Jorge Lorenzo, pentacampeón del mundo de motociclismo: «Maverick me dijo que haría todo lo que le pidiera y así ha sido»

Jorge Lorenzo y Maverick Viñales estrenaron, ayer, en Malasia, su nueva colaboración. / EMILIO PÉREZ DE ROZAS
Primer día con fuego de verdad. Primer día en que pilotos y motos de MotoGP salen a la pista a darlo todo. Y el catalán Maverick Viñales (31 años, KTM), que el año pasado vivió en las tinieblas, inmerso en el dolor por culpa de su hombro izquierdo, acabó en el podio, tercero, cerquita del tremendo Marc Márquez (Ducati). Y en el rincón de Maverick, dando vueltas por el circuito de Sepang (Malasia), descubriendo sus defectos de pilotaje para ayudarle a superarlos está uno de los mejores pilotos de toda la historia, el mallorquín Jorge Lorenzo, de 38 años, cinco veces campeón del mundo.
Es un placer verle otra vez en los circuitos.
Bueno, yo, después de colgar el casco, he tratado de seguir siempre vinculado, de una u otra manera, a la moto. Siendo probador de Yamaha, colaborando como comentarista con DAZN y, luego, creando el pódcast de ‘Dura la vita’. De pronto, he descubierto que siempre me ha gustado enseñar, igual eso me viene de mi padre, un gran y apasionado maestro. Muy estricto, sí, pero un gran profesor.
No es fácil enseñar, hay que ser de una pasta especial, no sé si usted está hecho de ese material.
Mi mundo ha sido siempre la moto, desde hace 30 años. Y siempre he pensado que me podía ir bien trabajar con algún piloto y, la verdad, nunca pensé que me iba a gustar tanto. Incluso he de reconocer que, ya en los primeros días que empecé a trabajar con Maverick, me di cuenta, sí, de que había encontrado una nueva, no sé, profesión, vocación, la de enseñar.
Usted, que inventó ‘Dura la vita’, ha vuelto a levantarse a las seis de la mañana para afrontar una vida dura, sí.
Bueno, por suerte, en las últimas dos semanas, en Dubai, he podido recuperar (risas) mi ritmo de vida normal y he vuelto a cogerle gusto a levantarme a las diez. He confesar que, de entrada, lo que más me costó a la hora de empezar a trabajar con Maverick fue levantarme, sí, a las seis de la mañana ¡cada día! Encontré que volvía a ‘dura la vita’, sí. Nada más levantarme, lo primero que hacía era irme a desayunar rápidamente, pues si me lo pensaba dos veces, me volvía a meter en la cama. Pero, al final, hasta me gustaba, porque lo que iba a hacer me apetecía.
Han sido dos meses durísimos ¿no?
Algo más de dos meses y, sí, hemos trabajado muy duro, nueve horas al día, todos los días de la semana. Maverick se trasladó a vivir durante esos meses a Valencia y entrenábamos en los trazados de Albaida, de Valencia, y en el Aspar Circuit, cerca de Algemesí. Y, la verdad, cuando haces algo con gusto, cuando lo haces con un joven como Maverick, con unas ansias tremendas, no solo de volver a ganar sino también de aprender, llegas a pasártelo bien. Esperemos ahora poder recoger los frutos de tanto esfuerzo.
Sigue, pues, los pasos de papá ‘Chicho’.
Es evidente que pasar tanto tiempo con mi padre, me ha servido para poder ejercer un poco de profesor, de tutor, de ‘coach’. Mi padre siempre ha sido tremendamente estricto, mucho, lo tenía todo planeado, te imponía una gran disciplina, no perdía detalle de nada, todo lo apuntaba. Él fue de los primeros en enseñar a pilotar, desde luego. Luego ya he visto, en Instagram, multitud de expilotos que enseñan a pilotar, con un método parecido al de papá.
¿Se ve profesor de Maverick?
Sí, claro, de eso se trata ¿no?, de enseñar lo que sabes, de transmitir tu experiencia, de ayudarles a conseguir sus metas. Y no solo estamos hablando de técnicas de pilotaje o preparación física, no, también trabajamos a nivel mental, pues es la mente la que mueve tu cuerpo en una dirección u otra.
Ya veo que les fue muy fácil ponerse de acuerdo.
