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Balance de los 60 días de Xabi Alonso en el Real Madrid: “Palo torcido no da sombra recta”
El técnico donostiarra cumple dos meses en el banquillo blanco marcados por el 4-0 ante el PSG, resignado a no fichar un mediocentro este verano y obligado a encontrar una solución a la convivencia entre Vinícius y Mbappé

Xabi Alonso conversa con Fran García y Arda Güler durante un partido del Mundial de Clubes / Real Madrid

“No sé cuántas veces habrá visto el partido del PSG, pero puedes apostar a que no han sido pocas”. Al otro lado del teléfono un trabajador del Real Madrid que ya coincidió con Xabi en su etapa de jugador, se deshace en elogios con el desembarco del de Tolosa. “Ha sido poco tiempo, pero en esos pocos partidos y muchos entrenamientos, le ha dado al equipo justo lo que Florentino quería cuando dio la orden a José Ángel de recuperarlo de Alemania. Energía, conocimiento y pasión. Es el Xabi de siempre”.
Un Xabi, dos relojes
Xabier Alonso Olano fue nombrado entrenador del Real Madrid el pasado 25 de mayo. Un comunicado de 370 palabras confirmaba que el vasco se hacía cargo del banquillo, al tiempo que se glosaba su exitosa etapa en el Bayer Leverkusen y sus inicios como técnico en la cantera blanca. El lunes 26, a las 12:30 Xabi se presentaba en la Ciudad Real Madrid embutido en un traje azul marino hecho a medida. Tan sobrio como elegante, destacaba el reloj IWC que asomaba discretamente en su muñeca izquierda. Un modelo Portugieser, que la marca filial de Rolex, mezcla de artesanía suiza y tecnología estadounidense, califica como “arquetipo atemporal y dinámico de elegancia y sobriedad”. Minutos después Xabi cambiaba el Portugieser de la sala de prensa por un Garmin Fenix 8 de 51 mm con pantalla AMOLED, cristal de zafiro y carcasa de titanio para el campo de entrenamiento. Uno de los relojes tecnológicamente más avanzados del mercado optimizado por la tecnología de Apple. Elegancia y sobriedad. Las señas de Xabi.

Reunión de trabajo del equipo técnico de Xabi Alonso en el Real Madrid. / REAL MADRID
Al tolosarra se le notaba inquieto y huidizo en las primeras comparecencias, aunque dejaba titulares con carga de profundidad. “Hay cosas que me tocan y otras que no directamente”, advertía al ser preguntado por la confección de la plantilla. Pero la realidad es que el club cerraba contrataciones que encajaban en los perfiles demandados por Xabi: Huijsen, Alenxander-Arnold, Carreras… Lo de Mastantuono chirrió más, sonaba a capricho de la secretaría técnica, pero una de las primeras conversaciones que Alonso tuvo al llegar al club fue con los servicios médicos a propósito de la operación de hombro de Jude Bellingham. “Cuanto antes, mejor”, fue el veredicto. Y eso permitió a Xabi jugar una carta ganadora en la llamada al joven prodigio de River para terminar de convencerlo ante el acoso del París Saint-Germain. “Tendrás minutos en el inicio de la temporada con la baja de Jude. Está en tu mano ganarte el sitio”, deslizó, algo que gustó al argentino.
Cuando Alonso desembarcó en Valdebebas no disponía de la mayoría de los internacionales, pero pragmático como es, convirtió el problema en oportunidad y comenzó a despachar con los futbolistas cara a cara. “Intento ser curioso, próximo y empático. Necesito sentirme cerca de los jugadores en el día a día. Necesito sentir qué necesitan ellos y cómo se siente el equipo antes de los partidos”. En esas horas es cuando Xabi está más encima de los futbolistas, más pendiente. Su preparador físico, el singular Ismael Camenforte-López, alguien “muy innovador” ha revolucionado el espacio aéreo de Valdebebas con sus drones y con la ‘K-Forte’, una “herramienta desarrollada por él mismo para planificar entrenamientos” controlando de forma individualizada a los futbolistas y sus bases de datos. La Ciudad Deportiva se ha llenado de Iphones, Mac Books, y discos duros. La vieja pizarra de Carlo ha pasado a mejor vida.
A Estados Unidos con seis entrenamientos
Xabi se subió al avión rumbo a Estados Unidos con seis entrenamientos en el cuerpo, a los que sumó otros tres más en Palm Beach. El debut ante Al Hilal fue incómodo, al tener que disponer una defensa de cuatro porque no tenía futbolistas para armar la zaga de tres con carrileros por fuera. Utilizó a Gonzalo arriba para elevar la tensión defensiva de la delantera, lo que comprometía a Vinícius y Mbappé a quedar expuestos si no colaboraban. El empate ante los saudíes generó algo de nerviosismo. Miami se lo confirmó. Había muchos vicios adquiridos de la etapa final con Ancelotti y tenía poco tiempo para podar el jardín.
Dos placenteras victorias ante Pachuca y Salzburgo sirvieron para engrasar el ambiente y disponer de contenido propio a partir del cual explicar a los jugadores el sello que quería imprimirle. El técnico aprovechó los ‘parones de hidratación’ para matizar cosas con buenos resultados. Fran García creció en la izquierda, Alexander-Arnold confirmó que su espalda sería un dolor de cabeza y Mbappé dio el primer susto con una gastroenteritis que le menguó físicamente, siendo baja varios partidos. Una vez más Xabi convirtió el problema en oportunidad y ganó tiempo, al evitar la convivencia de Vinícius y el francés en el campo, pudo centrarse en reeducar defensivamente al brasileño. Rodrygo seguía fuera de cobertura, Arda aprendía el oficio medular y Ceballos y Brahim esperaban su momento cual turistas. Un triunfo ajustado ante la Juventus con un nuevo gol de Gonzalo, el primer éxito de Xabi, les colocaba en cuartos ante el Borussia Dortmund del hermano de Bellingham. Un duelo cómodo que entró en el descuento con un 2-0 y acabó 3-2 con el Madrid pidiendo la hora y Huijsen expulsado. Pésima noticia para la semifinal ante el PSG.

