Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Marratxí, ‘terra de fang’... con falta de relevo generacional

Los 12 negocios del ramo en el municipio ven amenazada seriamente su continuidad en el futuro a medio plazo

Elionor Amengual espera que su hija Lluïsa, de 11 años, le tome el relevo en el negocio el día de mañana.

Elionor Amengual espera que su hija Lluïsa, de 11 años, le tome el relevo en el negocio el día de mañana. / Manu Mielniezuk

En Marratxí, sobre todo, en los núcleos de Pòrtol y sa Cabaneta, el trabajo con el barro para obtener todo tipo de piezas es una de las banderas del municipio y una de sus principales señas de identidad. Un oficio desarrollado de manera artesanal, cuyos secretos y fórmulas han ido pasando de padres a hijos. Pero en los últimos tiempos, los ceramistas de la localidad ven amenazada la continuidad de esta singular profesión a causa de la falta de relevo generacional.

Las 12 empresas dedicadas a la cerámica en Marratxí (nueve son ollerías y tres, siurellerías) viven con preocupación esa alarmante realidad. Elionor Amengual es quien lleva el rumbo de la ollería Can Bernadí, en Pòrtol (para más señas, ubicada en la calle dels Ollers), al tomar el relevo de su padre y gran maestro, Pere Amengual, tras su fallecimiento en 2020.

Elionor, de 47 años, es madre de una niña de 11, Lluïsa, en quien tiene depositadas ciertas esperanzas para que el negocio familiar (inaugurado en 1806) pueda alcanzar una nueva generación (sería ya la séptima). «Mi hija apunta maneras, si bien aún es muy joven para saber si querrá seguir en el negocio o si simplemente trabajará con el barro como afición. Tiene unas manitas muy ágiles y una motricidad fina muy desarrollada. Veremos qué ocurre en el futuro…», subraya la orgullosa madre.

Más allá de la circunstancia personal y de la decisión de futuro de su hija, Amengual observa en términos generales un panorama «negro» en relación con el relevo generacional. Ella misma explica las razones. «Es un oficio bastante esclavo, puesto que tienes que estar en todo momento pendiente de la pieza, que constantemente necesitará arreglos y atención. Una pieza no se empieza y acaba el mismo día. De hecho, hasta completarla (con el añadido de asas o la pintura de cenefas, por ejemplo) puede tardar una semana. En nuestro oficio, no vale cortar un viernes y retomar un lunes. Y la juventud de hoy no quiere llevarse a casa quebraderos de cabeza ni problemas. Actualmente, los trabajos más cómodos son aquellos en que tienes todo el fin de semana libre para hacer tus cosas. En nuestro caso, eso no es posible».

Desde el Ayuntamiento, la regidora de Cultura, Cerámica y Patrimonio, Carmen Cañellas, certifica la dificultad de la situación. «Respecto del relevo generacional, quisiera ser optimista, pero es complicado. La situación no viene de ahora. Ya antes de ser concejala, como vecina de Marratxí, departía con los responsables de ollerías y siurellererías y constaté ese problema. Las futuras generaciones, los descendientes de los ceramistas, no se quieren dedicar a ello. Es un trabajo muy complicado y a menudo poco reconocido; desde el Ayuntamiento, y en concreto desde mi área, nos corresponde reconocer y promocionar su oficio y prestarle el máximo apoyo que podamos en todos los sentidos. Entre otras cosas, en materia de concienciación ciudadana respecto del complejo proceso que conlleva la elaboración de cualquier pieza».

Llama la atención, en cualquier caso, la paradoja que se produce al no haber -hablando en términos generales- relevo generacional en las empresas ceramistas del municipio pese al creciente interés de la población -también en términos globales, no solo en Marratxí- por la artesanía y, en concreto, por la cerámica, en especial tras los tiempos de la Covid-19. «Es cierto que vivimos un boom, un auge, en este sentido. Todo el mundo quiere tener su propia vajilla cerámica, por poner un ejemplo, pero por lo expuesto anteriormente (las dificultades inherentes al oficio) es difícil que una persona decida hacer de ello su profesión». Aunque de haberlas, hay. Lo refiere la propia concejala. «En los dos años anteriores, a través de la formación mixta con el SOIB, iniciado por el anterior equipo de gobierno, dos personas que estaban en paro hicieron el curso y ahora mismo están trabajando en una ollería». Cañellas explica asimismo que, para este año, no se encontró formador para la realización de esa misma formación, de modo que el curso no se convocó.

A propósito del aprendizaje del oficio, Elionor Amengual tuvo en su padre a su gran maestro. «Mi padre era de aquellas personas que no se rinden, que perseveran. Cuando una pieza no le salía cómo deseaba, la repetía las veces que hiciera falta hasta conseguir el resultado deseado. Tenía un espíritu de superación encomiable. Y tuvo siempre mucha paciencia para enseñarme el oficio». Amengual añade que «el trabajo en sí mismo es un reto, un reto de superación: Siempre debes seguir adelante y no debes dejar que nadie te diga: ‘Mira, es que esto no se puede hacer con barro’, porque con barro se puede hacer cualquier cosa hoy en día». Amengual también recibió consejos de su abuelo, del que destaca su pulcritud en el desarrollo de la actividad. «Parecía que no trabajara, porque siempre iba con su delantal y su ropa muy limpia. Era autoexigente, perseverante y lograba piezas muy finitas».

