MUNDIAL DE MOTOGP
MotoGP desafía al diluvio en Kuala Lumpur para mostrar a sus campeones
Era el cierre de los primeros diez días de la pretemporada de MotoGP. Un festival, no solo de luz y sonido, sino también de velocidad. Los 350 kms/h se alcanzaron, durante tres días en el trazado malayo y, hoy, en la noche de Kuala Lumpur todo fue sonido, cánticos y felicidad. Fue muy cautivador todo, sí

Àlex Márquez (Ducati), hoy, en la noche de Kuala Lumpur paseando con su 'Desmosedici'. / ALEJANDRO CERESUELA

Pudo arruinarse todo por culpa de la lluvia, ya saben, esa lluvia que, de repente, cae sobre la ciudad de Kuala Lumpur, capital de Malasia, cuando nadie se la espera. Bueno, ellos sí, sus habitantes están acostumbrados pero al visitante (casi) siempre le pilla por sorpresa.
Pues eso ocurrió a las 18.30 horas de Kuala Lumpur, es decir, a poco más de una hora y media de la fiesta que el Mundial de MotoGP había organizado en el centro de la capital, al pie de las Torres Petronas, a las puertas del hotel Four Seasons, que algo habrá pagado, digo, para todo eso se hiciese ahí.
La lluvia fue impresionante. Y abundante. No se veía a un metro. Era una cortina de agua y nunca mejor dicho. Los pilotos estaban en el hotel y empezaban a ponerse sus monos de carreras, probablemente convencidos de que la cabalgata se iba a tener que suspender. Eran, además, las motos de carreras y no era cosa de sufrir un accidente.
Había ilusión por hacer felices a miles de aficionados que se habían dado cita en las calles por donde pasarían las motos, pero nadie quería tener un percance después de una semana de intensos entrenamientos.
Y, sí, de pronto, tras caer el diluvio (casi) universal, dejó de llover y, en nada, como suele ocurrir en esta ciudad se fue secando el asfalto. Pero, claro, quedaron charcos, algunos respetables, inmensos también y, sobre todo, los pasos cebras y demás pintura sobre el asfalto era, sin duda, una tentación para caerse.

'Pecco' Bagnaia y Marc Márquez, en el escenario de hoy en Kuala Lumpur. / ALEJANDRO CERESUELA
Pero, sí, con algo de retraso, empezaron a salir los pilotos, de dos en dos, es decir, en equipo, quemando rueda antes de salir, dejando marcas sobre el asfalto, haciendo un ruido tremendo, como si fuesen esos chavalitos que tratan de llamar la atención en la ciudad y hasta el australiano Jack Miller y el turco Tropak Razgatlioglu, ambos del ‘team’ Prima Pramac, se bajaron de sus Yamaha y, con los pies sobre el asfalto, hicieron girar la moto sobre sí mismos mientras su rueda trasera sacaba humo.
La maniobra circense de Jack y Tropak provocó la admiración del resto de la parrilla y más de uno, por ejemplo Marc Márquez y Francesco 'Pecco' Bagnaia, la pareja del equipo Lenovo Ducati, pensó que si eran capaces de hacer esas cabriolas en plena calle, de qué no serán capaces cuando, a 300 kilómetros por hora, intente un adelantamiento en la curva más complicada del Mundial.
Jack Miller y el novato Tropak Razpatlioglu hicieron las delicias de miles de aficionados malayos con sus cabriolas con sus Yamaha.
Los miles de fans se lo pasaron en grande y pudieron disfrutar, no solo de la presencia de sus ídolos y la visión de las auténticas motos de carreras, sino también de la música y el espectáculo de un cantante, un grupo de chicas entusiastas y un DJ experto, que supieron mover a la afición al mismo ritmo que desfilaban las motos, con mucho mimo y cuidado, por los alrededores de las Torres Petronas.
Todos los pilotos, todos los campeones, que temieron por sus vuelos de regreso rumbo a sus países de origen, pues todos partían esta misma noche desde el aeropuerto de Kuala Lumpur, hicieron las delicias de los aficionados, respondiendo, incluso, tras estas divertidas cabriolas a las preguntas del ‘speaker’ de MotoGP.
Hubiese sido una auténtica pena que los diez primeros días de la temporada, los entrenamientos de la pasada temporada para los ‘rookies’ y los pilotos probadores y los tres días de test de todo el mundo esta semana en el trazado de Sepang hubiesen terminado con la cancelación de una fiesta preciosa y muy popular pero, la verdad, la lluvia, casi un tsunami de agua, puso en peligro este cierre de color, ruido y vistosidad.
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