El Tourmalet
Barcelona, del éxito del Tour a la final de la Champions femenina de 2031

Tourmalet por Sergi López Egea. / REDACCIÓN

Han pasado ya dos largas semanas y parece que ocurrió hace un siglo desde que el Tour salió de Barcelona, con todo lo que ha pasado. Ocurrió antes de que Tadej Pogacar pusiera la carrera patas arriba en el Tourmalet, de que dominase la carrera a placer, de que abandonase Jonas Vingegaard por caída y de que el jersey amarillo se empeñase en conducir a su compañero Isaac del Toro hacia el podio de París. En el camino, con Francia vibrando con Paul Seixas, lejos de la escena de la prueba y también de la capital catalana, la selección española de fútbol ganó un Mundial.
Tantos hechos dejan a Barcelona como un recuerdo vivo e ilusionante de una salida de Tour, el ya histórico Grand Départ de 2026, que quedará muchos años como un hecho inolvidable. Fueron meses de trabajo, preparativos que se escenificaron cuando el Caja Rural se convirtió en el primer equipo que tomó la salida para acabar la etapa inicial con Vingegaard vestido de amarillo. El pobre no se imaginaba que un par de semanas más tarde se rompería la clavícula cuando se acercaba al primer final alpino.
Con la calma...
Con la calma de una hazaña conseguida, con la tranquilidad de los días transcurridos, los organizadores de la salida del Tour, con David Escudé a la cabeza, asumen el éxito del acontecimiento. Aunque las cifras siempre son engañosas y difíciles de contar, más cuando una larga carretera une Tarragona con Barcelona y luego Granollers con la frontera de Puigcerdà, se calcula que la cifra de catalanas y catalanes que se animaron a desplazarse hasta la ruta de la Grande Boucle se acercó al millón de personas, entre los tres días de competición, lo que se enmarca en de las previsiones que se había establecido.
En Barcelona se llenaron los hoteles y las grandes marcas que de una manera u otra patrocinan al Tour, a los equipos o lucen bicis y equipamientos con los que ruedan los corredores, ocuparon con los invitados que llevaron muchos restaurantes de la ciudad, lo que benefició a unos y a otros.
El éxito ha llevado a que Barcelona continúe con la propuesta de grandes retos en cuanto a organizaciones deportivas. Todo comenzó principalmente con la Copa América y pasó antes por albergar la gran salida de la Vuelta en el capítulo masculino -de la dichosa lluvia que fastidió el estreno en 2023, mejor no hablar- y femenino, en una mañana dominical de mayo de 2025 alrededor del Paseo de Gràcia.
El futuro
Ahora toca pensar en el futuro y este, en términos futbolísticos, pasa por conseguir que la candidatura de Barcelona sea la triunfadora en los tres hitos que el ayuntamiento de la ciudad se ha propuesto: la final masculina de la Champions de 2029, la final de la Copa del Mundo de fútbol de 2030, y la final de la Champions femenina de 2031, algo que la buena experiencia del Tour ha activado como otro plan de futuro.
Quizá la victoria de España en el Mundial conseguida el domingo pasado sea un obstáculo que añadir en la competencia con las otras ciudades que aspiran a albergar la final de esta competición en cuatro años, principalmente Madrid con el estadio Santiago Bernabéu. También Casablanca, en Marruecos, lucha por la nominación.
Luego, ya en términos ciclistas, está el legado, concienciar gracias al Tour en lo importante que es circular en bici tanto para la ecología del planeta como para la salud, a la vez que beneficia el tráfico rodado en ciudades como Barcelona. A ver, si de paso, las que quitan carriles-bicis también se inspiran un poco en las pasiones que despierta el Tour.
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Fuente: El Periódico
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