Fue muy fácil, claro que sí. Maverick y yo nos hemos ido viendo bastante a menudo durante todos estos años, pero nunca pensamos que pudiese fructificar una colaboración de este tipo, entre otras cosas porque tampoco yo creía que podía convertirme en profesor, en guía, la verdad. Y, en ese irnos viendo, el año pasado en Mandalika (Lombok, Indonesia) donde, precisamente por su lesión en el hombro izquierdo no pudo competir, mantuvimos una conversación muy larga y, finalmente, decidimos probarlo.
Y aquí están.
En esa larga conversación, hubo un momento precioso, muy divertido y fue cuando Maverick, que fue el primero que pensó que esto funcionaría, me dijo «yo seré tu soldado, haré todo lo que tú me digas y pidas». Y así ha sido. Ni una discusión, ningún ‘no’, jamás. Lo hace todo perfecto, de verdad. Es el mejor alumno que he tenido.
¿Qué Maverick se encontró en esos inicios?
Me encontré un Maverick, muy maduro, muy zen, muy tranquilo. Sin aquellos arrebatos que tenía antes, un Maverick que reflexionaba mucho más, que pensaba mucho más las cosas antes de decidir. Yo creo que, en el pasado, tiró mucho de instinto y eso le perjudicó mucho.
Se le ve ilusionado.
Tiene una ilusión loca, muy loca y eso facilita mucho el entrenamiento. Por eso digo que ni a él ni a mí nos costaba levantarnos a las seis de la mañana para trabajar. Tengo la impresión de que él mismo se ha dado cuenta de que está, tal vez, ante su última oportunidad y que tiene que darlo todo, fuera y dentro de la pista. Sacrificando todo lo demás.
¿Qué es todo lo demás?
Por ejemplo y eso es muy duro, el tiempo que está con su familia, que, tal vez, haya sido una de sus prioridades durante los últimos años y, ahora, no ha tenido más remedio que distanciarse de Raquel, su esposa, durante los últimos meses y, también, de Nina y Blanca, sus dos hijas, pero era necesario concentrarse completamente en su preparación, en MotoGP. Sabe que ese alejamiento forma parte del precio que hay que pagar para poder ganar.
¿En qué le puede ayudar?
Intento ayudarle, a partes iguales, en el aspecto personal y en su trabajo como piloto. En el aspecto personal, se trata de pensar más las cosas, conversar mucho, compartir ideas, métodos, hacerlo todo conjuntamente. Y, en el aspecto técnico, él debía mejorar muchas cosas, todas ellas vitales para estar delante y poder aspirar a la victoria.
Por ejemplo.
Pues, por ejemplo, las salidas. Maverick nunca ha sido un piloto que salga bien y las salidas, en la MotoGP actual, son vitales, si no sales bien, bueno, antes debes hacer una gran ‘quali’, pero aún estando en las dos primeras líneas, salir bien es medio podio. Y, sí, en las salidas debíamos mejorar. También, por ejemplo, en los adelantamientos.
No es fácil adelantar en la MotoGP actual.
Que va, que va y Maverick dudaba mucho, demasiado. Tardaba horrores en ejecutarlos, en ganar posiciones. Le costaba estudiar, decidirse, dónde y cómo ejecutar el adelantamiento, analizar lo que tenía delante y cómo ejecutar el adelantamiento. Y eso es un tema complicado de mejorar, pero se pueden emplear algunos trucos que te ayudan a contemplar el panorama, el escenario del adelantamiento, para saber cómo hacerlo. En agua, Maverick tampoco ha sido un piloto veloz y eso también requiere, no solo de una confianza extrema, sino algunos truquitos. Y, si mejoramos en esos aspectos, será, sin duda, un piloto más completo de lo que es, pues yo creo que tiene más talento que muchos de los pilotos de la parrilla.
¿Qué les dice a los que comentaron que esta unión duraría horas?
Los hubo, sí, los hubo que pensaron que esto era una especie de capricho de Jorge Lorenzo. Soy consciente de ello. ¿Qué si me duele?, no, no me duele, estoy acostumbrado a que la gente que me quiere, me quiere mucho y la gente a la que le caigo mal, siempre encontrarán o buscarán cualquier argumento para criticarme. Es así como funciona la vida.
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