Los mandatarios del G20 están en a Seúl para la cumbre de hoy y mañana, pero las posturas de los países sobre la política cambiaria están tan distanciadas que las negociaciones sólo han generado tensiones y gritos acalorados.

Los negociadores de las naciones del G20 trabajan a contrarreloj para consensuar el comunicado final que suscribirán los jefes de Estado y de Gobierno el próximo viernes, y que teóricamente debe permitir que los países cambien sus políticas para reducir la brecha que separa a los ricos de los emergentes.

Pero las posiciones están tan enrocadas, que la "guerra de las divisas" está provocando una campaña campal también en la mesa de negociación. "El debate es tan acalorado -dijo ayer a la prensa uno de los portavoces de la cumbre, Kim Yoon-Kyung-, que cuando entré en la habitación donde estaban reunidos, tuve que dejar la puerta abierta para que se enfriara el ambiente . Era una sala pequeña, y había como 50 o 60 personas, pero todos estaban acalorados, y alguno incluso alzaba la voz", expuso.

Los negociadores y los viceministros retomaron ayer las conversaciones, pero de momento la falta de acuerdo sobre cuestiones como la devaluación de las divisas, la expansión monetaria de EE UU o la brecha que existe entre los superávit de los emergentes y los déficit de los avanzados, ha obligado a dejar "espacios en blanco" en el borrador del comunicado final.

Mientras, la canciller alemana, Angela Merkel, advirtió a EE UU de los riesgos para la economía mundial que entraña su política monetaria. A Merkel le preocupa la compra de bonos soberanos anunciada la semana pasada por la Reserva Federal estadounidense. "Nadie puede tener interés en crear nuevas burbujas, sino que todos tienen que ver que esta vez el crecimiento sea más sostenible y duradero en la economía mundial que lo que vivimos hace años", dijo.