Fútbol
Opinión | Messi: un incalificable en estado de gracia visto desde Mallorca

Messi es manteado por sus compañeros tras el triunfo ante Egipto. / EFE

Pensamos con palabras. Las utilizamos para simbolizar, construir realidad, son un puente entre nosotros y el mundo. Nombran, designan, clasifican, ordenan el caos de la vida. Y por estos días las palabras fútbol y Mundial afectan, para bien y para mal, a la mayoría de las personas en el planeta.
A nosotros, los argentinos, también la palabra Messi nos trastorna en estas horas en Mallorca y donde sea, como les sucede a sus rivales, en especial a los porteros, cuando el goleador del mundial les apunta y ellos prefieren rezar o estar en la platea para disfrutar la belleza inusitada de otro gol de zurda. Uno más.
En su sexta participación en la Copa del Mundo, en la que viene pulverizando récords partido tras partido, el capitán ofrece su versión definitiva, absoluta e insuperable, en total estado de gracia con un condimento más: su genialidad se torna incalificable.
El diccionario trastabilla para encuadrar en un solo concepto semejante logro. A esta altura del camino toda caracterización es injusta. ¿Cuál vocablo o término hay que utilizar para definirlo? Messi lleva al límite la capacidad de expresión de la lengua castellana en su camino al bicampeonato. ¿Qué más decir sobre él? Leyenda, legendario, extraterrestre fue, es, Maradona, el Diego querido. Messi es otra cosa.
Cuando juega el equipo de Scaloni algo nos sucede en el cuerpo. Despertamos diferentes. ¿Cómo no ilusionarnos, argentinos?, ¿Cómo no ilusionarnos? ¿Cómo no? ¿Cómo? Amigos y familiares envían videos preparando asados, memes y mensajes de aliento como si alguno de nosotros tuviera la responsabilidad de presionar al delantero de Cabo Verde, gambetear al dos de Austria o definir por arriba ante el arquero egipcio.
En eso me llega una imagen de Buenos Aires por WhatsApp. Mi padre, de casi 90 años, vestido hasta arriba en el invierno porteño con la camiseta del 10, la bandera alrededor del cuello y un sombrero estrafalario. Lo vivimos en estado de delirio. “No te lo puedo explicar porque no vas a entender”, como dice la canción.
Tal vez haya una respuesta y sea corporal, por fuera del alfabeto, de lo simbólico. Habría que inventar un gesto llamado Messi que englobe toda su genialidad, una especie de movimiento inédito y desconocido hasta el momento por el cuerpo humano. O tal vez inventar un sonido gutural, extraño, que signifique Messi y que poco a poco se haga familiar y universal porque los adjetivos son pocos, las metáforas no alcanzan y el lenguaje se queda corto para nombrar al mejor de todos.
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