Xabi Alonso, entrenador del Real Madrid, saluda a los aficionados blancos en Filadelfia. / ANDRÉ COELHO / EFE
Diagnóstico tras la goleada del PSG
El choque contra los de Luis Enrique sería su primer gran examen. A la mala noticia de la baja de Huijsen, uno de los destacados en el Mundial de Clubes, se sumaba otra de última hora por indisposición, la de Alexander-Arnold. A medida que se acercaba el partido, el ambiente se hacía más tenso porque Xabi debía tomar su primera gran decisión: once político con las estrellas en el césped como Carletto o sacrificar a algún crack dejándolo en el banquillo en pos del equilibrio del equipo. Xabi bajó el pulgar a Vinícius, pero no trascendió hasta días después, porque la baja postrera de Trent le hizo replantearse el sistema y apostar por tres arriba con Vinícius, Gonzalo y Mbappé. El resultado fue calamitoso. Asencio, que llevaba un mal Mundial, cometió un error infantil y se adelantó el PSG a los seis minutos. Y solo tres después era Rudiger quien daba una grosera patada al aire permitiendo que llegase el segundo. A los 25 minutos, el Real Madrid perdía 3-0 y Xabi optó por pertrecharse para frenar la hemorragia. La goleada además constataba un problema sangrante: Vinícius y a Mbappé no sintonizan con el rock’n’roll de Xabi. A uno le va el rap y al otro el reggaeton, lo que complica más la convivencia de ambos en ataque.
El Real Madrid regresó de Estados Unidos con una conclusión en la cabeza de su técnico: el equipo necesita un mediocentro. Y aquí se produjo el primer encontronazo con Florentino. El presidente, incómodo con el fichaje del Álvaro Carreras, un canterano por cuyo regreso desembolsó 50 millones al Benfica, se cerró en banda al escuchar hablar de Angelo Stiller, Nicolo Barella o Kees Smit. Convino con el entrenador que se necesita un mediocentro, pero el único por el que se metería la mano en el bolsillo sería Rodri. Confirmando con ello que no habría refuerzo en la medular este año, porque el de Villanueva de la Cañada no saldrá del City como muy pronto hasta el próximo verano. Sí abrió la puerta de Konaté, que el año que viene queda libre y repetiría los pasos de Alexander-Arnold llegando al Bernabéu. Pero el Madrid ha tirado la caña al Liverpool por si quiere recaudar 20 millones por el gigante francés este verano.
Así que Xabi se ha ido de vacaciones con deberes. Necesita armar un mediocampo sin tener un ‘Xabi’. Tchouameni será el ancla y Valverde, el martillo mientras Arda toca el violín y Bellingham recupera del baúl el disfraz de centrocampista llegador. Pero no tendrá un metrónomo. Le falta el diapason. Advierte un proverbio japonés: “Palo torcido no da sombra recta” y Xabi lo sabe. Así se cierran los primeros 60 días en el Real Madrid de un Xabi aferrado a su Garmin Fenix mientras se resigna a dirigir una orquesta sin batuta hurgando en el fondo de su pizarra. ¿Huijsen de mediocentro? ¿Vinícius a la derecha? ¿Un 3-5-2 o un 3-4-3? Un desafío apasionante.
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