Movimientos corporativos
¿Por qué el Santander ha vendido un banco en Polonia y comprado uno en EEUU y otro en Reino Unido en menos de un año?
El banco sale de un mercado para alcanzar en los otros dos la escala suficiente y elevar su rentabilidad al 20% en 2028

La presidenta del Banco Santander, Ana Botín. / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo

El Santander anunció por sorpresa a última hora del martes, poco después de que lo desvelara ‘Bloomberg’, un acuerdo para la compra del estadounidense Webster Bank. La operación se enmarca en un proceso más grande: desde el pasado mayo, el mayor banco español ha vendido su filial en Polonia y ha comprado dos competidores en Reino Unido y Estados Unidos para fusionarlos con sus filiales en ambos países. El origen y el sentido de estas operaciones, con todo, viene de mucho más atrás.
Emilio Botín, presidente del Santander entre 1986 y 2014, disparó el tamaño de la entidad, que pasó de ser un banco básicamente español, y no el más grande, a convertirse en 2007 -antes del estallido de la crisis financiera e inmobiliaria- en el 12º del mundo por capitalización bursátil y el séptimo por beneficios. Sin embargo, cuando su hija, Ana Botín, llegó a la presidencia tras su fallecimiento, el mercado interpretaba que la entidad se estaba quedando atrás en la transformación digital, que tenía margen para mejorar su gestión y gobierno corporativo, y, sobre todo, que necesitaba elevar su solvencia.
"La época de mi padre fue de más expansión, incluso más rápida (que la de su abuelo, también presidente de la entidad). Nos convertimos en el primer banco de la zona euro y de España, hicimos muchísimas compras [...]. A mí me ha tocado consolidar primero y luego reinventarnos, transformar el banco", explicó la banquera en septiembre de 2024.
Cambio de tendencia
Durante sus primeros ocho años como primera ejecutiva, esa transformación profunda penalizó al banco en bolsa frente a las entidades internacionales que considera sus comparables. La situación, sin embargo, ha cambiado en los últimos años: las acciones del Santander han triplicado su valor desde que presentó su plan estratégico trienal en febrero de 2023 y han multiplicado por 2,4 su precio desde que presentó sus resultados de 2024 hace doce meses.
Los inversores, así, han premiado por un lado que el grupo haya elevado su capital y rentabilidad hasta niveles más homologables con los de sus competidores. Pero también, y quizás especialmente, que haya incrementado el porcentaje del resultado que destina a remunerar al accionista y que anunciase hace un año que iba a destinar 10.000 millones de euros a la recompra y amortización de acciones entre 2025 y 2026 (unos 4.000 millones más de lo esperado por los analistas).
Ante esta buena acogida, el Santander podría haberse conformado con seguir por esa vía de transformar la entidad de forma orgánica y aumentar la remuneración a los propietarios. Pero Botín ha elegido una camino más audaz, arriesgado y potencialmente rentable: realizar las mayores operaciones corporativas de su era como presidenta de la entidad, por delante de la adquisición del Popular (el competidor español que compró en 2017 por un euro tras la intervención de la entidad por las autoridades europeas y que le obligó a ampliar capital en 7.072 millones para sanearlo y le supuso una pesada digestión).
Escala suficiente
Al contrario de las compras que realizó su antecesor, los movimientos impulsados por Ana Botín en los últimos nueve meses no tienen como objetivo aumentar de forma fulminante el tamaño del banco ni entrar en nuevos mercados. El Santander, así, ha vendido al austriaco Erste su filial en Polonia porque entendía que no tenía en ese mercado el tamaño suficiente. El capital obtenido con ello, junto al generado por el negocio, lo ha destinado a adquirir el británico TSB al Sadadell y el estadounidense Webster Bank, para aumentar el tamaño de las filiales del Santander en ambos países.
La apuesta por los dos países anglosajones es especialmente significativa. En los últimos años, ha habido dudas entre inversores y analistas (y rumores más o menos intencionados) sobre la apuesta del Santander por ambos mercados. En esta línea ha incidido especialmente el medio británico 'Financial Times', que hace un año publicó un artículo significativamente titulado: "¿La salida del Reino Unido ayudaría a darle sentido al extenso imperio del Santander?", seguido al día siguiente por otro bautizado como "El gran y arriesgado sueño americano del Santander".
Frente a ello, el grupo español ha redoblado su apuesta. "Con TSB y Webster, tendremos la escala necesaria en todos nuestros mercados. No más compras ni estamos pensando en vender nada. Estamos donde queremos estar. En un año, hemos conseguido salir de un mercado donde no teníamos la escala suficiente y alcanzarla en otros dos", defendió Botín este martes. Con las sinergias de costes y el incremento de negocio que espera lograr con estas operaciones, el banco calcula que su rentabilidad sobre el capital subirá en el Reino Unido del 10,2% de 2025 al 16% en 2028 y en Estados Unidos del 10,2% al 18%, lo que favorecerá que la del grupo aumente del 16,3% a superar el 20%.
Retorno y crecimiento
Pese a ello, la operación ha sido acogida con caídas de su acción en bolsa: es habitual y lo relevante será comprobar si es un fenómeno puntual o marca un cambio de tendencia. El Santander, así, ha confirmado su objetivo de realizar los 10.000 millones de euros en recompras en dos años. Pero el consumo de capital que le supondrán las dos compras, al menos transitoriamente, no le permitirá previsiblemente aumentar de forma notable la retribución a los propietarios a corto plazo, que probablemente es lo que hubieran preferido algunos inversores. La respuesta de Botín es que los movimientos que ha emprendido serán más rentables a medio y largo plazo.
"Somos un banco, a diferencia de muchos otros, que sigue teniendo crecimiento orgánico rentable. Santander se ha ganado el derecho a ser un banco de crecimiento porque hemos llegado a una rentabilidad del 16,3% este año y vamos a llegar al 20%. Esto es algo muy único en los bancos globales. Creo que es una magnífica operación que el mercado va a entender como tal. Si uno no tiene crecimiento orgánico rentable, y hay bancos que no tienen, evidentemente lo que hay que hacer es devolver a los accionistas. A quien compra Santander, le ofrezco invertir en una acción que va a seguir creciendo los beneficios, mejorando la rentabilidad, y por tanto la retribución al accionista y el valor contable por acción. No tenemos que devolver más porque tenemos ese crecimiento interno", argumentó.
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