Álvaro Elvira, CEO de Port Calanova: "Potenciamos mucho el carácter de puerto familiar vinculado al deporte"
Nacido en Madrid en 1988, es licenciado en Administración y Dirección de Empresas y pertenece a una familia dedicada al mundo de la empresa. A los 24 años emprendió un negocio en Túnez. Casado y con dos hijas (una tercera, en breve), Elvira es un apasionado del deporte, actividad que utiliza «para socializar».

Álvaro Elvira marca el rumbo de Port Calanova / B. Ramon
¿Qué siente al cumplir Port Calanova 50 años?
Para mí, es algo muy bonito. Suelo referirme a Calanova como mi primer bebé, puesto que a mi llegada aquí aún no era padre de mis dos hijas. Es muy agradable formar parte de un sitio en el que muchas personas tienen referenciada su infancia, su lugar de veraneo. No es un negocio como otro cualquiera, sino que sentimos que formamos parte de la historia de una comunidad y que, por esa misma razón, el impacto es mucho mayor. Esa trascendencia es emotiva, de modo que el 50 aniversario de Port Calanova no es solo de quienes lo dirigimos o trabajamos en el mismo, sino que es del barrio, es de todos. A pesar de ser una empresa y una gestión privadas (en régimen de concesión de Ports de les Illes Balears hasta 2042), siempre hemos cedido nuestras instalaciones y hemos sido abiertos. Siempre tratamos de decir que esto no es solo nuestro, es de todos los que participan y han participado en dar vida a este puerto, siempre desde la responsabilidad que nos otorga la concesión.
¿Cómo vivió personalmente su llegada a Calanova en 2013?
Hasta 2012, Calanova estaba gestionado públicamente, era deficitario y, en un contexto de grave crisis económica y con las arcas públicas en dificultades, se decidió privatizar. Si hablábamos de bienes de lujo, no tenía sentido que un amarre le costara dinero al contribuyente a través de sus impuestos. A mí me tocó lidiar ese cambio. Mi percepción es que, tras las lógicas dudas y posturas en contra o no favorables al cambio, ahora el barrio está muy contento porque también le ha venido bien la inversión realizada para la dinamización de San Agustín.
¿Cuáles son las líneas de negocio de Port Calanova a día de hoy?
Como Port Calanova, consideramos que atendemos dos tipos de necesidades, las del cliente y las del barco. Si bien puede parecer a priori que son dos estadios separados, a menudo (por no decir en la mayoría de los casos) convergen de un modo muy claro. Si hablamos de impacto económico para la empresa, pesa más (del orden de un 70%) la parte portuaria, pero la que nos aporta la singularidad son las actividades que llevamos a cabo. Tenemos productos desde 15 euros (kayak) a un chárter de 20 metros de eslora, que son 5.000 euros. Desde ahí, nuestra responsabilidad o nuestra filosofía es poder dar todo el abanico de posibilidades para que sea el cliente el que elija. Siempre nos hemos enfocado en ser un puerto familiar vinculado al deporte y a una vida saludable; ése -entiendo- el factor diferencial de Port Calanova. Cuando obtuvimos la concesión, en 2013, Calanova era únicamente la Escuela Nacional de Vela. Y nosotros hemos seguido con esa tradición y con la Escuela (evidentemente), pero hemos ido ampliando el abanico de experiencias hasta tratar de convertirnos en un referente de actividades que conecten con el mar. De esa forma, exceptuando el buceo, tenemos el mayor número de actividades posibles: desde kayak o paddle surf hasta foil, que se ha puesto muy de modo en los últimos tiempos. Hemos ido evolucionando y hemos promovido también campamentos internacionales con unos packs muy atractivos, que pueden combinar, por ejemplo, vela e inglés o vela y fútbol. En ese sentido, llevamos ya varios años trabajando junto con Vicente del Bosque y el Colegio Ágora Portals. De todas formas, como refería, la Escuela de Vela sigue siendo la base. Con la vela, en un mundo actual en el que todo es adrenalina y rapidez, uno aprende a ir despacio, a ir más tranquilo; entre otras cosas, porque se depende de las condiciones del viento y del mar.
¿A cuánto asciende la inversión realizada por ustedes, como concesionarios, desde 2012y hasta la fecha para la remodelación de Port Calanova?
El concurso obligaba a una inversión de 3,5 millones y nosotros nos situamos inicialmente en 6,7 millones, pero la realidad es que, a día de hoy, hemos invertido 13 millones. Cabe considerar en ese terreno que, cuando nosotros entramos aquí en 2013, era para estar en un proyecto a 30 años. Entendimos que era una oportunidad, tanto para nosotros como para todos y, por ello, decidimos hacer un esfuerzo y dar un cambio integral a Port Calanova. Desde su inauguración, en 1976, y hasta la privatización, en 2012, Calanova no había recibido ningún tipo de inversión, de manera que a nuestra entrada había mucho que hacer. La distribución de amarres, por poner un ejemplo, estaba pensada y referenciada en 1976, cuando lo cierto es que el mercado náutico ya había evolucionado mucho desde entonces. ¿Qué hicimos? Hablamos con nuestros ingenieros y les preguntamos por las tendencias del mercado. Y acometimos una redistribución de amarres, y pasamos de amarres pequeños a otros más grandes para adaptarnos a las necesidades del mercado (un 15 metros en 1976 es como un 20/25 metros en 2026). Al ser un proyecto a 30 años, teníamos que plantear una reforma integral de Calanova en todas sus infraestructuras, según la tendencia que se auguraba. En todo caso, nuestra eslora más grande es de 25 metros; todos los puertos de alrededor tienen esloras más grandes.
