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El cese de la nuclear, previsto en 2027 y 2028, comienza a reducir paulatinamente el empleo

La penúltima recarga de la Unidad 2 de la central de Almaraz contará con 200 trabajadores menos

Generará en torno a mil empleos adicionales, frente a los más de 1.200 habituales, ante la reducción de las actuaciones al aproximarse la fecha de cierre de la planta, que ya trabaja en «modo cese de operaciones». La documentación para el cese de la actividad se debe presentar en el Consejo de Seguridad Nuclear a finales del próximo octubre

Panorámica de las dos unidades de la Central Nuclear de Almaraz.

Panorámica de las dos unidades de la Central Nuclear de Almaraz. / EL PERIODICO

Cáceres

La proximidad de la fecha de cierre establecida para la Central Nuclear de Almaraz empieza a dejar las primeras consecuencias. La recarga de la Unidad 2, que comenzará el próximo 6 de octubre y será la penúltima mientras se mantenga el calendario de cese pactado, contará con menos trabajadores de lo que viene siendo habitual para llevar a cabo esta actividad.

Frente a los 1.200 trabajadores adicionales que contrataba la central de Almaraz para estos trabajos, en esta penúltima recarga (la número 29 en la Unidad 2) se empleará a 200 trabajadores menos de los habituales, que suelen ser principalmente personal del entorno del Campo Arañuelo. La razón es que la proximidad de su cierre (el 31 de octubre de 2028) supone también la reducción de las actuaciones de mejora a largo plazo en la central, tal y como indican fuentes de la Central Nuclear de Almaraz.

Pero esta disminución de empleo, además, será solo el comienzo, ya que se espera que vaya aumentando cada año conforme se acerque la fecha de cese de operaciones. Y es que la central está ya en «modo cese de operaciones», lo que supone que se está trabajando para preparar el cierre de la planta nuclear en la fecha establecida.

Los trabajos de esta nueva recarga de la Unidad 2 durarán 33 días en los que se renovarán 60 elementos combustibles. Además, se realizarán actuaciones de mantenimiento de la turbina de baja presión 2, se revisarán los sellos de bombas de refrigeración del núcleo y también se llevarán a cabo tareas de mantenimiento preventivo en los múltiples sistemas de seguridad de la central nuclear.

Se perderán 3.000 empleos

Hay que recordar que la Unidad 2 es la última que se apagará en la central nuclear cacereña, a final de octubre de 2028. Antes cesará la actividad en la Unidad 1, que tiene fecha fin el 1 de noviembre de 2027, conforme a la Autorización de Explotación vigente en la actualidad. Así, como recoge el calendario establecido, en marzo de 2026 la Unidad 1 comenzará la última recarga antes de su cierre.

Según indican fuentes del sector, el cese de la explotación de la Central Nuclear de Almaraz va a suponer la pérdida de más de 3.000 puestos de trabajo directos e indirectos, además de un «enorme impacto» que arrastrará a la comarca de Campo Arañuelo tanto en materia económica como de despoblación.

El "castigo fiscal" hace "inviable" las nucleares

Todavía habría posibilidades de revertir la situación de cierre tanto de Almaraz como del resto de nucleares españolas, pero para ello las eléctricas exigen rebajar la carga impositiva, ya que distintos informes independientes indican que el «castigo fiscal» que sufre la central cacereña, que no se da en ningún otro país, hace inviable económicamente su continuidad.

De momento, mientras se intenta alcanzar un consenso con el Gobierno central, la Central Nuclear de Almaraz está ya trabajando en «modo cese de operaciones» para ir preparando el cierre de la planta, como establece el calendario actual. Fuentes de la central manifiestan que su compromiso con la sociedad es producir hasta el último Megavatio hora (Mwh) de forma segura, fiable y eficiente.

La documentación para el cierre se presentará a finales de octubre

Las cuatro grandes eléctricas propietarias de centrales nucleares en España (Iberdrola, Endesa, Naturgy y EDP) ultiman un pacto para alcanzar una posición común y pedir juntas al Gobierno central retrasar el cierre de todas las plantas del país, según informa David Page. En las últimas semanas han mantenido conversaciones de alto nivel en busca de un consenso de todo el sector para intentar retrasar la clausura de todos los reactores. Pero las eléctricas han puesto una condición indispensable para mantener la actividad: que el Gobierno rebaje la carga impositiva con la supresión de la ecotasa y del impuesto del combustible gastado.

Mientras llegan esos encuentros y a la espera de si se producen novedades, el calendario de cierre de las nucleares sigue avanzando. El reloj continúa corriendo en contra de la energía nuclear, especialmente para la central de Almaraz, que es la primera planta española que cesará sus operaciones según establece el calendario actualmente vigente. De este modo, la central nuclear cacereña debe remitir al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) a finales del próximo mes de octubre toda la documentación de licenciamiento de cese de explotación de ambas unidades que se les exige.

La siguiente fecha marcada en rojo en el calendario y definitiva será en el mes de marzo de 2026, cuando las propietarias de la planta extremeña tendrían que solicitar finalmente el cese de las operaciones en la Central Nuclear de Almaraz si no avanzan las negociaciones para frenar el fin de la actividad. Si así fuera, los trabajos que no se harán en las próximas recargas serían reversibles, pero fuentes del sector advierten de que la central de Almaraz ya estaría en una «zona peligrosa» para que pudiera continuar, porque si el acuerdo no es inminente, ya podría no haber tiempo suficiente para hacer todo lo necesario (como formar operadores o adquirir combustible, entre otras cosas) para que la central pudiera continuar más allá de 2027 y de 2028.

Fue el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el que el pasado mayo mostró su disposición a estudiar una ampliación de la vida de todas las centrales nucleares si lo piden las cuatro eléctricas propietarias, pero solo si la solicitud cumple tres condiciones previas: que se garantice la seguridad de las centrales, que la ampliación de la vida sirva para asegurar la seguridad de suministro eléctrico y, sobre todo, que no implique una subida de la luz al trasladar a la factura parte de los costes que ahora asumen las propias eléctricas.

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