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Baloncesto

Palmer Basket - Fibwi Mallorca: Radiografía del derbi del pánico

Palmer Basket y Fibwi Mallorca disputarán este viernes el derbi más decisivo de la historia

Si Cartagena vence en Burgos, el que pierda descenderá y el que gane mantendrá la categoría

Imagen del derbi de la primera vuelta entre el Fibwi Mallorca y el Palmer Basket

Imagen del derbi de la primera vuelta entre el Fibwi Mallorca y el Palmer Basket / Manu Mielniezuk

J.M. Arbucias

Palma

La temporada 2025/2026 agoniza y el destino, con su habitual sentido del drama, ha decidido que el baloncesto mallorquín contenga el aliento hasta el último suspiro. Tras meses de zozobra, cambios de piezas y un carrusel de emociones que ha desgastado hasta al más optimista, el Palmer Basket Mallorca Palma y el Fibwi Mallorca se encuentran frente al espejo del abismo.

El escenario es digno de una película de suspense. Las miradas estarán puestas en Burgos, donde el Tizona tiene la llave del alivio general: una victoria castellana ante el Cartagena certificaría la permanencia matemática de ambos conjuntos isleños, convirtiendo el derbi del viernes en una fiesta del baloncesto mallorquín. Pero si el Cartagena asalta el Plantío, la épica se tornará en tragedia griega. En ese caso, el derbi dejará de ser un partido para convertirse en un duelo a vida o muerte: quien gane tocará el cielo de la salvación; quien pierda, descenderá a la Segunda FEB.

1.- Palmer Basket

Tras una temporada 2024-25 de ensueño que culminó con el histórico ascenso a la Primera FEB, el Palmer Basket Mallorca Palma inició el nuevo curso bajo el aura del éxito. El club encaraba el reto con la confianza que otorga el trabajo bien hecho y la ilusión de prolongar la inercia ganadora de los meses anteriores. Ese binomio —rigor y optimismo— caló hondo en una afición que creyó ciegamente en la solidez del proyecto. Sin embargo, en el deporte la aritmética es caprichosa: dos más dos no siempre suman cuatro y lo que hoy es blanco, mañana puede teñirse, casi sin aviso, de un negro tempestad. Nadie pudo vaticinar el cúmulo de infortunios y despropósitos que han mantenido al equipo en la cuerda floja gran parte de la temporada.

2.- Inestabilidad en la plantilla

En la categoría de plata del baloncesto profesional español es habitual el trasiego de fichajes, pero el Palmer Basket llevó el refrán «entre poc i massa, la mesura passa» al extremo. La constante rotación de jugadores dinamitó la estabilidad necesaria para competir en una liga tan exigente. Hasta diecinueve nombres han desfilado por la plantilla; la mayoría, víctimas de no haber cumplido con las expectativas iniciales.

La planificación estival fue cuestionada desde el salto inicial. Del bloque del ascenso permanecieron Adrián Chapela, Alessandro Scariolo, Joan Feliu, Àngel Comendador y Ander Urdiain. Las incorporaciones (Frierson, Hollowell, Massoud, Tsimbila, Dike, Sá y Carralero) resultaron fallidas en su mayoría: Tsimbila ni debutó, y su relevo, Lucas N’Guessan, fue cortado al cabo de un mes. El goteo de bajas continuó hasta diciembre, obligando a una reconstrucción de emergencia. Durante el mes de noviembre Frierson y Holowell fueron despedidos y Massoud y Scariolo abandonaron la disciplina del grupo en diciembre. Solo se salvaron de la quema Dike, Sá y Carralero. Todo ello obligó a incorporar entre octubre y diciembre a Hansel Atencia, Danny Agbelese (cortado posteriormente), Duda Sanadze, Josh Roberts, Archange Izaw-Bolavie y Phil Scrubb. Algunos errores en la confección del roster fueron «subsanados» con nuevos desaciertos.

3.- Baile en el banquillo

Si el vestuario fue una puerta giratoria, el cuerpo técnico no fue la excepción. Marco Justo, avalado por la excelente campaña anterior y por su éxito con la selección española U18, renovó su compromiso y le acompañaron Pablo Rosado y Miquel Arqué. No obstante, el técnico canario dimitió a principios de noviembre tras un arranque desolador de cinco derrotas consecutivas.

Tras un breve interinato de Rosado, en el que se logró la primera victoria del curso ante Menorca, el técnico canario dimitió por coherencia y el club apostó por Lucas Victoriano. La maniobra no solo no revirtió la situación, sino que la agravó. Su paso efímero se saldó con una victoria y cinco derrotas, incluyendo la humillante paliza en Son Moix ante el Obradoiro (45-115). Finalmente, Juan Ignacio Díez asumió el mando junto a Raúl Machado y Joan Llull, terna que ha cerrado el curso en el banquillo tras ser ratificada en enero.

4.- Una pretemporada premonitoria

Aunque los resultados en verano suelen ser anecdóticos, la pretemporada del Palmer Basket ya emitía señales preocupantes. En sus cuatro encuentros de preparación, más allá del balance de tres derrotas por márgenes estrechos, las sensaciones no eran halagüeñas. El equipo solo pudo imponerse al Sant Antoni (de categoría inferior), cayendo ante Estudiantes, Fibwi y Menorca. El rodaje físico y táctico nunca llegó a ser suficiente para el debut oficial.

5.- El calvario de la Fase Regular

«Lo que mal empieza...». El equipo firmó un inicio desalentador: la primera victoria tardó siete jornadas en llegar, y la segunda se demoró hasta la undécima. Las derrotas fueron la única constante de una campaña donde solo se enlazaron dos triunfos consecutivos en una ocasión (jornadas 22 y 23). El dato es demoledor: el Palmer Basket ha ocupado puestos de descenso en 23 de las 33 jornadas disputadas.