En las cercanías de Port Calanova hay, efectivamente, varios puertos y todos con larga tradición…
Así es. Puerto Portals y Port Adriano vienen a ser centros comerciales de lujo, enfocados también a una experiencia gastronómica premium. Por otra parte, está el puerto de Palma, que es más un parking de embarcaciones, el Real Club Náutico, que tiene una larga historia y un punto de comunidad. Nosotros, por nuestra parte, hemos trabajado mucho en reforzar y potenciar el carácter de puerto familiar vinculado al deporte. De hecho, todas las empresas que estamos en Port Calanova son empresas pequeñas, familiares, lo cual nos permite conocernos todos. A menudo, me hago la siguiente pregunta: ¿Por qué la gente repite en un sitio? Al final, quien trae su barco a Mallorca podría elegir estar en cualquier lado del mundo. Si repite aquí, en mi opinión, es porque esa persona ve cubiertas todas sus necesidades, las suyas propias y las de la familia. Es decir, el padre de familia requiere que le limpien y mantengan el barco y le resuelvan las cuestiones logísticas, pero también busca servicios para su esposa y, sobre todo y en mayor medida, para sus hijos. En este sentido, también vamos ampliando los servicios; así, tenemos activados servicios para niños de tres a cinco años, cuando antes era solo a partir de los seis. Ayuda en ese terreno ponerse en la piel del otro y enfocarse en cubrir sus necesidades. En todo caso, en Port Calanova es una ventaja el hecho de tener la gestión directa de las distintas ramas de negocio a través de una familia: la Escuela, el varadero…
Dicen apostar de un modo claro por la sostenibilidad y por la accesibilidad
En nuestra concepción, ambos conceptos van muy ligados, muy unidos. En ese sentido, hemos tratado de trabajar la sostenibilidad con apuesta muy clara por los clubs de navegación, por el chárter. ¿Por qué? Tradicionalmente, en nuestro país ha habido un gran arraigo a la propiedad privada (ya fuera una casa, un coche o un barco), pero las generaciones venideras no están tanto en esa línea sino más bien en vivir experiencias. Uno paga por la experiencia, no por la propiedad. Asumiendo esa realidad, nosotros nos hemos convertido en un referente en club náutico con membresías. Es decir, uno ya no tiene que comprarse un barco y pagar el amarre y el mantenimiento, sino que lo que hace es pagar una cuota al club, con el que por otra parte tendrá un sentimiento de pertenencia muy destacado. Aquí, la gente dice: "Yo soy de Calanova" y eso es algo bonito de escuchar. En el mundo de la náutica hay una frase muy repetida: "Con el barco, uno se lleva dos alegrías: cuando se compra y cuando se vende". Eso significa que algo ha pasado por el camino, probablemente, no haber recibido el servicio que uno esperaba, y es ahí -como decía anteriormente- dónde incidimos nosotros. Está claro que en Mallorca hay un problema con los amarres, pero la realidad es que no los va a haber nuevos. Por tanto, nuestra función es la permitir la accesibilidad a la náutica como club de navegación. Hay que pensar, además, que el uso medio de una embarcación privada está en los 15-20 días al año. Y a nosotros no nos interesa que haya barcos vacíos e inmóviles, sino que haya movimiento. Si en Mallorca hubiera un solo amarre vacío, significaría que algo se está gestionando mal.
Con más servicios y más prestaciones, se supone que también han tenido que aumentar la plantilla de trabajadores…
De media anual, en Port Calanova tenemos en la actualidad 60 empleos directos; si le añadimos servicios de limpieza de barcos, personal de los restaurantes, probablemente estemos hablando de más de 200 personas de media. En ese apartado, cabe apuntar que cuando nosotros entramos como concesionarios en Calanova había únicamente 30 trabajadores. Sin duda, el mayor problema con el que nos encontramos hoy es la accesibilidad al personal. No hay personal en Mallorca y eso es una lástima. Sería ideal contar con una cantera de futuros profesionales en la isla.
Reivindicación de la vela como materia obligatoria en los colegios
El fin de semana del 19 al 21 de junio será el punto álgido en la celebración del cincuentenario de Port Calanova. «Vamos a estar involucrados en la celebración tanto nosotros como las empresas del puerto y el propio barrio. Tendremos actividades de toda índole para todas las edades, tanto en mar como en tierra. Queremos, además, que quien quiera nos visite y sepa qué se siente al pasar un día en Calanova», explica Álvaro Elvira.
En tanto que club comprometido con su entorno, Port Calanova participa de dos programas de inclusión social para jóvenes de hasta 16 años de familias desestructuradas. «Se les da una oportunidad de desarrollarse en el sector náutico aprendiendo un oficio. También participamos de la Formación Profesional Dual: los jóvenes hacen sus prácticas con nosotros con la posibilidad de acabar formando parte de nuestra plantilla», explica Elvira.
Por otra parte, el CEO de Port Calanova reivindica claramente que en Mallorca la vela sea materia obligatoria en los colegios de la isla. «En Andorra y Suiza, por ejemplo, el esquí se imparte como materia obligatoria. ¿Por qué no aquí con la vela? Creo que la sociedad mallorquina vive en cierto modo de espaldas al mar, cuando la gente que nos visita paga millonadas por disfrutar de lo que tenemos aquí. En mi opinión, debemos aprovecharlo en mayor medida».
Finalmente, Elvira considera que el futuro de Port Calanova deberá enfocarse en el wellness, de la misma forma que opina que la electrificación en el sector náutico tiene que recorrer aún muchos estadios antes de su plena consolidación.
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