Ciclismo
El Rutómetro de Fernando Gilet: Llegó el momento

Enric Mas, con el maillot rojo antes de la salida de la novena etapa / Javier Lizón / EFE

Después de infinidad de contrariedades, muchas de ellas con la “suerte esquiva como adversaria”, según las palabras de su mentor, el exciclista Toni Colom, Enric Mas alcanzó la victoria más trabajada y anhelada de su carrera.
Si en la jornada anterior tuvo la elegancia de reconocer y hacer visible que el maillot rojo no le pertenecía, en el Alto de Aitana se hizo merecedor de la prenda deseada, demostrando que es el nuevo líder de la carrera. Ahora sí, con todas sus letras.
No ha sido fácil llegar hasta lo más alto, como tampoco lo fue el ascenso demoledor al recinto militar, presidido por sus características antenas. No existe victoria fácil en el ciclismo.
Considero que lo sucedido en el Monte Bartolo, en la etapa del pasado miércoles, tuvo un significado que trascendió lo meramente simbólico. Superar a Pogacar a pocos metros de alcanzar la cima fue una auténtica inyección de confianza. Quizá fue entonces cuando despertó el campeón maduro. Acreditó que sí, que todo era posible.
Fue el particular reencuentro con ese gen competitivo, innato y trabajado, que siempre ha acompañado al corredor de Artà. Para muchos, simplemente, andaba escondido. Dormido.
La fe en Mas se ha visto quebrada en muchas ocasiones a lo largo de los últimos siete años. Sin embargo, las personas más cercanas siempre han repetido lo mismo: es un gran profesional, centrado y dedicado a ofrecer siempre lo mejor de sí mismo.
Ser contemporáneo de la mejor generación de ciclistas de los últimos muchos años ha significado un contratiempo añadido. Vestido de rojo y como líder de la carrera, tendrá que defender durante estas dos semanas su privilegiada posición ante la amenaza de un Roglic, que le privó en tres ocasiones de ganar la carrera, y de un Felix Gall que, en la etapa de ayer, avisó de que no cejará en su empeño hasta el último puerto.
Sin embargo, la conjunción de circunstancias adversas, que tantas veces le dejaron a las puertas de la gloria, parecen haberse alineado para que podamos disfrutar del mejor Enric Mas. El que nunca pudimos ver. El que esperábamos. El que soñábamos con poder ver.
Nos queda mucha Vuelta por vivir. Y los mallorquines la vamos a disfrutar como nunca lo habíamos hecho.
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