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Ciclismo

El Rutómetro de Fernando Gilet: La saga continúa

Albert Torres se une, tras su oro mundial en Chile, a legendarios pistards de Baleares como Timoner, Mas, Alzamora, Muntaner o Llaneras

Albert Torres posa en la pista tras ganar el oro en Ómnium en Chile

Albert Torres posa en la pista tras ganar el oro en Ómnium en Chile / RFEC

Fernando Gilet

Fernando Gilet

Palma

La pista es una especialidad muy sensible. Los puristas del tema siempre reivindican una insatisfacción permanente por alguna razón.

España pasó de ser locomotora a vagón hace décadas y ha vivido de estrellas fugaces —mayormente de Baleares— que, ocasionalmente, han nacido para iluminar la negrura de un firmamento dominado por otras constelaciones, que invierten cuantiosos recursos para hallar el talento que buscan y que encuentran.

Sin embargo, hace una semana nos despertó la noticia de cómo un incrédulo Albert Torres se proclamaba campeón del mundo en Ómnium.

El menorquín es de esos ciclistas que ha sabido sufrir el oficio. Lo que sucedió en Chile no solo fue victoria, también justicia poética.

Torres coge el relevo de David Muntaner, quien fuera su pareja en la modalidad de Madison cuando en 2014 se proclamaron campeones del mundo.

Torres, entonces, era un joven prometedor que se había destapado con cualidades brillantes para la pista, aunque en Menorca se les promete un ilusorio velódromo desde hace tiempo inmemorial.

El éxito de Torres nos habilita para poder proclamar que la saga balear continúa. La misma que comenzó Guillem Timoner con sus seis mundiales, y que continuaron Miquel Mas, Miquel Alzamora, el referido Muntaner, hasta llegar a su máxima expresión con Joan Llaneras y sus siete mundiales y cuatro medallas olímpicas, una de ellas con Toni Tauler.

Baleares suma un menorquín a la estirpe de pistards legendarios. El secreto de esta excepcional cualidad es difícil de concretar.

Los hay quienes dicen que se encuentra en la tradición de nuestros velódromos; desde el fósil deportivo de Tirador —recinto que abarca una dimensión sociocultural sin igual, que conviene custodiar conforme a la riqueza patrimonial que simboliza—, al mítico Son Moix o al espléndido Illes Balears, en donde distintas generaciones de ciclistas han continuado la senda que tantos otros anduvieron, para grandeza y prestigio deportivo de nuestras islas.

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