Tras muchos años en el oficio, Amengual reconoce que «vas aprendiendo cada día a lo largo de los años, y no es una frase hecha, sino una realidad. Aunque sigas el mismo procedimiento para elaborar una pieza que en ocasiones anteriores, hasta que no abres la puerta del horno no ves el resultado. Más allá de eso, también vas aprendiendo de forma constante cuando quieres probar colores nuevos o nuevas técnicas». Y añade a continuación: «Este oficio requiere muchos años de práctica, práctica y más práctica; no es algo que se aprenda en dos días, ni en dos años. Si no trabajas a diario con el barro, no conseguirás la perfección de las piezas bien hechas. De hecho, la perfección no existe, porque una pieza hecha a mano no es perfecta. Digamos que su ‘perfección’ está precisamente en eso; cada pieza es única y distinta. Si viene alguien a Can Bernadí y me dice que todas las piezas son iguales, le hago ver que está equivocado. Son piezas artesanales y, precisamente por ello, no son iguales. Incluso los dibujos, hechos con pincel, tampoco lo son».

En todo caso, Amengual combina tradición y modernidad en su taller de Pòrtol. «Toda la vida he visto los plats morenos y el barro marrón, pero también he querido actualizarme, porque me interesan mucho las piezas modernas. Asimismo -confiesa- me he subido al tren de la personalización, algo que a la clientela le gusta mucho: tener una vajilla diseñada para ellos, no solo eligen el dibujo, sino también el modelo y los colores».

Amengual tiene un reto muy claro en su trabajo: que sus piezas tengan una identidad propia. «Cada profesional tiene su forma de hacer las cosas. Yo no soy ollera, soy ceramista. Cuando mi padre murió, tomé su relevo porque no quería cerrar un negocio y un oficio en el que él trabajó toda su vida y me enseñó con gran paciencia. El hecho de que sea un negocio centenario me dio aún más fuerza para seguir. Lo que yo quiero llegar a conseguir es que, cuando vean una pieza, reconozcan de quién está hecha, quiero que tenga mi firma, la de Can Bernadí, que sea una pieza que pueda reconocerse».

Escola y Fira del Fang

El enraizamiento y la importancia del barro en Marratxí tiene dos ejemplos claros en l’Escola de Ceràmica, constituida en 1991 por Pilar Sastre, y la Fira del Fang, que en marzo vivió su edición número 41. «En cada curso de l’Escola de Ceràmica tenemos lista de espera. Para este curso, hemos cubierto 72 plazas, lo cual ha supuesto casi doblar la oferta del curso anterior. Hay clases dedicadas al barro manual y cursos de torno (iniciación y avanzado). Es una herramienta más, un brazo más, que tenemos para dar a conocer esta tradición del municipio y, sobre todo, el proceso de elaboración de las piezas», asevera Carmen Cañellas.

Por otra parte, la Fira del Fang de Marratxí es todo un referente para el sector en España e incluso en otros países. «Alcanzar 41 ediciones de la Fira es un hito histórico y una muestra de que el fang es muy importante en nuestro municipio. Independientemente de quién haya gobernado, hemos estado todos de acuerdo en mantener esta feria, que se creó como motivo de homenaje a esta tradición y a quiénes trabajaban en el sector», señala.

La regidora de Cerámica destaca que «al final, de lo que se trata es de poner en valor toda esa artesanía y todo ese proceso que demanda el trabajo con el barro: desde la materia prima, que es la tierra, pasando por la cocción y el esmaltado hasta el producto final. El ‘fang’, en definitiva, es nuestro orgullo y el elemento que nos proporciona sentimiento de pertenencia a nuestro municipio». En el mismo sentido, Elionor Amengual afirma: «El fang en Marratxí es un símbolo de un oficio muy antiguo. Con el paso del tiempo se ha modernizado, pero es uno de los pocos oficios en el que no intervienen demasiado las máquinas; las manos siguen teniendo un papel crucial. Por tanto, a pesar de cierta modernización, sigue siendo un oficio artesanal, desarrollado con las manos».

El ‘fang’, embajador de Marratxí

El fang, además de un signo identitario de Marratxí, es un perfecto embajador del municipio. El trabajo de los ceramistas locales llega a muchos jardines, cocinas y estancias varias de Mallorca, del resto de Balears y de otros países. «Mi clientela, en su gran mayoría (un 80%), son mallorquines. El fang es algo muy arraigado en la isla y la gente compra piezas para regalar, cocinar o decorar. Y el resto son extranjeros, personas que suelen tener segunda residencia en Mallorca, y la decoran al estilo mallorquín», explica Elionor Amengual. En ocasiones, los clientes son mundialmente conocidos. «Según me contaron mi abuelo y mi padre, un día recibieron un encargo de macetas para la finca de S’Estaca, en Puerto de Valldemossa, propiedad del actor Michael Douglas. La anécdota fue que el día de la entrega el personal de seguridad de la finca no les dejaba entrar con la furgoneta porque creían que eran vendedores ambulantes…».

El ‘fang’, embajador de Marratxí

El ‘fang’, embajador de Marratxí / .

Recientemente, Amengual recibió del Govern el encargo de elaborar platos cerámicos, con la inscripción ‘Emblemàtics’, con los que la Conselleria de Empresa, Autónomos y Energía (y los respectivos ayuntamientos) distinguen la singularidad y la larga trayectoria de establecimientos comerciales del conjunto de Balears. La propia Can Bernadí, cuyo origen se remonta a 1806, ha sido merecedora de ese ‘sello’ distintivo.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

  • Trabajo
  • Economía
  • empresas
  • Marratxí
  • Activos Mallorca
  • Valldemossa
  • artesanía
  • Artesanía de Mallorca
Tracking Pixel Contents