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Aventura

El reto mayúsculo de Sebastián Vallbona: coronar las cimas más altas del planeta

Residente en Mallorca desde 2002, inicia en dos semanas el reto de escalar la montañas más alta de cada continente, bautizado como ‘Seven Summits, One Dream’

Sebastián Vallbona, en la cima del Teide.

Sebastián Vallbona, en la cima del Teide. / S.V.

“Trabajando de informático, era el año 2011, fui a una oficina y el director tenía una foto en la cima del Kilimanjaro. Y le dije: ‘Carlos, ¿tú has subido ahí arriba?’. Y por dentro pensé: ‘yo también lo quiero hacer’”. Así nació la idea que Sebastián Vallbona (Buenos Aires, 1975) empezará a materializar este mes de marzo. Residente en Mallorca desde 2002, afrontará un desafío que puede pasar a la historia de la tradición montañera de la isla: subir la cima más alta de cada continente. ‘Seven Summits, One Dream’ es el nombre con el que ha bautizado esta iniciativa.

Su familia por parte de madre es italiana, y por parte de padre, española. En el 2001, debido a la crisis de Argentina, decidió venir a Mallorca, donde reside su abuela mallorquina de Campanet, que a los tres años, debido a la Guerra Civil, emigró a Buenos Aires, según relata Vallbona. Su afición por la montaña viene de lejos: a los 16 años empezó a recorrer Argentina en bicicleta y a los 17 hizo un curso de escalada.

Cuando llegó a Mallorca, se compró un libro de excursiones hecho por un alemán e hizo todas las que había. En el momento en el que se empezó a plantear seriamente este reto, hace ya más de diez años, su pareja de aquel momento, con la que posteriormente terminó, le dijo que estaba “chalado”. Con otra mujer “más montañera”, lo primero que hizo cuando nació su hija fue subir el Galatzó con ella, y en Argentina, a los tres meses, se fueron hasta la cima del Chaltén, el Fitz Roy. Dos anécdotas que plasman a la perfección cómo vive el montañismo.

Ese sueño que nació en una oficina hace más de una década empieza ahora a tomar forma real. Vallbona iniciará el “Seven Summits, One Dream” el próximo 24 de marzo, cuando viaje desde Mallorca hasta Doha y, desde allí, a Tanzania. Dos días después comenzará el ascenso al Kilimanjaro, la montaña más alta de África, con la previsión de alcanzar la cima y regresar el 4 de abril.

Ha elegido esta montaña como punto de partida porque, dentro del desafío de las siete cimas, el Kilimanjaro “solo tiene hielo en la parte de arriba y es la más idónea para empezar”. Después, según tiene previsto, llegarán el Aconcagua en Sudamérica y el Elbrus en Europa. Entre expediciones, Vallbona también se plantea afrontar retos intermedios que le permitan preparar los siguientes ascensos. Uno de ellos podría ser el Mont Blanc, con la idea de adaptarse progresivamente a condiciones de mayor dificultad.

La siguiente etapa del desafío sería la Pirámide de Carstensz, en Oceanía, una montaña que define como “muy técnica”. Después llegaría el Denali, en Norteamérica, y más adelante afrontaría el Vinson, en la Antártida, donde el principal reto serán los fuertes vientos y las temperaturas extremas, que pueden alcanzar los 30 grados bajo cero con rachas de entre 120 y 150 kilómetros por hora. El objetivo final será el Everest, en Asia, al que espera llegar con la preparación acumulada tras completar las otras seis montañas.

No obstante, Vallbona no se ha marcado un plazo para completar el reto. Prefiere avanzar “montaña a montaña”, sin presión por terminar en una fecha concreta: “Pueden pasar muchas cosas en el medio, como cimas que no pueda subir en el primer intento. Poner una fecha de final es agregar una piedra bastante grande en la mochila”. Por eso, afronta el proyecto “con calma y tranquilidad”.

Sebastián Vallbona, durante una excursión por la montaña.

Sebastián Vallbona, durante una excursión por la montaña. / S.V.

La decisión de emprender esta aventura ahora y no antes también tiene que ver con su situación personal: “Hace un año que me separé y dije: ‘este es el momento’. Cumplo 50 años y no tengo a nadie que me diga que no”. Lo primero que hizo fue hablar con sus hijos y con su madre para que entendieran lo que quería hacer y por qué.

Mis hijos saben lo que me gusta y lo que disfruto. Me dijeron que tengo que volver, solo eso. No pusieron ninguna pega, solo que tengo que volver”, cuenta visiblemente emocionado. Su madre también lo apoya, aunque lo hace “con los miedos e incertidumbres que siempre tiene una madre”.

Para afrontar un desafío de estas dimensiones, Vallbona lleva meses preparándose. Sigue una rutina diaria de entrenamiento de más de una hora, centrada en ganar fuerza y capacidad física, y tiene un objetivo de entre 20.000 y 25.000 pasos diarios. Los fines de semana, además, hace entre 30 y 50 kilómetros por la Serra de Tramuntana. Una preparación para la que cuenta con la ayuda de un entrenador. Para cada expedición contará también con apoyo logístico sobre el terreno. En el Kilimanjaro, por ejemplo, irá acompañado por un equipo local formado por médico, cocinero y porteadores.

El reto tendrá además una dimensión solidaria. Su idea consiste en donar diez euros por cada cien metros ascendidos a una institución benéfica que ayudó a un compañero suyo cuyo hijo falleció. “Lo haré en su nombre”, afirma. El proyecto, que está financiado por Witse —una de sus empresas dedicada a las energías renovables—, busca así combinar el montañismo con una causa solidaria.

Mallorca sigue siendo el lugar donde se entrena cada fin de semana para afrontar ahora este desafío. Cuando habla de sus lugares favoritos de la Tramuntana, lo tiene claro: “El punto más bonito es la cima del Massanella en un día despejado, porque se puede ver toda la isla”. Otro lugar especial para él es el Galatzó, donde incluso ha estado viviendo “más de veinte días”.

Vallbona asegura que no siente “miedo”, aunque sí mantiene un “profundo respeto” por cada montaña. “Lo tengo si subo el Massanella cuando hay un temporal o si subo el Kilimanjaro”, asegura. “Hay que tener claro que la cima solo es la mitad del viaje. Después queda la otra mitad, que es bajar y volver a casa”, añade.

Esa forma de entender la montaña es lo que le ha acompañado durante años: “Siempre he estado vinculado con llegar a los picos más altos porque creo que desde ahí es donde están las mejores vistas”. Ahora, esa misma motivación es la que lo impulsa a afrontar el sueño que se ha propuesto: “Soy un adicto a eso, a llegar al pico más alto para descubrir qué es lo que se ve. Es un desafío conmigo mismo. Es como pasar pantalla en un videojuego. Igual estoy loco, pero es lo que me gusta, lo que me mueve y lo que me atrapa”.

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