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Arturo Pérez de Lucia: «Cada puerto debe electrificarse según su impacto, tráfico y papel en la red logística»
Arturo Pérez de Lucia es Director general del Clúster de Movilidad Eléctrica AEDIVE y vicepresidente de E-Mobility Europe
Licenciado en Ciencias de la Información, posee una extensa trayectoria previa de más de 20 años en la dirección de varias publicaciones profesionales; por otra parte, es aficionado al submarinismo y al boxeo.

Arturo Pérez de Lucia estará en Palma el 8 de junio | / AEDIVE
¿Tiene España obligaciones ligadas a la electrificación de puertos?
Sí, pero no vienen de una única norma, sino de un marco regulatorio europeo bastante claro y cada vez más exigente. La principal referencia es el reglamento europeo AFIR, que es de aplicación directa, por lo que España está obligada a cumplirlo y en 2030 será obligatorio disponer de OPS (electricidad en muelle) en los puertos principales. Otros marcos que presionan son el paquete Fit for 55, que exige una reducción de emisiones del 55% en 2030 y que afecta directamente al transporte marítimo, y el FuelEU Maritime, reglamento de la Unión Europea que establece límites progresivos a la intensidad de gases de efecto invernadero de los combustibles utilizados por los buques. Pero más allá de la norma, es una cuestión de competitividad: quien no se electrifique, se queda fuera del sistema logístico del futuro.
¿Tenemos ya en España puertos electrificados?
Prácticamente todo el sistema portuario está en transición y ya hay varios puertos que han empezado a electrificarse o incluso tienen sistemas operativos. El caso más avanzado es el puerto de Cádiz, junto con Barcelona y Valencia, además de Algeciras, Balears, Bilbao, Vigo y Alicante. El gran salto se producirá de aquí a 2030. En el caso concreto del puerto de Palma, su electrificación está integrada dentro de un proyecto más amplio de transformación que contempla la reordenación de unos 400.000 metros cuadrados, con una mejor integración puerto-ciudad, la reducción del impacto ambiental, la modernización logística y energética y, todo ello, con una inversión global cercana a 200 millones de euros. La Autoridad Portuaria de Balears prevé tener el anteproyecto definitivo a comienzos de 2027.
¿Es posible electrificar los puertos de forma eficiente para dar respuesta a las necesidades de los barcos y de los servicios en tierra?
Sí, es posible. La cuestión no es si se puede, sino cómo y a qué ritmo queremos hacerlo. La electrificación de los puertos es viable y ya está en marcha en muchos enclaves europeos. Tecnologías como el Onshore Power Supply (OPS) permiten que los buques se conecten a la red eléctrica en puerto, con lo cual se reducen emisiones, ruido y consumo de combustibles fósiles durante las escalas. Por tanto, desde el punto de vista técnico, la electrificación es una realidad, pero un puerto electrificado es casi una ‘miniciudad energética’. El reto está en la capacidad de la red, pues los puertos van a necesitar mucha más potencia eléctrica, infraestructuras de media y alta tensión e integración con renovables. Esto va a implicar también mucha inversión en CAPEX para adaptar muelles, subestaciones y redes internas; equipar terminales para suministro a buques y digitalizar la gestión energética, aunque habrá retorno en eficiencia energética, sostenibilidad y competitividad. Y, sin duda, coordinación público-privada entre autoridades portuarias, operadores eléctricos, navieras y administraciones.
¿Todos los puertos necesitan el mismo nivel de electrificación?
Cada puerto debe electrificarse en función de su impacto, su tráfico y su papel en la red logística. La electrificación portuaria no debe plantearse como un modelo único, sino como una solución adaptada al tipo de tráfico, operativa y necesidades de cada puerto porque no todos funcionan igual.
¿Y cuál sería el criterio a valorar?
Los puertos con alta estancia en muelle (ferris, cruceros) tienen la máxima prioridad por su gran impacto ambiental y por estar muchas horas conectados. Los puertos de contenedores tendrán una electrificación progresiva porque los barcos tienen estancias más cortas y hay una mayor complejidad operativa. El resto de los puertos tendrá una electrificación selectiva porque su impacto es menor y es más difícil justificar grandes inversiones. Además, no todo es suministro a buques. También hay maquinaria portuaria, grúas, vehículos internos y logística terrestre. En muchos casos, electrificar operaciones en tierra tiene incluso más impacto inmediato.
