Sentencia

Condenado el último propietario de Imagiarium como culpable del concurso de acreedores

La Audiencia Provincial de Zaragoza ratifica los cuatro años de inhabilitación que el Mercantil impuso a Federico Carrillo, que debe devolver 801.000 euros a la juguetera

Federico Carrillo, exdueño de Imaginarium, posa para este diario en una entrevista realizada en 2021.

Federico Carrillo, exdueño de Imaginarium, posa para este diario en una entrevista realizada en 2021. / ÁNGEL DE CASTRO

J. Heras, M. Calvo

La Audiencia Provincial de Zaragoza ha calificado como culpable el concurso de acreedores de Imaginarium, que cesó su actividad hace unos meses tras 32 años de actividad, y condena al que fuera el último consejero delegado y principal accionista de la compañía, Federico Carrillo Zürcher. La sentencia impone al empresario costarricense cuatro años de inhabilitación para administrar bienes ajenos, además del pago de 801.927 euros a la compañía juguetera por haber suministrado productos a las empresas filiales y no cobrarlos, suministros que se produjeron cuando estas filiales ya le debían 7 millones de euros.

La resolución, dictada el pasado 21 de junio, ratifica el fallo firmado hace un año por el Juzgado de lo Mercantil número 2 de Zaragoza con algunos pequeños matices, según informaron a este diario fuentes jurídicas. También se decretan dos años de inhabilitación para otros tres miembros del consejo de administración, pero estos se libran de reintegrar dinero a Imaginarium, como se les exigía en primera instancia. La condena, no obstante, todavía no es firme y cabe la presentación de un recurso de casación ante del Tribunal Supremo.

La justicia califica como culpable el proceso concursal porque la propiedad, entre otras cuestiones, simuló una situación patrimonial ficticia, trasladó la operativa bancaria a Portugal para impedir el embargo de sus cuentas y cometió irregularidades en la contabilidad e inexactitudes graves en la documentación.

La resolución llega en pleno proceso de liquidación de la empresa, que entró en concurso en julio de 2022 con un pasivo de 37 millones de euros y más de 800 acreedores.

La condena se basa en la falta de colaboración de la empresa con la administración concursal, a la que ocultó información relevante sobre la situación económica de la sociedad pese a las múltiples peticiones de información que se le hacían. También se le castiga por inexactitudes graves en la contabilidad; por desviar su operativa bancaria a una cuenta en Portugal, con el fin de evitar el cumplimiento de embargos en España; y por hacer suministros a las filiales y no cobrarlos.

Según fuentes jurídicas, Imaginarium contaba con fondos en una de esas cuentas y por lo tanto capacidad económica, por lo que el traslado de la operativa a una entidad financiera de Portugal significa que los saldos bancarios no pudieron embargarse como pedían los acreedores de la empresa a los que se adeudaba dinero.