante más de cinco décadas. Desde entonces lidera la diversificación estratégica del grupo hacia la especialización técnica y el interiorismo de alta gama.

Antonia Jaume. en su despacho, en Son Rossinyol de Palma

Antonia Jaume. en su despacho, en Son Rossinyol de Palma / B. Ramon

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Almacenes Femenías cumple 90 años. ¿Qué significa este hito para usted y para la familia?

Llegar a 90 años no ha sido fácil. Detrás hay cultura de trabajo, constancia y una visión que se ha transmitido de generación en generación. Todo empezó en 1936, en plena Guerra Civil, cuando nuestro abuelo Jaime Femenías comenzó a repartir materiales de construcción con un transporte de tracción animal, muy básico, pero fundamental para lo que vendría después. Desde entonces, cada generación ha añadido algo: visión, rigor, personas... Hoy, cuando veo el equipo que tenemos y los proyectos que acompañamos, entiendo que los 90 años no son un punto de llegada. Son el mejor punto de partida.

¿Cuáles son los principales hitos que han marcado la trayectoria de la empresa?

Hemos crecido de forma orgánica y coherente. El primer gran paso fue abrir los puntos de venta en Llucmajor, Playa de Palma y Palma, siguiendo la expansión turística de Mallorca, una etapa que mi padre, Gregorio Jaume, impulsó con una visión muy clara de hacia dónde iba la isla. Con los años, ampliamos nuestra oferta hacia materiales cada vez más técnicos y, más recientemente, hacia el interiorismo. Ese salto nos diferencia: ya no solo suministramos materiales, sino que acompañamos proyectos completos. Siempre con marcas de referencia, tanto españolas como europeas, que cumplen con los estándares más exigentes. Y hemos incorporado al grupo Arquima, una empresa referente en construcción industrializada con madera. Es un paso que dice mucho de hacia dónde queremos ir.

Llevan décadas viviendo de cerca la evolución del sector de la construcción en Mallorca. ¿Cuáles han sido los momentos más determinantes?

La construcción en las islas es apasionante y compleja a la vez. Vivimos el boom turístico de los años 60 desde primera fila, en Playa de Palma y Arenal. Fue una época de mucho movimiento, aunque se construyó sin demasiada planificación. Hoy la situación es diferente: hay una necesidad real de vivienda asequible, especialmente para los jóvenes, y eso exige rigor y rapidez. El mercado nos pide soluciones técnicas más avanzadas, y ahí tenemos mucho que aportar.

¿Cuál es el secreto detrás de una empresa que sobrevive y crece durante nueve décadas?

Si dijera que hay un secreto, mentiría. Hay algo más difícil de copiar: la convicción de que una empresa no es sus instalaciones ni su catálogo, sino las personas que la hacen posible cada día. Las que trabajan con nosotros y las que llevan décadas confiando en nosotros. Hoy somos más de 70 familias las que dependemos de que esto funcione bien. Cuando lo ves así, la responsabilidad cambia de naturaleza. Ya no es solo gestión; es compromiso.

La tercera generación está cediendo el testigo a la cuarta. ¿Cómo se vive esa transición desde dentro?

Con mucha ilusión y también con mucha responsabilidad. Mis hermanos y yo hemos querido que la incorporación de nuestros hijos fuera por vocación, nunca por imposición. Por eso les pedimos que antes de incorporarse trabajaran en otras empresas y sectores. Eso les ha dado una visión más amplia, les ha permitido conocer otras formas de dirigir y enriquecerse como personas. Hoy todavía no ocupan cargos directivos — y así lo hemos decidido conscientemente. Que tengan los pies en el suelo, que aprendan, que escuchen al equipo. Deben saber que el liderazgo se construye día a día, no se hereda.

¿Qué singularidades tiene gestionar una empresa familiar frente a otras formas de organización empresarial?

La empresa familiar tiene una ventaja que pocas estructuras pueden igualar: la visión a largo plazo. No respondemos a accionistas trimestrales. Pensamos en el legado, en el equipo, en la comunidad. Al mismo tiempo, eso exige una gran madurez: saber separar lo familiar de lo profesional, tener protocolos claros y rodearte de colaboradores que complementen tus capacidades. Hemos construido un equipo cada vez más profesionalizado, con planes de carrera reales, y eso ha sido clave para que la siguiente generación encuentre una base sólida sobre la que crecer.

La sostenibilidad y la normativa europea marcan cada vez más el sector. ¿Cómo se están preparando?

