Voleibol
Gloria Souto, una árbitra mallorquina en la élite europea del voleibol
La balear, que empezó dirigiendo partidos como colegiada para ganar dinero mientras estudiaba, se ha convertido en una referente de la Superliga española y de competiciones internacionales

Gloria Souto, durante un partido. / G.S.
Aina Segura Quetglas
Lo que empezó como una forma de ganar «unas perrillas» mientras estudiaba en la universidad, terminó convirtiéndose en una carrera que hoy la lleva por toda Europa. La mallorquina Gloria Souto se ha consolidado como una de las árbitras de voleibol de referencia en España y en el viejo continente.
La relación de Gloria Souto con este deporte comenzó desde pequeña. «Yo ya estaba vinculada al voleibol porque jugaba. Empecé a los 12 años», explica a este diario. Fue después, cuando empezó sus estudios universitarios en Sevilla, cuando cambió el balón por el silbato: «A los 18, vi en el mundo del arbitraje una manera de sacarme unas perrillas». «Fue fruto de esa necesidad de empezar a independizarse y de tener ese dinerillo para mis gastos personales y no tener que tirar de papá y mamá», recuerda nostálgica. Esa decisión, tomada casi por casualidad, terminó por destapar su gran pasión.
Desde entonces, la carrera de Souto no ha dejado de avanzar. Actualmente, arbitra en la Superliga, la máxima categoría del voleibol español, tanto en la competición masculina como en la femenina. «El fin de semana pasado (27 febrero-1 marzo) estuve en la Copa del Rey», cuenta. «He estado en 6 Copas de la Reina y esta era la primera vez que iba a la Copa del Rey. Iba muy ilusionada», afirma la árbitra.
Además, forma parte del grupo 2 de árbitros a nivel europeo, lo que le permite dirigir encuentros de competiciones europeas como la CEV Cup. «Este lunes -por ayer para el lector- mismo marcho a Poitiers, Francia, para un partido de cuartos de final de esta competición», señala.

Gloria Souto, durante un partido de voleibol. / G.S.
Su trayectoria en Europa cumple en esta temporada diez años y, al hacer balance, Gloria Souto no oculta su gratitud ante las oportunidades recibidas: «Solo tengo grandísimas y maravillosas cosas que decir». «Una siente que es una pequeña miga de pan en toda la panera y que alguien se fije y cuente contigo es de agradecer», sostiene.
El camino hasta llegar al arbitraje internacional no es sencillo. Según explica, los árbitros deben ser propuestos por su federación nacional para poder acceder al curso que permite entrar en la estructura europea: «La Federación Española te propone para realizar el curso. No hay curso todos los años y de todas las personas posibles eligen uno o dos representantes». «Yo lo hice en Turquía en 2015 y allí coincidí con otros 20 compañeros de diferentes países y la experiencia fue increíble», relata. «A partir de ahí, entras en el grupo 3 de la Confederación Europea de Voleibol y vas avanzando a lo largo de los años. En un momento dado, si ellos te ven proyección, te suben al grupo 2, en el que estoy yo ahora», añade Souto.
Entre los momentos más destacados de su carrera internacional, recuerda especialmente la final masculina de la Challenge Cup que arbitró en 2019 en Bélgorod (Rusia). También ha participado en semifinales y fases finales de diferentes competiciones europeas. Para ella, que los organismos europeos sigan confiando en su trabajo es un reconocimiento importante: «Que sigan contando conmigo… dices: ‘¿Quién se va a acordar de alguien que vive en una isla remota de la parte occidental de Europa?’. Estoy súper agradecida de que me nominen y me tengan en cuenta”.
"Hay muchísimos compañeros que se quedan fuera; hay cerca de 400 árbitros en Europa y es muy complicado"
En cuanto a la posibilidad de ascender al grupo 1, Souto declara que es «difícil», porque ya hay tres árbitros españoles en el top, pero no hay nada descartado: «Que te den esos partidos de las fases finales, tanto de campeonatos de Europa como de clubes o selecciones, es que te tienen en consideración». «Hay muchísimos compañeros que se quedan fuera; hay cerca de 400 árbitros en Europa y es muy complicado», destaca agradecida.
En un mundo donde la presencia masculina sigue siendo mayoritaria, Souto reconoce que todavía queda camino por recorrer en el arbitraje femenino: «Desafortunadamente, no hay muchas mujeres, pero es verdad que las cosas están cambiando». «En los últimos años se están dando oportunidades a compañeras para que se lancen y den el paso. Está incrementando, pero no equiparamos el número de hombres», explica. Aun así, defiende que el foco debe ponerse en la calidad profesional, independientemente del género.
Y para ella, dentro de estos estándares de calidad hay aspectos básicos a tener en cuenta más allá del conocimiento técnico: «Primero, humildad. Hay que ser muy humilde, trabajar muchísimo, respetar». «Tienes que asimilar las críticas para poder avanzar y aprender. Y hacerlo con pasión; si no tienes esto, olvídate», afirma con rotundidad.
"De 200 puntos, que el árbitro pueda errar en 3 o 4 es algo normal y natural"
Además, otro de los factores clave para ella en su día a día es saber convivir con el error: «La bola va muy rápido y son decisiones que tomas en milésimas de segundo. A nadie le gusta errar ni perjudicar a nadie, pero de 200 puntos, que el árbitro pueda errar en 3 o 4 es algo normal y natural». «Se trata de la gestión de la presión y el estrés. Si los jugadores o entrenadores consideran que has errado, es normal que muestren su desacuerdo; ahora bien, todo dentro del respeto», señala sobre las críticas que reciben los árbitros en el deporte.
Con más de una década de experiencia internacional, Souto reconoce que cada partido sigue despertando la misma ilusión que el primero. «Si tienes esa ilusión, esa ‘mariposilla’ y esas ganas, cualquier nominación que recibes te hace feliz», confiesa. Una emoción que sigue acompañándola cada vez que vuelve a subir a la silla arbitral, ya sea en una final europea o en un torneo de jóvenes promesas. Porque, como ella misma resume: «Es difícil llegar, pero más difícil es mantenerse».
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