Análisis

En fútbol no hay dos Españas

Ferran Torres, un gol tan hermoso que merecía ser el único.

Ferran Torres, un gol tan hermoso que merecía ser el único. / LAP

Matías Vallés

Matías Vallés

Supongamos durante un par de folios que hay que tomarse en serio un partido contra Albania, en un artículo reservado a personas equilibradas y que por tanto no conozcan a un solo jugador de dicho país ni tengan la menor intención de descubrirlo. Sin olvidar que los agrupados bajo ese paraguas han nacido en nueve naciones distintas, son albaneses de ocasión. Para adornarlo con algún aliciente, España se jugaba proclamarse la mejor selección de la fase de grupos, la única que ha logrado un pleno a la espera de Portugal.

Los reservas demostraron la injusticia de su etiqueta. En fútbol no hay dos Españas como en política y en casi todo, sino una única selección de pulso firme y sincronizado. El único matiz es que los alineados ayer estaban preocupados en exceso por su lucimiento personal, al saber que no contarían con otra oportunidad. El analista se somete mientras tanto a cuestiones existenciales. ¿Joselu y Oyarzabal son superiores a Morata? No, y ha vuelto a demostrarlo.

Es difícil mantener la deseable sintonía tribal en los comentarios sobre España como equipo de fútbol, que no como país. Nunca había recibido tantas y tales alabanzas una selección que no marcó un gol en todo el partido frente a la adormilada Italia, un rival tan complaciente que se suicidó en propia meta. El riesgo consistía en emigrar desde un tiki-taka estéril al despliegue de un juego aireado pero igualmente sin goles. Pues bien, la alineación de ayer también se hubiera calificado para las eliminatorias.

El país entero se alinea con Luis de la Fuente, que tiene el carisma de uno de los banderines de córner. Ante la atonía ajena, España jugaba contra sí misma, ponía a prueba sus limitaciones. Las rotaciones eran discutibles porque tienen sentido en partidos significativos pero no decisivos, los cambios en bloque son absurdos en choques irrelevantes. Es preferible un equipo consolidado, y con los automatismos a punto, a una escuadra descansada pero desconectada. ¿Dónde reside el fallo de esta magistral lección de fútbol? En que los jugadores españoles funcionan como si pertenecieran a un único club.

España emplea la Inteligencia Artificial, pero sobre el césped. De Bruyne le explicó al mundo en que consiste un delantero centro oportunista en el Bélgica-Rumanía, después de que Harry Kane hiciera lo propio en uno de los escasos momentos dulces de Inglaterra contra Dinamarca. Pues bien, Ferran procesó y recombinó ambos tantos para adelantar a España frente a Albania o lo que sea. Un gol tan hermoso que merecía ser el único del encuentro.

Si la selección brilla al contemplarla, deslumbra al compararla. La muy sobrevalorada Francia ha marcado un gol en dos partidos, la Inglaterra del citado Kane lleva dos dianas en otros tantos encuentros. Y estamos hablando del precalentamiento del torneo, antes de que las piernas flaqueen en los duelos a vida o muerte.

En la inversión en el mercado de futuros, los octavos parecen sumamente asequibles frente a los terceros en discordia. En cuartos llega inexorable Alemania, que también ha ridiculizado a los expertos. La gran potencia germana asombró al mundo al empatar a un gol agónico ante Suiza. Por desgracia para España, haber obtenido tres caras consecutivas no garantiza que el cuarto lanzamiento también salga cara. Por muy valiosa que sea la moneda.