Entrevista
Carolina Marín: "Seguir jugando habría supuesto arriesgar mi vida y era innecesario"
La campeona olímpica confiesa que vivió sus peores años entre 2019 y 2021, con dos lesiones graves y la muerte de su padre en plena pandemia

Carolina Marín, durante la entrevista en Huelva. / CURRO MORENO-AURIOLES

Dieciocho años después de abandonar su casa siendo una niña con destino a Madrid para arriesgarlo todo en pos de un sueño, Carolina Marín (Huelva, 1993) anunció hace dos semanas en sus redes sociales que no participaría en el Campeonato de Europa que se está disputando en su Huelva natal y que se retiraba.
Atrás quedan su histórico oro olímpico en los Juegos de Río de Janeiro en 2016, sus tres títulos y una plata mundiales y sus siete entorchados continentales, pero también tres gravísimas lesiones (dos en la rodilla derecha y una en la izquierda) que la han obligado a abandonar.
La última llegó de la manera más cruel posible, en las semifinales de los Juegos de París cuando dominaba a la china He Bingjiao por 21-14 y 10-4. Pese a que lo intentó hasta el final, esta vez la cabeza ha podido más que un corazón que podría haberla llevado a una cuarta lesión fatal para su vida.
Al día siguiente de ofrecer su primera rueda de prensa en Huelva en un acto organizado por Iberdrola que incluyó un emotivo clínic con niños en el pabellón en el que inició, Carolina Marín atendió a este diario en la terraza del coqueto Growers Boutique Huelva, prácticamente enfrente del Castillo y muy cerca de la Catedral.
Remontémonos a la Carolina que vivía en Huelva antes de irse a Madrid. ¿Cómo era esa niña de 10 o 12 años que empezaba a jugar al bádminton?
Era muy divertida, muy carismática, muy cariñosa, muy familiar. ¡Y muy competitiva!
La competitividad ha sido clave de su carrera, ¿no?
Sí. Ya no solamente la competitividad, sino también la autoexigencia. Son dos cosas que me han llevado a ser lo que soy.

Carolina Marín, durante la entrevista en Huelva. / CURRO MORENO-AURIOLES
¿Era muy de irse con las amigas o con sus padres a Punta Umbría o a otras playas cercanas?
Sí, en verano iba con mis padres a la playa, pero no a Punta. Íbamos a El Cruce, que está entre Punta Umbría y El Portil. Pasaba mucho tiempo con mis padres, con mis primas y con toda mi familia, porque soy muy familiar. Y fíjate tú, después de casi 20 años fuera de mi ciudad, es una de las cosas que más he echado de menos.
Suele repetir que no tenía talento, pero sin talento habría sido imposible. ¿Cuándo entendió que podría ser muy buena en el bádminton?
Lo he ido viendo con el tiempo. No sé decir un momento exacto, porque te mentiría. Pero yo no he tenido talento. No he sido una asiática, que parece que nazcan ya con la raqueta debajo del brazo. Yo he tenido que trabajar mucho y he tenido que desarrollarme mucho para poder sentirme competitiva contra el imperio asiático.
¿Ha trabajado más que nadie o, al menos, tanto como la que más?
No sé si más que nadie, porque no sé cuánto han trabajado las demás, pero te puedo decir que me he dejado las rodillas, mi cuerpo y mi mente. Me he exprimido más allá de lo que yo pensaba que era mi límite para intentar ser la mejor.

Carolina Marín explicó los motivos de su retirada / SPORT.es
¿Se arrepiente de algo?
No. Por supuesto que se podrían haber mejorado algunas, pero todas las decisiones que he ido tomando a lo largo de mi vida han tenido su porqué y su motivo. No ha sido una vida fácil, pero también ha sido un privilegio vivir cada cosa a lo largo de todos estos años.
2014 fue su primer gran año. Quedó campeona de Europa y del mundo. Y en 2015 fue la primera vez que reinó en Asia en el Mundial. ¿Le sorprendió en lo que se había convertido la siguiente vez que visitó ese continente después de ser campeona del mundo?
Pues mira, lo que más me sorprendió fue una de las primeras veces que fui a Asia. La gente no sabía quién era Carolina Marín, pero sabían que chillaba, que era algo que les impresionaba. Uno de los países que más me impresionó fue Indonesia, porque allí la afición es espectacular, son como los ultras del bádminton. Una de las cosas bonitas fue que, sin ser yo nadie todavía, la gente me animaba y me tenía cariño porque era la única europea que podía hacer un poquito de competencia a las asiáticas. Para ellos era extraño y algo digno de admirar. A mí me impresionaba la manera como me trataban.
Sólo hay dos personas en Europa que han ganado a los asiáticos, usted y el danés Viktor Axelsen. Y otro detalle es que usted está a punto de ganar en su debut en un Europeo en 2012 ante la que sería campeona (la danesa Tine Baun) y no ha perdido más partidos en un Europeo.
(Sonríe). Mira, por lo competitiva que soy, una de las cosas que me dio más rabia fue no haber podido ganar aquel Campeonato de Europa contra las mejores europeas del mundo. Además de Tine Baun, estaba Juliane Schenk, una alemana que hacía mucha competencia a las asiáticas. Me dio muchísima rabia. Yo era una niña y siempre he tenido esa espinita clavada.