6.- El factor de las lesiones

El infortunio físico terminó por dificultar las opciones de salvación. Jugadores clave como Chapela, Sá, Feliu, Sanadze, Dike, Comendador o Carralero pasaron por la enfermería, pero el golpe de gracia fue la lesión de Phil Scrubb. El canadiense, eje sobre el que pivotaba el juego cuando el equipo empezaba a «sacar la cabeza del agua», cayó lesionado en el tramo más crítico. Sin su liderazgo en las últimas cinco «batallas» decisivas, y con la normativa federativa impidiendo el fichaje de un relevo de garantías, el equipo redujo sensiblemente sus opciones de permanencia. Y cuando todos los pronósticos apuntaban hacia un pesimismo comprensible, la victoria ante Alicante sirvió para llegar a la última jornada con opciones de permanencia.

Aramburu (23) fue el jugador más decisivo del derbi (Fibwi Palma-Palmer Basket)

Imagen del derbi entre el Fibwi y el Palmer de la primera vuelta / BSA

7.- Fibwi Mallorca

La directiva del equipo de S’Arenal apostó también por la continuidad. Los excelentes resultados de las eliminatorias de ascenso, incluida la victoria épica en Son Moix ante Insolac Caja 87, otorgaron al club dirigido por Guillem Boscana la posibilidad de volver a pisar la tierra prometida de la Primera FEB. En la nueva temporada el equipo firmó una primera vuelta notable, en la que se le colgó la etiqueta de equipo revelación y en la que llegó a ocupar posiciones de play-off, pero una segunda vuelta en la que se entremezclaron un cúmulo de circunstancias inesperadas con una racha inusual de derrotas, lo llevaron a la crítica situación en la que ahora se encuentra.

8.- Una plantilla reforzada para afrontar las exigencias de la temporada

El primero en renovar fue el director técnico, Martí Vives, el arquitecto del equipo. Tras él renovaron Xabi Beraza, Jon Ander Aramburu, Jorge Martínez, Patrick Santos y Brian Vázquez, claves en el ascenso del curso anterior. Los refuerzos llegaron en verano y engrosaron la nómina de jugadores: Óscar Siquier, Laron Smith, Juan Bocca, Osvaldas Matulionis, Lysander Bracey, Lucas Capalbo y Pedro Bombino. La “normalidad” del cambio de cromos también afectó a los de Ciutat y temporalmente se fichó a Loïc Menuge (substituto de Beraza), a Alessandro Scariolo y a Fallou Niang, tras la marcha de Spencer.

9.- De la era Pablo Cano a la apuesta por Pablo García

Las riendas del equipo se dejaron en manos del entrenador artífice del ascenso, Pablo Cano, acompañado de Rubén Escalas. A finales de marzo, inmersos en una tendencia negativa de resultados, saltó la sorpresa: Cano fue destituido, según la nota oficial del club por “diferencias irreconciliables con la dirección deportiva”. La directiva del Bahía San Agustín apostó por Pablo García, técnico que inició su andadura en las categorías inferiores del Unicaja de Málaga y que antes de su llegada a Palma dirigió a importantes equipos de la liga mexicana. Escalas dirigió de manera interina el grupo contra Obradoiro. García aterrizó con el objetivo de revertir la situación, la de ocho derrotas seguidas, y asegurar la permanencia. A falta de una jornada para que finalice la fase regular, el tan deseado triunfo todavía no se ha producido y en estos momentos ha acumulado trece derrotas seguidas.

10.- De más a menos

El Fibwi Mallorca, si atendemos a los resultados, durante esta campaña ha mostrado dos caras antagónicas. Hasta la jornada 19 su balance era de 9 victorias y 9 derrotas. Sus satisfactorias actuaciones supusieron que durante 12 jornadas se mantuviera en posiciones de play-off. La ilusión de una campaña histórica se había apoderado de muchos de sus seguidores. Pero a partir de la jornada 20, su rendimiento numérico cayó en picado. Desde entonces solamente ha conocido la triste realidad de la derrota, no ha vuelto a ganar ningún partido, llevándole a la inquietante situación actual. Algunas de estas derrotas han seguido curiosamente el mismo guion: opciones de victoria hasta los últimos minutos, pero una mala lectura de las últimas posesiones ha certificado las derrotas.

11.- Las lesiones no han ayudado

Como en la mayoría de equipos, las lesiones han perjudicado el devenir normal del equipo. Beraza se lesionó de gravedad al inicio de la temporada y ha sumado una temporada en blanco. Matulionis, Bocca, Spencer, Martínez, Capalbo, Aramburu y Bombino no han podido disputar todos los encuentros por mor de las lesiones. No poder contar con el pívot cubano – para García, el jugador más determinante de la plantilla – en las últimas jornadas ha supuesto un serio obstáculo, que ha mermado el equilibrio de la plantilla.

Más allá del ajedrez táctico de Juan Ignacio Díez y Pablo García, más allá de la ausencia de Scrubb o el vacío bajo el aro de Bombino, el próximo viernes, cuando el balón vuele por los aires en el salto inicial, se detendrá el tiempo. Será el momento de dejar a un lado los fríos datos estadísticos y de olvidar los fichajes fallidos, las rachas de derrotas y los errores del pasado. Solo quedará el orgullo y la pasión de dos escudos que quieren seguir siendo de oro, dos proyectos que, con sus diferencias y matices, representan el orgullo de una isla que respira baloncesto. Ganar es importante, pero sobrevivir juntos es la verdadera victoria.

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