Atletismo
Johny Ouriagly, el entrenador mallorquín que revolucionó China
Una llamada inesperada cambió el rumbo profesional del técnico mallorquín, que en 2022 aceptó un ambicioso proyecto para detectar y formar talentos jóvenes durante tres años

Johny Ourigaly posa junto al también mallorquín Francisco Valent, su ayudante en China / J.O.
Cuando en 2018 el mallorquín Johny Ouriagly, entrenador de medio fondo y fondo (forjador de David Bustos) con una larga trayectoria en el alto rendimiento —entrenador de Hayad Lamdassem, quinto en el maratón de los Juegos de Tokio 2020—, recibió una llamada desde China, pensó que se trataba de un error. Al otro lado de la línea, una empresa buscaba a un técnico europeo con experiencia contrastada para impulsar el desarrollo del equipo olímpico chino. Él encajaba en el perfil.
«Querían un proyecto ambicioso. Pero el mundo estaba a punto de detenerse. Cuando por fin dije que sí, llegó el COVID y todo quedó paralizado», recuerda Ouriagly ahora, en casa tras cerrar un ciclo profesional tan intenso como inesperado.

Johny Ouriagly, dando instrucciones a una de sus atletas / J.O.
En 2022, con España recuperando la normalidad y China aún bajo estrictas restricciones, la propuesta volvió a aparecer. Esta vez, con un plan más definido: viajar al país asiático, detectar jóvenes talentos y acompañarlos durante tres años para convertirlos en atletas de élite.
«Me ofrecieron libertad total para elegir, planificar y decidir. Era un reto enorme, pero también una oportunidad única», añade Ouriagly. Aceptó. Y comenzó una aventura que le cambiaría la vida.

El choque cultural es grande para los europeos / J.O.
Choque cultural
Los primeros días fueron un desafío monumental. «Llegué con restricciones muy duras: diez días de aislamiento total y dos meses de test diarios», rememora. A eso se sumaba un obstáculo mayor: la comunicación. «Los primeros meses no tuve traductor. En China solo hablan chino, y en muchos lugares su propio dialecto. Fue muy complicado», explica.
Ese primer año fue, según el técnico mallorquín, «de aprendizaje, de equivocarse mucho y de entender cómo piensan y trabajan los atletas y entrenadores chinos». Transformar mentalidades era el verdadero reto. El objetivo del proyecto no era solo entrenar. Era transformar. «Queríamos que los jóvenes —entre 16 y 20 años— entendieran cómo se trabaja fuera de China, cómo vive un atleta internacional, cómo se entrena, cómo se recupera», explica.

Junto a un grupo de atletas y colaboradores antes de un campeonato / J.O.
Para ello, la federación china le otorgó un poder poco habitual: libertad absoluta para organizar concentraciones dentro y fuera del país, competir en Europa y Asia, e incluso formar a los entrenadores locales.
«Me nombraron director general de atletismo de la provincia de Guizhou. Eso me permitió diseñar un proyecto integral», asegura.
En el segundo año pudo reforzar su estructura con dos figuras clave: el entrenador andritxol Francisco Valent Ruiz, su mano derecha, y el fisioterapeuta marroquí Samir Nadir, con experiencia junto a medallistas internacionales. «Con ellos ganamos en profesionalidad, seguridad y estabilidad. Fueron fundamentales», afirma.

Johny Ouriagly, con uno de sus atletas / J.O.
Campeones y récords
El trabajo empezó a dar frutos. Y de forma contundente. «Logramos campeones nacionales absolutos. También batimos récords nacionales de ruta», sentencia. Entre ellos cabe citar a Mao Jinhu, plusmarquista nacional de 5 y 10 km en ruta y campeón de China de 5.000 metros; Tian Weizheng, campeón nacional de 3.000 obstáculos; Pang Shuanlu, campeona nacional de 5.000 y 10.000 sub-20; Yue Deng, campeona nacional sub-20 de 800; o Lei Jiaqiang, también campeona de 800 sub-20.
Uno de los hitos más llamativos fue la segunda mejor marca de la historia de China en maratón: 2h.07:06, conseguida por el atleta Feing Peiyou, que se quedó a solo ocho segundos del récord nacional.

Johny Ouriagly. En un entrenamiento, junto a Xisco Valent / J. O.
Un gigante en construcción
Si algo sorprendió a Ouriagly desde el primer día fueron las instalaciones que se encontró en China: «Es impresionante. Tienen todo lo que un atleta puede necesitar: apartamentos, comedor con dietas equilibradas, centro médico, pistas exteriores e interiores, circuitos de cross, gimnasios completísimos…».
Además, la variedad de altitudes para entrenar es única: bases a 1.300, 1.800, 2.200 y 2.500 metros. «China tiene potencial para convertirse en una potencia mundial. Solo necesitan una estructura bien organizada y asesoramiento adecuado», asevera.

Con varios de sus atletas durante una de las concentraciones / J.O.
Experiencia que deja huella
No todo fue fácil. La distancia, la cultura y la convivencia supusieron un reto constante para Ouriagly. Pero el balance es profundamente positivo.
«China es un país difícil, sí, pero también apasionante. He vivido una experiencia única que me ha cambiado la forma de ver la vida», confiesa.
Ahora, tras finalizar este primer ciclo de tres años, Ouriagly regresó a Calvià hace ya unos dos meses. Estará quizá hasta marzo o abril. Después, todo dependerá del nuevo proyecto que le propongan. «Si es atractivo y encaja con mis expectativas, no descarto volver otros dos o tres años. China te atrapa», admite con una mezcla de nostalgia y ambición.

Johny Ouriagly, con Xisco Valent y Samir Nadir / J.O.
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