Archivo - Carolina Marín posa con su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016 / DIEGO G.SOUTO - Archivo
La cita clave de su carrera son los Juegos de Río. ¿Fue a por el oro?
Fui a ganar el oro. De hecho, creo que fui la única deportista española que en la rueda de prensa dije que yo había ido a los Juegos Olímpicos a ganar la medalla de oro. Y claro, sin saber si la iba a ganar, porque no pongo la mano y me cae la medalla del cielo. Fui con la idea muy clara, sabiendo todo lo que había entrenado, cómo me había preparado y cómo me sentía física y mentalmente.
Cuando se vio un set abajo en la final contra la india Sindhu, ¿en qué pensaba?
En ganar... y mira que la noche de antes dormí dos horas.
O sea, que Carolina no es perfecta...
No, por supuesto que no, pero tenía tantas ganas de vivir ese momento que estaba muy nerviosa. Era una final olímpica, nunca sabes si vas a volver a jugarla y estaba allí con toda la emoción. Sabía que estaban mis padres en la grada, todo mi equipo apoyándome. De repente, cuando salí a la pista y vi unas 7.000 personas, la mitad españoles y la otra mitad indios... Fue tan bonito que lo recuerdo y se me siguen poniendo los pelos de punta.
Después ganó dos oros europeos, un Mundial y vienen los tres peores años de su vida, con dos lesiones graves y la muerte.
Sí.
¿Cómo llevó esa gran tristeza por su padre y el tener que volver a Madrid? Supongo que fue una época muy complicada, ¿no?
Sí, esos años fueron de los más duros. Ten en cuenta también que estaba el Covid de por medio y que perdí a mi padre en plena pandemia. Desde luego, los cuatro meses de pandemia que me pegué en el hospital con mi padre no se los dejo a nadie. Fue una situación muy delicada.
El accidente de su padre fue en febrero y el confinamiento empezó en marzo, ¿no?
Claro. Fue una situación muy complicada y muy difícil de tratar, porque tenía que estar casi 24 horas cada día en el hospital con mi padre. No me podía cambiar casi con nadie. ¿Sabes? He aprendido mucho de eso. Siempre intento sacar algo positivo de situaciones negativas o menos buenas. Por supuesto que de lo que pasó con mi padre no saqué nada positivo, porque había perdido a la persona que más quiero.
Duele más cuando se va a una persona que está bien, claro.
Por supuesto. Ahora estamos aquí y mañana o dentro de un rato no sabemos dónde vamos a estar. He aprendido mucho de eso. Hay que saber disfrutar de cada momento de la vida, que parece un dicho, pero hasta que no nos pasa algo grave, no somos conscientes de la importancia de vivir el presente.
Y no volvió a jugar una final olímpica...
Mira, no lo había pensado como tal, pero para que veas cómo son las cosas, que la vida te va poniendo piedrecitas más pequeñas o más grandes por el camino y hay que ir superándolas.

Carolina Marín, en los Juegos de París. / Oscar J Barroso / AFP7 / Europa / Europa Press
Después, ganó una plata en un mundial, volvió a reinar en Europa y llegó a los Juegos de París. Algo muy bonito, pero acabó siendo desgarrador...
Yo lo denominaría momento cruel. No sé si es justo o injusto, o si es más o menos suerte, porque no creo en la suerte, pero fue cruel, porque había esperado ocho años desde Río, habiéndome quedado a dos meses de los Juegos de Tokio cuando me rompí la rodilla por segunda vez, aunque mis condiciones ahí no eran las mejores por la pandemia y por lo de mi padre. Tuve suerte de que se aplazasen, pero después mi rodilla también dijo hasta aquí. Fue muy cruel esperar ocho años y que se me volviese a parar la vida de repente a 11 puntos de la final.
¿Cuántos días tardó en dejar de repetir esa acción en su cabeza?
A ver, no es que le diese vueltas. Yo decía, pero si el día anterior estaba muy bien física y muscularmente. Normalmente, cuando llegaba a cuartos o a la semifinal de un torneo, mi musculatura se resentía y estaba un poquito más cansada, pero cuando acabé el partido de cuartos en los Juegos de París y estaba tratándome, el fisio me decía que muscularmente estaba perfecta, o sea que no estaba ni cansada ni nada. Entonces, me da mucha rabia, porque todavía no he encontrado por qué me pasó. Además, fue un gesto que he hecho un millón de veces y justo en ese momento, pues bueno.
Un minuto antes hizo ese gesto dos veces...
Sí, sí. Mira, en las dos lesiones anteriores, en 2019 y en 2021, sí puedo encontrar un poco la explicación de por qué mi cuerpo dijo hasta aquí. Sin embargo, lo sigo pensando y no encuentro ninguna explicación a por qué ese día en París mi rodilla no aguantó.

