La ronda francesa
Una brutal caída en el esprint pone los pelos de punta en el Tour
Tim Merlier salva el accidente y logra la tercera victoria con lo que iguala a Tadej Pogacar ante la llegada de los Vosgos y el ascenso al Balón de Alsacia.
Las mejores imágenes de la 12ª etapa del Tour de Francia. / DPA vía Europa Press / DPA vía Europa Press

Los jefes hacen bien en ponerse detrás y en desentenderse de todo cuando quedan sólo cinco kilómetros, no hay otra lectura que un esprint masivo. Los pelos de punta. Por un día que Fernando Gaviria, el velocista colombiano del Caja Rural navarro, se ve enchufado, cree que el milagro es posible y que puede recompensar a los suyos con una fantástica victoria, hace el afilador, roza la rueda del rival, se va al suelo y se forma un lío de mil narices: huesos por los suelos, sangre en rodillas, piernas y hombros.
El Tour muchas veces se transforma en un caos, en un instante chocan unos con los otros. Quedan 400 metros. Gaviria va con todas las ilusiones. No ganó cuando corría en el Movistar. Seguro que se siente reconfortado por haber vestido de amarillo por allá 2018, el año en el que se impuso dos veces al esprint, cuando el Tour todavía empezaba sin montañas a la vista para que los velocistas se pudieran lucir. Corría entonces en el Quick Step, que ahora se ha transformado curiosamente en el Soudal donde surge Tim Merlier como el gran velocista de este Tour. Con la conseguida este jueves ya lleva tres triunfos en esta Grande Boucle.
Todos sabían que en Chalon sur Soâne era la última ocasión antes de empezar a subir montañas, al menos hasta el próximo miércoles. Lo tenían claro Merlier, el accidentado Gaviria, los que se fueron al suelo a su lado, los que cayeron derrotados ante el potencial del esprínter belga, como otra vez Jasper Philipsen y Bini Girmay. Pelearon porque para ellos ganar un esprint en el Tour es lo máximo, recompensa en lo personal y en el futuro a la hora de negociar un contrato.
Salieron a las puertas de un circuito automovilístico, el de Nevers Magny Cours, a pocos kilómetros de la ciudad, donde se encuentra el cuerpo incorrupto de Bernardette, en una capilla, pequeñita se le ve vestida de monja y con el misterio de cómo se conserva siglo y medio después de su muerte por tuberculosis.
Partieron rápidos, aunque la gente apenas los ve, más allá de los instantes en los que suben al podio para saludar y para alinearse cerca de la línea que sirve para que tomen la salida y den una vuelta por el circuito. Amenaza la lluvia, caen cuatro gotas, no más; pero el día sigue siendo plomizo. “Habrá que estar atento al viento”, advierten desde las filas del Lidl Trek, el equipo de Juan Ayuso. Viento no mucho la verdad, pero sí trabajo de los escuderos del ciclista español que también se esfuerzan para reforzar a Mads Pedersen al frente de la clasificación por puntos, el ‘maillot’ verde, que tanto gusta a los velocistas. El ciclista danés y compañero de Ayuso supera a Girmay en 40 puntos y le saca 50 a Merlier, que no se lía en peleas por vestir de verde que te quiero verde y se centra mucho más en ganar etapas. En esto ya ha empatado con Pogacar, tres triunfos lleva cada uno.
Merlier pasará este viernes a la retaguardia, tal como hizo en los Pirineos y en el Macizo Central. Las montañas no se han levantado para él. Se encuentra en la tabla en el puesto 165 a casi tres horas de Pogacar. Tres horas más ha estado compitiendo que el astro esloveno, aunque a un ritmo sosegado en la montaña para sudar lo justo bajo este calor que tanto cuesta soportar. El termómetro ha bajado unos grados, pero sigue siendo un tormento pedalear en estas condiciones.
Quizá por ello van a tope, más rápido que nunca, camino de convertirse en el Tour más rápido de la historia, porque si en una etapa llana como la del miércoles superan la media de 50 por hora, en Chalon sur Soâne no se quedan cortos y Merlier triunfa a un promedio de 49 por hora. Por si fuera poco, en las etapas de montaña la media está siempre por encima de los 41 por hora, aunque allí el mérito parece ser exclusivo de Pogacar.
Gaviria cruza la meta con muecas de dolor, sangre en la pierna y dando la sensación de que se agarra las costillas. El encontronazo con el asfalto ha sido exagerado, un trompazo en toda regla antes de que se empiece a subir por el Balon de Alsacia, este viernes, la primera montaña que afrontó el Tour, en 2005. Los Pirineos se estrenaron en 2010 y los Alpes en 2011 cuando se afrontó el Galibier.
Decían los pioneros del Tour que el Balón de Alsacia cortaba el hipo cuando se ascendía en bici. Con la cima a 30 kilómetros de Belfort, la ciudad del León Herido, obra de Frédéric Auguste Bartholdi (la acabó seis años de inaugurarse en Nueva York su Estatua de la Libertad) habrá tiempo para reaccionar, o para liarla parla, según acepten unos u otros. Será un día extraño, aunque bello como siempre suele ser el Tour.
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Fuente: El Periódico
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