ENERGÍA
El consumo de luz repunta en España pero sigue aún muy por debajo de los objetivos verdes del Gobierno
La demanda de electricidad crece con fuerza tras años hundida y también se dispara la producción de las plantas de autoconsumo, pero todavía se está lejos de la previsión oficial para 2025 y a años luz de la meta de 2030

Torres de redes de transporte y de distribución de electricidad. / D. P. P.

El consumo de luz repunta con fuerza en España tras años hundido y estancado en niveles de hace dos décadas. La demanda de electricidad alcanzó los 255.759 gigavatios hora (GWh) el año pasado, con un crecimiento del 2,7%, el mayor incremento de los últimos quince años, según los registros de Red Eléctrica de España (REE). Si se descuenta los efectos de la diferencia de calendarios entre ejercicios y de la distinta evolución de las temperaturas, el incremento se queda en un 1,5%, también muy relevante.
La pandemia de covid, primero, y la crisis energética, después, han mantenido en niveles históricamente bajos el consumo de electricidad. En 2024 ya se registró un ligero aumento, pero de apenas un 0,9%. Ahora es cuando empieza a despuntar con vigor. Sin embargo, el consumo de electricidad está muy por debajo de la previsión que contemplaba el Gobierno para el año pasado y está a años luz del objetivo marcado para 2030.
La última versión del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) aprobada por el Ejecutivo contemplaba una guía de crecimiento de la demanda de electricidad mucho más ambiciosa que la senda real. El consumo de luz de 2025 está aún más de un 8% por debajo del dato que la hoja de ruta del Gobierno esperaba para 2025, con 277.100 GWh. Y hoy por hoy la meta marcada en el PNIEC para 2030 parece inalcanzable, con un objetivo para final de la década de casi 357.700 GWh. Conseguirlo supondría disparar la demanda casi un 40% en apenas cinco años.
Cara y envés de un gran problema
La demanda de electricidad alcanzada en España el año pasado es la mayor desde antes del hundimiento provocado por la pandemia y el confinamiento, pero sigue en niveles similares a los que había hace una década. La electrificación al máximo de la economía resulta imprescindible para absorber la producción de la expansión masiva de energías renovables en que se ha embarcado España y para avanzar en los objetivos de descarbonización.
El retraso en la electrificación puede provocar un freno al despliegue de renovables. Y a la vez el colapso de la red eléctrica y la dificultad de encontrar puntos para conectar nuevos proyectos industriales y tecnológicos de alto consumo de luz suponen un obstáculo clave para avanzar en la electrificación.
Cara y envés del círculo malicioso en que se ha instalado el sistema eléctrico español, a la espera de la expansión y mejora de las redes de transporte y de distribución de electricidad anhelado para los próximos años, y que se puede ver parcialmente truncado por el choque frontal entre las grandes eléctricas y la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) por la retribución regulada que reciben por sus redes y que pagan todos los clientes a través del recibo de luz.
El sector de las renovables presiona para que las Administraciones impulsen nuevas medidas (fiscales, económicas y de aceleración de procesos administrativos) para acelerar la electrificación de la industria y poder así garantizar el consumo de la producción de sus nuevas plantas. Las energéticas también reclaman reformas urgentes de los mecanismos necesarios para facilitar la conexión a las redes eléctricas de la gran industria, y haciendo así posible enchufar la nueva demanda que requieren los proyectos de grandes centros de datos, gigafactorías de baterías o las plantas de producción de hidrógeno verde.
Desde el sector de las renovables y de las eléctricas generalistas también se reclaman medidas regulatorias para impulsar la electrificación de los edificios (incentivando las bombas de calor para las calefacciones) y para acabar con las trabas que están impidiendo la expansión del coche eléctrico en España (singularmente los problemas para la instalación y puesta en operación de redes de cargadores, cuyo despliegue presenta un ritmo aún al ralentí). En paralelo, el diferente ritmo entre despliegue de nueva generación renovable y evolución de demanda también exige el impulso de otros vectores estratégicos para el futuro, singularmente el almacenamiento: el desarrollo de baterías para guardar la electricidad que no se consume en el momento para inyectarlo a la red cuando sea necesario y poder ser más eficientes.
El empujón del autoconsumo
El consumo real en España es algo mayor a esos 255.759 GWh del año pasado, porque la serie estadística de REE sobre demanda no incluye los datos de autoconsumo de los cientos de miles de viviendas y empresas que lo utilizan (la inmensa mayoría de la electricidad que producen no llega a pasar por la red de transporte porque se consume in situ). Pero incluso contabilizando toda la demanda realmente utilizada por estos autoconsumidores, los datos de consumo siguen siendo preocupantes.
Las estimaciones de Red Eléctrica para el conjunto de 2025 apuntan a que las instalaciones de autoconsumo generaron 13.485 GWh adicionales no incluidos formalmente en la estadística de demanda. Contabilizando también esta producción de autoconsumo, la demanda eléctrica total del país superó los 269.200 GWh, con un fuerte incremento del 4,2% en un año, pero que aún supone prácticamente empatar con los datos de 2018 (incluida también la pequeña producción de autoconsumo de aquel año, entonces casi testimonial).
En cualquier caso, el autoconsumo solo tuvo un impacto el año pasado un 5% de toda la demanda nacional, según los cálculos de Red Eléctrica, que sitúa la potencia total instalada de autoconsumo en el entorno de los 8.700 megavatios (MW). Desde el sector de las renovables se apunta a que el año pasado se superaron los 9.000 MW. En cualquier caso, la expansión del autoconsumo ahora ralentizándose también está muy por debajo del objetivo del PNIEC del Gobierno, que apunta a llegar a 2030 con 19.000 MW instalados y que las instalaciones tengan un impacto del 11% del total de la demanda (más del doble que el que tuvo el año pasado).
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