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La ronda francesa

El Tour se convierte en una sartén con la victoria del danés Pedersen

Fuga permitida por Pogacar con diez corredores jugándose el triunfo de la cuarta etapa en Foix; entre ellos, Pablo Castrillo y Raúl García Pierna, del Movistar

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Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

Foix (enviado especial)

Con el calor terrible, como vivir la llegada con una estufa en la cabeza y las brasas a los pies, los chillidos del público parecen que resuenen más fuerte. Pero se escucha el grito de Mads Pedersen, un danés que que ha sido campeón del mundo y que gana en el día más cálido del Tour. Con él llega un noruego, Torstein Traeen -curioso que sean dos corredores nórdicos bajo la canícula-, el que toma el timón de la general, con el permiso de Tadej Pogacar, que no queden dudas.

Al cuarto día llegó la fuga consentida. A la cuarta etapa se llegaron a escapar hasta 34 ciclistas. No es que hubiera vacaciones en el pelotón, porque rodar 182 kilómetros por los alrededores de los Pirineos con casi 40 grados no es agradable, ni para los ciclistas ni para los espectadores.

Pero la fe mueve montañas y había que ver a las 9.30 de la mañana como ya había gente colocando sillas y luego sombrillas en el último kilómetro de la etapa; seis horas bajo un sol de justicia. Si eso no es amor al Tour que venga alguien y lo diga. Y ya no es por los regalos de una caravana publicitaria que recorre Francia igual de sudada que el pelotón, ni para pillar bidones; a centenares caen a la cuneta lanzados por los corredores: un sorbo y a tirarse el agua sobre la cabeza porque a los pocos segundos se convierte en caldo y a los pocos minutos hasta el líquido provocaría quemaduras.

Y ahí están los espectadores sentados y con cara sonriente comiéndose el calor de Foix, la sartén de Francia como Écija lo es de Andalucía. Por la carretera ruedan los Movistar. Alguien los ha mirado con mal ojo porque más desdicha es imposible. Primero Iván Romeo, que se iba a comer el mundo en este Tour, se pone enfermo y adiós muy buenas. Luego se indispone Cian Uijtdebroeks -que difícil es escribir y pronunciar su nombre-, un joven belga de 23 años, que quiere ser estrella pero que llegó maltrecho al Tour para pasar casi como alma en pena por Catalunya sufriendo lo que no está escrito para no perder tiempo en las primeras etapas.

El Movistar sabe a lo que viene, que no es otra cosa que pillar una fuga y anotarse una etapa. Han llegado al Tour sabiendo que Telefónica busca un segundo patrocinador y no es fácil encontrarlo. Eusebio Unzué, el eterno mánager de la escuadra, se mueve para encontrar una solución mientras ata hilos con la intención de fichar a Paula Blasi para el equipo femenino.

Por eso, Raúl García Pierna, hijo de ciclista (Félix García Casas), de Tres Cantos, Madrid, ya lleva dos fugas. La de este martes le sirvió para subir a un podio que no existe, la tercera plaza de la etapa. A su lado va un chaval de Jaca, Pablo Castrillo, el mismo que ganó dos etapas en la Vuelta 2024 cuando corría en el Kern Pharma. Las victorias le abrieron las puertas del Movistar.

A Castrillo le entregan el premio de la combatividad porque no deja de atacar una y otra vez para sorprender a la decena de últimos fugados que se juegan el triunfo de etapa. Suda la meta, las parejas se reparten las botellas de agua como si fueran besos y abrazos. Por la pantalla gigante observan a Castrillo que no se cansa de demarrar porque sabe que el Lidl Trek, el conjunto de Juan Ayuso, lleva a tres corredores y dos de ellos están para ayudar a Pedersen a conseguir la primera etapa de este Tour. Los ayudantes son Mathias Vacek, un checo que se pega como una lapa a Castrillo, y Quinn Simmons, un estadounidense que parece más un piloto de Harley Davidson por sus greñas y que admira a Donald Trump hasta el infinito y más allá.

Por eso, en la sartén de Foix, Castrillo y García Pierna no tienen nada que hacer ante Pedersen más que reivindicar a un Movistar que antaño escribió páginas de oro, victorias de etapa y triunfos en París cuando se llamó Reynolds o Banesto y cuando el ciclismo español buscaba algo más que anotarse un éxito parcial de la carrera.

La ola de calor calienta el Tour y Pogacar decide repartir sus bienes porque sabe que agota demasiado subir cada día al podio y tener que atender entrevistas. Es mejor llegar antes al hotel por mucho cariño que se le tenga a la prenda amarilla que consigue Traeen, un noruego de 30 años que nació en la misma fecha que Induráin, un 16 de julio, día del Carmen.

Traeen lideró la Vuelta el año pasado y fue un afortunado cuando un control antidopaje detectó algo raro en su cuerpo y que no estaba vinculado al uso de sustancias prohibidas. Le hicieron pruebas y le diagnosticaron un cáncer testicular del que fue tratado y curado. Ahora está al frente del Tour con 7.53 minutos de ventaja sobre Pogacar y Jonas Vingegaard, perfectamente asumibles y sin preocupaciones para ambos.

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Fuente: El Periódico

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