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El Mallorca desciende por voluntad propia

El club se desentendió de la Liga, y prefiere que su plaza sea ocupada por un equipo más interesado en la Primera

El Mallorca - Real Oviedo en imágenes

El Mallorca - Real Oviedo en imágenes / Guillem Bosch

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Matías Vallés

Matías Vallés

El Mallorca no solo desciende por voluntad propia, sino que únicamente ha suscitado un interés aunque sea morboso cuando su caída a Segunda era inevitable. Es decir, durante la semana pasada, según atestiguan los elevados niveles de audiencia de los artículos sobre una entidad en quiebra deportiva.

El club se desentendió de la Liga, y prefiere que su plaza privilegiada sea traspasada a un equipo más interesado en la Primera División. Es difícil encontrar un caso más acentuado de altruismo deportivo. El Mallorca no solo ha jugado como una banda digna de categorías inferiores, también ha logrado que la asistencia a Son Moix sea la peor de los veinte primeras a excepción del Getafe, con una ocupación de la grada veinte puntos por debajo de la media.

En realidad, los únicos que no captaron el descenso voluntario fueron los entusiastas del «queda mucha Liga», que se enteraron hace una semana de que se precipitaba una catástrofe que habían despreciado. Y no todos los mallorquinistas tienen la suerte de su seguro servidor, que compartió manteles un sábado de noviembre en territorio Jaume Font con el periodista de este diario que mejor conoce el fútbol. Como viera que yo me debatía en un tranquilizador «hay por lo menos tres equipos más flojos que el Mallorca», me asestó un definitivo:

-El Mallorca es el equipo que peor juega de toda la Liga.

Repito, en noviembre, y solo se le escapó el Oviedo. Queda claro que el Mallora ha acabado la competición donde merece, y que se ha despeñado gracias al empujón colectivo propinado por Díaz/Ortells/Arrasate/Demichelis. No olvidemos en el homenaje póstumo a una plantilla con un compromiso menos que exiguo, y que no ha entrenado a la altura de la competición en toda la temporada. Aparto de la hoguera a Andy Kohlberg porque le tengo aprecio, y porque a día de hoy desconoce cuántos jugadores saltan al estadio en un partido de fútbol. Ignora también en qué consiste el descenso, del que se mofaban abiertamente sus socios Steve Nash y Steve Kerr, en un reportaje para la ESPN de esta misma temporada.

El pasado febrero entrevisté al jugador más inteligente y articulado del equipo, Sergi Darder. Se expresó con su solvencia habitual, pero me impresionó una escena que contemplé en son Bibiloni. Camino de la conversación con el jugador de Artà, nos cruzamos con Raíllo. El defensa no enarcó ni una ceja de reconocimiento de su compañero de equipo, y viceversa. Lástima de no tener ni idea de fútbol, porque ese mismo día podría haber publicado que el descenso del Mallorca era irreversible.

Quedaba mucha Liga, ya no queda ni un átomo. Se puede culpar a la incompetencia prepotente de los dos únicos directivos con cara y ojos, a la falta absoluta de personalidad de Arrasate, al superfluo Demichelis que quiso descargar sobre los mallorquines la responsabilidad de su fracaso, y que tiene el descaro de exigir la continuidad. Sin olvidar los fichajes de enero, inferiores incluso a los de agosto. Sin embargo, el «momento en que se jodió el Perú» coincide con la reacción cobarde del Mallorca ante el desplante de Dani Rodríguez. Un club sin autor ni autoridad, incluso la Segunda parece un regalo.

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