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Tenis

Roland Garros: Nadal-Djokovic, vuelve el clásico

El mallorquín y el serbio, que no se enfrentan desde las semifinales de Roland Garros del año pasado, se ven las caras en su partido 59 en el duelo más repetido de la historia, con el número uno como favorito -El desgaste, clave en el partido

Roland Garros, octavos de final: Felix Auger-Aliassime - Rafa Nadal Reuters

«No sé si tengo la base necesaria para ganar a alguien como Novak, pero voy a intentarlo», Rafel Nadal, extenuado tras más de cuatro horas en pista en su partido de octavos ante Félix Auger-Aliassime, mostraba sus dudas ante el partido de cuartos de final de Roland Garros que disputa esta noche (20.45 horas, Eurosport) ante el número uno y mayor rival en su carrera, Novak Djokovic.

Pese a los trece títulos en París, que le deberían dar de por vida su condición de indiscutible favorito, el que parte con una ligera ventaja en los pronósticos es el balcánico, que se ha mostrado firme en su camino hacia los cuartos, en el que no ha cedido un solo set. Muy diferente ha sido la trayectoria de Nadal, que llega a la gran cita con dudas, las que le ha dejado el canadiense en un partido largo y del que se desconoce si le pasará factura ante Djokovic.

El manacorí y el de Belgrado se conocen a la perfección. El de hoy es el duelo más repetido de la historia del tenis y una de las mayores rivalidades en la historia del deporte. A punto de cumplir 36 años Nadal (sopla las velas el próximo viernes) y recién cumplidos los 35 Djokovic, jugarán su partido 59, con treinta victorias para el número uno por 28 para el quinto jugador mundial.

Djokovic ha endosado al mallorquín dos de las tres derrotas que acumula en 112 partidos en Roland Garros, la de 2015 y el año pasado. La primera fue ante el sueco Soderling el 31 de mayo de 2009, este martes se cumplen trece años. Por lo tanto, busca su tercera corona en París y su 21 Grand Slam, con lo que igualaría a Nadal como el tenista con más ‘majors’ de la historia.

El manacorí está ante el reto de mejorar a gran escala el nivel exhibido ante el pupilo de su tío Toni. Durante una buena parte del partido no sintió su derecha, sus golpes tenían muy poca profundidad y se mostraba errático con el servicio. Además, el lenguaje no verbal esclareció de alguna manera el estado del isleño. Siempre serio, celebraba los puntos con una discreción desconocida, incluso los más disputados. No parecía encontrarse a gusto en la pista, y solo la capacidad que tiene para competir como ningún otro le sostuvo en el partido y le permitió remontar el set inicial perdido.

Se verá obligado hoy a mejorar todas estas prestaciones ante su mayor rival en todas las superficies, también en tierra, a la espera de lo que pueda hacer Alcaraz en este torneo y en el futuro. Djokovic, que suma doce victorias consecutivas en arcilla, llega lanzado tras su arrollador triunfo en Roma. Tras un año de incertidumbre, perjudicado por su negativa a vacunarse, que le costó su ausencia en el Abierto de Australia y en la gira americana (Indian Wells y Miami), vuelve a sentirse fuerte en la pista, dominador y seguro de sus posibilidades.

Todo lo que sea un partido largo le beneficiará, conocedor de los problemas físicos de su rival y su lesión en el escafoide de su pie izquierdo, que en cualquier momento puede decir basta, como ya ocurrió en Roma en su partido ante Shapovalov.

Nadal y Djokovic, que con siete victorias cada uno son los dos tenistas que más títulos de Grand Slam han ganado superada la treintena, se enfrentarán por décima vez en Roland Garros, con siete victorias para el mallorquín, la primera en 2006, hace ya dieciséis años. El balance también es favorable a Nadal en partidos de Grand Slam, diez a siete. Pero la historia cuenta poco. Lo que importa es el momento y las sensaciones, y antes del partido están del lado del serbio.

 Pocos se podían imaginar que tras protagonizar el mejor inicio de su carrera, con triunfos en Melbourne, Acapulco y Abierto de Australia, todo se iba a torcer para Nadal en la final de Indian Wells ante el norteamericano Taylor Fritz cuando sufrió una fisura por estrés en una costilla que le obligó a parar seis semanas. Se perdió el inicio de la temporada de tierra, Montecarlo y Godó, y llegó muy justo de preparación a Madrid, donde cayó en cuartos ante Carlos Alcaraz, la nueva sensación del circuito.

Y en Roma, última estación antes de Roland Garros, cayó en octavos ante Shapovalov tras recaer de su lesión en el escafoide del pie izquierdo. «No estoy lesionado, convivo con una lesión», fueron las palabras de un apesadumbrado Nadal en la sala de prensa, que veía cómo se tambaleaba su hoja de ruta para asaltar su decimocuarto Roland Garros. Llegó a la cita parisina con solo tres partidos sobre tierra batida.

Nunca antes había acudido a su torneo fetiche con tan poca preparación. Superar rondas con el menor desgaste posible y los entrenamientos en los días de descanso le debían poner a tono. Pero se desconoce lo suficiente si para superar a un monstruo como Djokovic, que huele la sangre como ninguno otro.

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