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Ciclismo

Gaudu da la sorpresa en la Vuelta el día que le roban la bici a Vingegaard

Triunfo del ciclista francés con el líder en tercera posición para arañar otros cuatro segundos de bonificación un día antes de que la carrera cumpla con el hito histórico de atravesar los Alpes del Tour

Redacción / EFE

Zaragoza

Dormía plácidamente Jonas Vingegaard en el Novotel de Turín, a las afueras de la capital del Piamonte. Quizá descansaba en uno de los hoteles que más se identifica con la esencia del Tour, de los que más ocupan los ciclistas durante la disputa de la ronda francesa. En otros pisos se encontraban los corredores del Movistar y los del Lidl Trek. Nadie se podía figurar, entrada la noche, que los cacos se moverían con cautela, pero sabiendo muy bien lo que hacían. Se llevaron 18 bicis del conjunto Visma, el del líder de la Vuelta, un botín en material ciclista de 250.000 euros.

Al equipo Cofidis le hicieron una jugada parecida en el Tour. Por más cerrojos que pongan en los camiones, más cadenas en las bicis, siempre hay algún pillo que se ha mezclado los días previos entre los curiosos que observan el trabajo de los mecánicos; unos para admirar la labor de los auxiliares y otros para tomar nota de cómo robar en plena noche.

Vingegaard, por eso, no lo frenan, aunque tuviera que correr a pie. Van tres etapas, ya ha ganado una y hasta se permite sumar otros cuatro segundos de bonificación en una calle en cuesta, catalogada como puerto de cuarta categoría, donde otro danés, Mads Pedersen, apuntaba a favorito, aunque un francés, David Gaudu, al que le va mucho mejor la Vuelta que el Tour, quiso dar la sorpresa. Lo consiguió. Logró el triunfo antes de que la carrera atraviese los Alpes de su país.

Trabajo de lo lindo tuvieron los mecánicos del Visma. Si el robo afecta a un equipo modesto lo habrían pasado muy macabro para reunir las siete bicis necesarias para que sus corredores afrontaran la séptima etapa. Pero si hay algo que le sobra al Visma es dinero y material. Las bicis son de la marca canadiense Cervélo y como suele ser habitual en las escuadras de alto nivel, no sólo reciben las bicicletas gratis, sino que cobran por exhibir la firma del fabricante.

La solidaridad

Los mecánicos del Movistar y los del Lidl se ofrecieron para ayudarlos en el trajín de armar nuevas bicis. Obró la solidaridad ante la desgracia ajena. Que todo fueran manos, que si Vingegaard pierde la Vuelta sea porque ha habido otro más fuerte en el combate por la general, pero no porque unos ladrones le hayan birlado la bici.

El gesto de los equipos rivales se agradeció con sonrisas y palmadas. Se bastaron con montar siete bicis porque la octava, la que debía llevar el ciclista francés Axel Zingle, ya no fue necesario emplearla. Zingle, al que se le salió el hombro en la caída masiva del domingo (afectó también al aragonés del Movistar Jorge Arcas, que abandonó), no pudo seguir en la Vuelta.

Ni siquiera se olvidó el detalle de colocar en rojo la cinta del manillar de la bicicleta de Vingegaard en honor al liderato que ostenta. La historia de la etapa se resumió en una fuga consentida donde el que más se resistió fue el californiano Sean Quinn, con apellido cinematográfico, y que en un pasado fue campeón de ruta de los Estados Unidos.

Por lo demás, el Lidl Trek sudó la gota gorda, sobre todo Carlos Verona, para llevar el timón del barco de la Vuelta. Confiaban en una victoria de Pedersen, que no está teniendo en la Vuelta el brillante inicio del Giro. En un mar de curvas y de subida sin demasiado ahogo lo importante era mantener la colocación. Gritaban los que veían que un ciclista rezagado se les echaba encima. No fuera caso que una caída enturbiara el destino de la etapa. Gaudu, que ya tenía dos victorias de etapa en la Vuelta y que fue cuarto en el Tour de 2022, o sea que no es un desconocido, sorprendió a todos y se llevó la victoria.

En plan Pogacar

Otro día para que Vingegaard demostrase su destreza, con la bici que fuera, tercero de la etapa, bonificación al saco, al igual que la clasificación de la regularidad y la de equipos, imitación total de su buen ‘amigo’ Tadej Pogacar. Óscar Pereiro, que ejerce de embajador de la Vuelta, lo ayudó, teñido de rubio, a subir la cremallera del jersey de líder en el podio, que como sólo es un ‘maillot’ para lucir, está colocada en la espalda.

Este martes se atraviesan los Alpes, hito histórico para la Vuelta, antes de un esprint anunciado, un traslado al aeropuerto de Grenoble y un vuelo hacia Girona para que la carrera después de su disfraz italiano y francés viaje un par de días acompañada por la lengua catalana.

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