Es uno de los grandes ejes de nuestra estrategia. El nuevo Código Técnico de la Edificación, que previsiblemente se publicará a finales de 2026, y el Reglamento europeo de productos de construcción, que podría entrar en vigor en 2028, van a transformar el sector. Nosotros ya estamos posicionados: trabajamos con marcas que cumplen los certificados más exigentes de la UE y que sitúan la salud, la eficiencia y la transparencia como valores centrales. Y la integración de Arquima en el grupo refuerza exactamente esa dirección: son referentes en construcción industrializada con madera, un modelo constructivo descarbonizado, eficiente y saludable. No es una adaptación de última hora; es parte de nuestra identidad.

Como decía, han incorporado recientemente Arquima al grupo. ¿Qué supone esta incorporación y qué aporta a la visión de Almacenes Femenías?

Es, sin duda, una de las decisiones más importantes que hemos tomado en los últimos años, y de las que más orgullosa me siento. Arquima es una empresa referente en construcción industrializada con madera: edificios eficientes, saludables y de muy bajo impacto ambiental. Tienen 10.000 metros cuadrados de instalaciones dedicadas a industrializar soluciones constructivas en madera, forman parte de asociaciones como la AECI y la Plataforma Passivhaus, y tienen una capacidad técnica extraordinaria. Para nosotros, incorporarlos al grupo es una apuesta clara por el futuro de la construcción: más sostenible, más industrializada, más centrada en las personas. Encaja perfectamente con lo que somos y con lo que queremos ser.

¿Cómo describiría al equipo del grupo hoy?

Con mucho orgullo. Son 70 personas que han elegido estar aquí. Hemos invertido en planes de carrera, en formación, en hacer que cada persona sienta que su trabajo tiene sentido. Sin un equipo comprometido, no hay estrategia que funcione. Es así de simple. Y es la parte que más me importa de todo lo que hacemos.

¿Cuál es el perfil de su clientela hoy? ¿Cómo ha evolucionado?

Hemos evolucionado mucho. Empezamos siendo un proveedor de constructores y promotores. Hoy nuestra clientela es mucho más diversa: profesionales del interiorismo, arquitectos, particulares con proyectos de reforma exigentes. El nivel de información y de exigencia ha crecido enormemente, y eso nos impulsa a estar siempre actualizados, tanto en producto como en asesoramiento.

El acceso a la vivienda es uno de los grandes problemas de Mallorca hoy. ¿Cómo lo vive desde su posición y qué papel puede jugar una empresa como la suya?

Lo vivimos muy de cerca y con preocupación. Mallorca tiene un problema estructural de vivienda asequible que afecta especialmente a los jóvenes y a las familias con ingresos medios. Es una situación que no se resuelve sola y que exige voluntad política, pero también capacidad técnica e industrial del sector. Ahí es donde creemos que podemos aportar. La respuesta pasa, en parte, por traer a la isla los mejores sistemas constructivos disponibles en Europa: soluciones más eficientes, más rápidas de ejecutar y con costes más predecibles. Eso es exactamente lo que llevamos años haciendo — seleccionar, importar y acompañar la aplicación de productos y sistemas que aquí todavía no eran accesibles. No somos los que construyen, pero sí los que permiten construir mejor. Y, en un contexto como el actual, eso tiene más valor que nunca.

Retos para el medio y el largo plazo

Acerca de los retos de Almacenes Femenías, Antònia Jaume afirma: «El principal reto es seguir siendo relevantes en un mercado que cambia muy rápidamente. Eso implica digitalización, actualización constante del catálogo, formación del equipo y, sobre todo, mantener la cercanía con el cliente que siempre nos ha definido. Hay mucho trabajo por hacer, y eso nos ilusiona».

Por otra parte, respecto al papel que juega su compañía en el ecosistema empresarial de la isla, explica que «Mallorca es una isla pequeña y eso hace que las relaciones sean muy directas. Llevamos décadas trabajando con el sector hotelero (importante para nosotros), con las mismas familias de constructores, con arquitectos que han crecido profesionalmente a la vez que nosotros, con clientes que han reformado su primera vivienda con nosotros y años después nos llaman para el siguiente proyecto. Eso no tiene precio. Nos sentimos parte del tejido productivo de esta isla, y esa responsabilidad la tomamos muy en serio. No somos solo un proveedor; intentamos ser un socio de confianza para quien construye o reforma en Mallorca».

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

  • Construcción
  • Economia
  • Vivienda
  • Mallorca
  • Trabajo
Tracking Pixel Contents