¿Qué impacto real tiene la electrificación de los puertos en la calidad ambiental de las ciudades portuarias?
La transición energética no puede entenderse de forma aislada, sino integral y, por eso, la electrificación de los puertos no es solo una cuestión de infraestructuras, sino también de coherencia ambiental en el entorno urbano. En muchas ciudades portuarias se están impulsando medidas para reducir emisiones, desde la electrificación del tráfico rodado hasta sistemas de calefacción más eficientes. Sin embargo, estos esfuerzos pierden parte de su efecto si, a escasos metros, buques y cruceros continúan quemando combustibles fósiles durante sus horas de escala. El impacto es especialmente relevante en puertos con alta actividad de pasajeros, donde los barcos permanecen atracados durante largos periodos, con lo cual generan emisiones contaminantes en zonas densamente pobladas. En este contexto, la electrificación de los muelles -permitiendo a los buques conectarse a la red eléctrica en lugar de utilizar sus motores de combustión auxiliares- se perfila como una pieza clave para reducir la huella ambiental de las ciudades portuarias.
¿Debe preocupar en España que Marruecos esté invirtiendo seriamente para modernizar y electrificar sus puertos, haciéndolos atractivos para las empresas europeas a la hora de deslocalizar sus fábricas?
Más que preocuparnos, debería ocuparnos. España no parte de cero. Contamos con una de las redes portuarias más potentes de Europa, gestionada por Puertos del Estado, que ya operan como nodos logísticos clave entre Europa, África y América. Marruecos está haciendo bien su trabajo: invierte, moderniza y gana competitividad, buscando competir en coste y atracción industrial. Pero eso no invalida las ventajas estructurales de España, como una ubicación estratégica única en las principales rutas marítimas; infraestructura portuaria consolidada y diversificada; conexión con redes logísticas europeas (ferrocarril y carretera) y un ecosistema industrial y tecnológico más desarrollado.
¿Qué nos está indicando esta realidad y cómo debería actuar España?
No competimos solo en coste. Competimos en capacidad, integración y valor añadido. Ahora bien, la inversión de Marruecos no es una amenaza aislada. Es una señal de que el futuro portuario pasa por puertos más sostenibles, electrificación de operaciones, digitalización logística e integración con la industria. Ahí, España tiene una oportunidad enorme para mantener la competitividad si somos capaces de acelerar la electrificación de nuestros puertos, conectarlos mejor con la industria y la energía y posicionarlos como
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de transición energética. Con 46 puertos de interés general, frente a una docena de puertos logísticos y de transporte marítimo relevantes en Marruecos, el potencial de España está en otra liga.
Hablamos de electrificación de puertos, pero ¿se pueden electrificar barcos en la misma medida?
La gran diferencia respecto a los puertos está en las limitaciones energéticas. Electrificar un puerto es más directo porque la infraestructura está fija; en el mar, el reto es almacenar suficiente energía a bordo. Por eso, la electrificación total funciona mejor en trayectos cortos o predecibles, mientras que en largas distancias aún convive con soluciones híbridas. Empresas españolas como Baleària están inmersas en la electrificación de su flota para alcanzar cero emisiones. Actualmente, operan ferris eléctricos (como el Cap de Barbaria en Ibiza-Formentera) y están construyendo dos fast ferries eléctricos que operarán entre España y Marruecos (Tarifa-Tánger) para 2028. Hay casos que demuestran claramente su viabilidad a gran escala: proyectos como el Yangtze Electrificado -el corredor de energía limpia más grande del mundo, formado por seis megacentrales hidroeléctricas en cascada a lo largo del río Yangtsé, en China- han desplegado buques de carga eléctrica de miles de toneladas, evidenciando que la propulsión eléctrica no se limita a pequeñas embarcaciones, sino que puede escalar a la logística comercial.
¿En qué sectores puede ser especialmente beneficiosa la electrificación?
En segmentos como el turismo y el lujo, la electrificación ya es una ventaja competitiva. Los nuevos cruceros eléctricos en entornos sensibles -como fiordos o ríos protegidos- no solo reducen emisiones, sino que ofrecen una experiencia sin ruido ni vibraciones. En paralelo, sectores exigentes como el de defensa están adoptando esta tecnología por razones tácticas, en vehículos submarinos o buques no tripulados. Además, los buques eléctricos más avanzados ya incorporan gestión energética con IA y automatización, optimizando rutas, consumo y operaciones como el atraque.
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