Carolina Marín, durante la entrevista en Huelva. / CURRO MORENO-AURIOLES
¿Cómo fueron esas horas? Recibió apoyos de todo el mundo, pero no estaba para esas cosas...
En ese momento yo sólo quería desconectar. Apagué el móvil y no le hice ni caso. Al día siguiente, cuando en la final la jugadora china enseñó el pin de España, yo no había visto nada y me lo tuvieron que decir, porque mi móvil seguía apagado. Fueron momentos duros y complicados, de ir asimilando poco a poco lo que me estaba pasando y que tenía que volver a entrar en quirófano, porque mi rodilla estaba rota otra vez. Mi pensamiento era... me quiero ir de aquí, porque ¿qué hago ya en unos Juegos Olímpicos? Si yo no he venido a ver la Torre Eiffel, yo he venido aquí a ganar otra medalla de oro.
¿Ese día tuvo la sensación de que había jugado su último partido?
Sí, por supuesto. Ese día vi mi final, porque lo vi todo muy negro. Vi mi carrera deportiva terminada.
Volvió a rebelarse, intentó volver, se operó hace dos meses... ¿Cuándo entendió que se ha acabado de verdad?
Pues hace muy poco. He exprimido mi cuerpo más allá de lo que pensaba que me podía responder y hasta el último momento no tomé esta decisión, que ha sido muy meditada y muy pensada desde el día a día, porque he tenido que ir viendo cómo me respondía la rodilla.
La pregunta que se hace la afición y mucha gente. ¿Carolina habría podido jugar este Europeo arriesgando su salud?
Por poder, habría podido, pero es lo que tú dices, eso suponía arriesgar mi vida y era innecesario, porque Carolina tiene 32 años y mucha vida por delante. Cuando los deportistas se retiran, por un lado es algo bueno y, por otro lado, no. Lo llamamos como nuestra jubilación, pero lo bonito es que te jubilas a los 65 años, que ya te queda menos margen de vida. Aquí no, aquí nos jubilamos jóvenes, porque yo tengo 32 años y me queda toda una vida por delante.
Estudió dietética y se habla de que podría ser entrenadora o seguir con las charlas motivacionales. Todavía tiene que ubicarse, ¿no?
No la llegué a acabar. Me apunté, pero me di cuenta de que era imposible compaginar ambas cosas por mis entrenamientos y mis competiciones. Es lo que dices, ahora tengo que ubicarme y lo que quiero es disfrutar de la vida, de mi familia, de mi tierra y de mi gente. Quiero pasar mucho más tiempo en Huelva y recuperar el que no he pasado durante todos estos años.

Carolina Marín celebra un triunfo. / Kiko Huesca
Ahora le toca viajar y conocer países... no tan solo pabellones.
(Ríe). Claro, no conocer pabellones y hoteles y aeropuertos, que ya me los conozco perfectamente. Hablo de conocer países de verdad.
En Río también ganó Ruth Beitia el oro en altura, Blanca Fernández Ochoa ganó en su día una medalla olímpica y Maialen Chorraut tiene varias, pero sus disciplinas siguen siendo deficitarias. ¿Qué se puede hacer para que haya más Carolinas y más Carolinos?
De lo que más orgullosa me siento es de haber puesto el bádminton en boca de todos los españoles, pero una vez que Carolina ya ha colgado su raqueta, me daría mucha pena que el bádminton quede olvidado. Hasta ahora he hecho todo lo que ha estado en mis manos y ya se ha visto con los títulos y con los reconocimientos, pero ahora quiero seguir intentando que el bádminton no se olvide. También la Federación Española de Bádminton debería haber hecho su trabajo en su momento y seguir haciéndolo a través de promoción, de formación de entrenadores, etcétera.
He visto varias veces en La Antilla (la playa de Lepe) a jóvenes jugando al bádminton en un chalet o en la calle. ¿Qué piensa cuando ve eso?
Bueno, me da felicidad. Cuando fui por primera vez a China, al salir del hotel veía a gente jugando al bádminton en la calle y siempre soñé con que eso pudiese verlo en España. Ver a esos chicos es lo que más felicidad me da.
Casos como el suyo, el de Ruth Betia y otros tantos parecen más producto del esfuerzo de un entrenador como Fernando (Rivas), de una deportista como usted y de un entorno favorable que de infraestructuras, ¿no?
Hombre, infraestructuras... A ver, hemos tenido las justas y necesarias, las cosas como son, pero sí es cierto que ha sido un poco por el conjunto de personas que rodea al deportista y por esa mentalidad y esa exigencia de querer ser los mejores.
¿Qué ha supuesto en su vida Fernando Rivas, su entrenador de siempre?
Él ha pasado por todas las facetas. Ha pasado por entrenador, por segundo padre, por psicólogo, por amigo, por compañero...
Y por irse algún día maldiciendo y enfadada con él, ¿no?
Por todo lo bueno y por lo malo, claro. Llevamos 19 años juntos y esto ha sido como un matrimonio.
Ponga un titular a este viaje.
¡Guau! Un titular... Yo te diría que ha sido un viaje inolvidable y maravilloso, en el cual ha estado siempre presente la resiliencia.
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