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Etapa 7 de la Vuelta a España 2025

Juan Ayuso resurge de las tinieblas y logra una victoria épica

El ciclista español gana en solitario después de reventar la séptima etapa en la ascensión al Cantó y recuperarse con coraje de la pésima imagen ofrecida en Andorra.

El español Juan Ayuso se redime con la conquista de Cerler, Traeen conserva la roja

El español Juan Ayuso se redime con la conquista de Cerler, Traeen conserva la roja / Massimo Paolone/LaPresse via ZUM / DPA - Archivo

Sergi López-Egea

Sergi López-Egea

De las tinieblas se sale con orgullo, con rabia, con coraje y con la fuerza en las piernas que tiene un corredor llamado Juan Ayuso, una sombra subiendo a Pal, una bestia, entre Andorra y Cerler. De las decepciones una figura se recupera ganando etapas, marcando goles, conectando triples y diciendo a todos, sin necesidad de taparse los oídos en la meta, que lo sucedido en el Pirineo andorrano fue un espejismo innecesario, algo que no se puede repetir y que no se debe permitir un ciclista con clase para aspirar en la Vuelta a algo mucho más épico que ganar una etapa a lo grande.

El triunfo soberbio en Cerler, de lo mejor visto en mucho tiempo en la Vuelta, hace todavía más incomprensible lo ocurrido el jueves en Pal, algo que dolió en el alma, y no sólo a él, sino a los que creían en el verdadero Ayuso, el que resurgió este viernes con una victoria épica, y el que nunca se podía permitir algo tan decepcionante como desengancharse del grupo de favoritos en Pal cuando quedaban 50 ciclistas en el pelotón, algo que jamás habrían hecho Delgado, Induráin o Contador.

Ayuso durmió en Les Escaldes, al lado de la capital andorrana, y lejos de Soldeu donde pernoctaron buena parte de los equipos de la Vuelta, en el mismo espacio en el que se encontraba de incógnito Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno.

Puertas adentro nunca se sabrá qué sucedió en el seno del UAE pero, de repente, desapareció ese Ayuso para olvidar, el que llegó sin el rostro descompuesto a la cima de Pal, a siete minutos de Jonas Vingegaard y comenzó a despedirse, quizá sólo de forma eventual, de una general donde ha vuelto a recolocarse, aunque todavía lejos del astro danés, que ya es segundo por detrás del líder circunstancial de la carrera, el noruego Torstein Traeen.

Porque Ayuso revivió, recuperó la garra, se dejó de tonterías, preguntó a los Visma en la salida si, supuestamente perdido en la general, lo iban a dejar escapar. Le dijeron que no y él se dijo que moría en el intento o que se iban a enterar.

Solito se subió el Port del Cantó, que no es precisamente una tachuela, sin nadie a su vera, coronó el puerto catalán y luego se dejó pillar por la escapada sabiendo que necesitaba apoyos para recuperarse del esfuerzo antes de que llegara la sentencia de Cerler, la cumbre que Lale Cubino conquistó por primera vez en la Vuelta de 1987.

Allí, la respuesta de Ayuso al resto de fugados fue colosal, un doble ataque a 9 kilómetros de la cima para subir con un poseso, para ganar en solitario, para taparse los oídos como queriendo decir que pasaba de las críticas recibidas por la decepción en Pal. No cayó bocas, porque cuando las cosas se hacen mal hay que explicarlas, contar el por qué, y no vale con idolatrar siempre a un deportista porque caiga bien y sea un genio, como es Ayuso.

“Ha sido una victoria de orgullo”, confesó en la meta y dejó abierto su papel protagonista en lo que queda de Vuelta, porque su compañero Joâo Almeida parece estar que se sale y Vingegaard rueda en plan conservador, aunque seguro que no le hizo ninguna gracia ver como Ayuso le recortaba 2.35 minutos en Cerler, como miembro aventajado de un UAE que ha ganado las tres últimas etapas y donde rueda Marc Soler en una forma exquisita.

Ayuso ganó en Cerler a lo campeón, para dar oxígeno a una Vuelta que siempre necesita, al margen de las gestas extranjeras, el culto a los corredores locales, vibrar con una figura y pedirle que sea exigente consigo mismo, porque puede, porque vale, porque tiene clase; de lo contrario, no habría sido capaz de obsequiar con una ascensión tan bárbara, en solitario, pidiendo referencias, creyendo en sí mismo -lo que no hizo en Pal- y celebrando una victoria para recordar.

Qué siga ganando y que nunca más se repita una imagen triste, vaga y decepcionante como la que ofreció en Andorra. Tiene demasiada clase en las piernas para disfrazarse de corredor del montón.

“Lo tenía todo en contra, pero ha sido una de mis mejores victorias. Tengo todavía algunos días marcados, pero sé que debo pensar en el Mundial”, reconoció Ayuso, que explicó que se tapó los oídos por las críticas, pero, sobre todo, porque no le gustó que lo pitasen al inicio de la etapa. “Eso no es ciclismo”, justificó. Sólo con victorias se borran los errores y se hace grande un corredor.

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