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Fútbol

Opinión | Muriqi mete al Mallorca en el Mundial (de la salvación)

Muriqi conduce el balón.

Muriqi conduce el balón. / EFE

Emilio Pérez de Rozas

Emilio Pérez de Rozas

Palma

La victoria, como la derrota, es de todos. Pero cuando alguien consigue derrotar al campeonísimo de Europa en los últimos minutos, casi en el último minuto, parece que debería llevarse todos los elogios. Y esta vez es así, no hay duda, y su nombre es Muriqi. Bueno, su nombre es Vedat; su apellido, Muriqi.

Es verdad, cierto, que sin las paradas de Leo Román, sin el fútbol de Darder, sin la contención, sacrificio y dedicación de todos los futbolistas rojillos, incluidos los que han aparecido desde el banquillo, no se hubiera producido, con diferencia, con mucha diferencia, el resultado más sorprendente de LaLiga.

Lo es, pese a que el Real Madrid también ha perdido con Osasuna y Getafe, dos equipos tan modestos como el ‘Mallorqueta’, porque estamos en ese tramo del campeonato, las diez últimas jornadas, en las que entrenadores históricos, casi únicos, como Johan Cruyff y Luis Aragonés, aseguraban (y era cierto) que se decidían los títulos y, por descontado, las posiciones de descenso. Es por ello que resulta imperdonable que todo un candidato al título como el Real Madrid pierda de la manera que cayó en Son Moix, donde nunca, nunca, nunca, tuvo ni siquiera posibilidad de ganar el partido. Como mucho, lo tuvo empatado.

Lo de Muriqi ya empieza a ser preocupante, no solo para el goleador kosovar sino, muy especialmente, para el Real Mallorca, para Arrasate y hasta para Demichelis. Resulta poco creíble que el equipo que tiene al segundo clasificado en el trofeo Pichichi, con 19 goles (a cuatro de Mbappé), esté jugando en esa línea tan crítica que significa entrar y salir de la zona de descenso dependiendo de un empate, una victoria o un penalti fallado.

Muriqi, que, con toda seguridad, será la gran venta del Real Mallorca nada más acabar el Mundial (o antes), tiene la fortaleza de un gladiador. No es un pirata, no, es mucho más que un pirata. Muriqi no roba nada, lo conquista. Eso, un gladiador.

Es tan fuerte, tanto, que se levanta del penalti errado en Elche (“voy a seguir lanzándolos, por descontado”, dijo esa misma noche) y, peor aún, se levanta, a los pocos días, de llevarse el disgusto de su vida al no poder acompañar a su pueblo al Mundial de EEUU, México y Canadá.

Hay que ser muy fuerte para superar dos golpes así. Hay que ser gladiador para levantarse y llevar sobre tus espaldas a todo un equipo, un vestuario, un club hasta una de las victorias más impresionantes de la última década. Una victoria ante el campeonísimo de Europa que permite, de momento, que el ‘Mallorqueta’ salga del descenso en una jornada imposible.

Muriqi lleva 19 goles en Liga, ya ha empatado con Magdaleno y persigue la marca de Güiza (27). Cierto, sin Leo Roman, sin Darder, sin los demás, este Real Mallorca estaría con el agua al cuello, pero sin Muriqi ya se hubiese ahogado.

Eso sí, hay un dato que resulta demoledor y que demuestra lo injusto del fútbol: solo dos de los 19 goles de Muriqi permitieron al Real Mallorca ganar sus partidos. El último, frente al Real Madrid. Suficiente.

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